La unión de mercados de capital: por ley y por elección
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La unión de mercados de capital: por ley y por elección

Los mercados de capitales europeos necesitan ser seguros, así como sólidos, para proporcionar el apoyo económico que ansía el continente

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Foto: Reuters.

Los europeos del siglo XXI están acostumbrados a vivir, trabajar y gastar el dinero de forma libre y transfronteriza. Pero, en lo que a la banca y la inversión se refiere, sus principales opciones siguen estando limitadas a un perímetro muy estrecho en cada casa.

Pese a haber adoptado una moneda común y una supervisión bancaria en común, los 19 países que forman la eurozona han progresado poco en unir sus mercados de capital. Para el resto de la Unión Europea, a las diferencias de divisa hay que añadirles las barreras transfronterizas. Esto limita que las empresas puedan decidir dónde solicitar préstamos y que los inversores de capital privado puedan encontrar nuevos proyectos a los que apoyar. También previene a aquellos inversores conservadores de retirar su dinero de las cuentas bancarias para ponerlo a trabajar.

La unión de los mercados de capital es habitualmente promocionada como la forma de atajar la actual maraña de caminos burocráticos, legales y culturales. Sobre el papel, parece el complemento perfecto a la unión monetaria y la bancaria. En realidad, es más bien un eslogan para una estrategia de políticas. Mientras el euro ya es una de las divisas líderes a nivel mundial y el Banco Central Europeo se ha convertido ya en un supervisor bancario integral, los mercados europeos siguen flotando sin rumbo. El Fondo Monetario Internacional ha revelado que el flujo de capitales transfronterizo apenas registró actividad entre 2001 y 2017, aparte de algo de compraventa de acciones.

Foto: La canciller alemana, Angela Merkel, junto al titular de Finanzas, Olaf Scholz, en Berlín. (EFE) Opinión

Esto no es por falta de intentos. La Comisión Europea desarrolló un plan de acción en septiembre de 2015 para intentar que la pelota empezase a rodar. Seguía a los esfuerzos del año anterior por revivir la inversión europea con el plan de Juncker para los subsidios proyectos. Los reguladores saben que no puedes buscar dinero en mercados que en realidad no existen. El grueso de la financiación europea viene de los préstamos bancarios, a diferencia de EEUU, donde los mercados de capital asumen gran parte de la carga. Las modestas medidas que se han implementado hasta ahora no han terminado de hacer mella. Mientras que es cierto que las garantías y programas de protección ante las pérdidas pueden animar a la incorporación de algunos inversores, todavía hacen falta cambios transversales.

Completar la unión bancaria de la eurozona sería un gran paso adelante. Esto requiere que llegue a haber seguros reales para los depósitos por toda Europa, para que los clientes sepan que un euro invertido en un banco es igual de seguro que en otro, sea cual sea la red de seguridad nacional que exista en su país. Ahora mismo, los seguros de los depósitos continúan ligados a los balances contables de cada país, mermando la confianza del mercado y creando un punto muerto regulatorio. El día que la eurozona rompa ese vínculo, será el día que consiga reforzar la regulación y proteger las finanzas de las familias de forma mucho más eficiente.

La supervisión de los mercados es otro elemento clave. Los jugadores que no sean financieros pueden ser complementos muy válidos del sistema bancario formal, pero necesitan ser supervisados debidamente. La Autoridad Europea de Mercados y Valores actualmente carece de la independencia y el peso necesarios para mantener una vigilancia férrea sobre la infraestructura financiera de los mercados. La Unión Europea está trabajando en formas de regular los bancos en la sombra y proteger contra el blanqueo de dinero y otras amenazas a los mercados financieros, pero todavía hay mucho que hacer.

"Los mercados de capitales europeos necesitan ser seguros, así como sólidos, para proporcionar el apoyo económico que necesita el continente"

Un supervisor más fuerte sería un paso adelante monumental para la creación de la infraestructura necesaria para que haya más integración. Europa todavía carece, además, de un activo de referencia como el bono del Tesoro en EEUU. La deuda soberana, creada por el endeudamiento a gran escala del Gobierno estadounidense, es la espina dorsal de uno de los mercados más profundos y líquidos del mundo. Mientras la UE sea reacia al endeudamiento público en general y al endeudamiento conjunto en particular, no habrá un equivalente europeo a ese activo.

Los inversores que busquen hacer negocios en la UE deben navegar un mar de diferentes jurisdicciones legales y leyes de bancarrota. Los cambios en este sentido son difíciles de coordinar y se forman fuera de los canales normales de política bancaria, por lo que todo esfuerzo necesitaría de la atención de reguladores que normalmente no se encargan de preocupaciones económicas. Europa saldría beneficiada de un paquete específico de medidas, creadas tanto por el sector financiero como por los sistemas legales a nivel nacional.

placeholder Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo. (Reuters)
Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo. (Reuters)

Finalmente, aun si las reglas se arreglasen de la noche a la mañana, Europa todavía tendría que afrontar su cultura financiera. En muchos de los países más ricos de la UE, el ahorro libre de riesgo se sobrevalora más que aquellas inversiones financieras con apenas pérdidas potenciales. Unas políticas monetarias del BCE poco convencionales conllevan que muchos de estos ahorradores estén aceptando pérdidas por culpa de los tipos negativos con tal de mantener el dinero atado, en vez de aventurarse hacia las profundidades del mercado.

Una forma de avanzar podría ser el desarrollo de una disposición voluntaria por la preparación de los mercados de capital, mantener informados a los reguladores locales durante los largos años del proceso de políticas de la UE. La Comisión Europea podría desarrollar un paquete de 'buenas prácticas' de educación financiera, protección al consumidor y directrices de estandarización del mercado. De esta manera, los países y las regiones podrían seguir una lista de medidas que, una vez implementadas, podrían animar a una inversión más largoplacista antes de que una estructura permanente e integral pueda asentarse.

Los mercados de capitales europeos necesitan ser seguros, así como sólidos, para proporcionar el apoyo económico que ansía el continente. LA UE necesita seguir avanzando, para que así no sea dejada atrás.

*Rebecca Christie es profesora visitante en Bruegel (rebecca.christie@bruegel.org).

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