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El PP propone el suicidio político de Pedro Sánchez
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Antonio Casado

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El PP propone el suicidio político de Pedro Sánchez

Recapitulemos. El futuro de la política nacional pasa por el desenlace de la lucha por el poder entre tres partidos colocados en línea de salida. Los

Foto: El líder del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE)
El líder del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE)

Recapitulemos. El futuro de la política nacional pasa por el desenlace de la lucha por el poder entre tres partidos colocados en línea de salida. Los dos centrales de siempre, PP y PSOE, y un recién inscrito en la carrera. La irrupción del tercero en discordia, Podemos, desafía el equilibrio ecológico fundacional y determina la estrategia de sus dos competidores, sobre el convencimiento de que ninguno de ellos obtendrá mayoría absoluta en las próximas elecciones generales. Por tanto, serán inevitables los pactos de Legislatura. Cuando apenas falta un año para el alumbramiento del nuevo mapa electoral (el sombrero de tres picos), los tres se miran de reojo y comienzan a tantearse sobre su futura política de pactos.

El miedo a que los indignados de Pablo Iglesias lo pongan todo patas arriba (¿enmienda a la totalidad del sistema gobernado por la “casta”?) cursó ayer con una inesperada apelación del PP, por boca de su secretaria general, María Dolores de Cospedal, a formar una gran coalición con el PSOE.

El tanteo depara a los socialistas la enésima ocasión de descartar absolutamente un eventual pacto de gobierno con el partido de Cospedal. En esto Pedro Sánchez está en línea con su antecesor, Pérez Rubalcaba, que rompió cualquier posibilidad de acercarse al PP después de estallar el caso Bárcenas. Justo cuando se aireó el famoso mensaje de Rajoy al tesorero: “Luis, sé fuerte, nada es fácil, pero hacemos lo que podemos, ánimo”. Aparte de referirse al PP como “el partido de la corrupción”, Sánchez no se cansa de teorizar sobre los inconvenientes de dejar a los ciudadanos sin alternativa tras una mayoría absoluta de cuatro años.

Así que la invitación al suicidio político formulada ayer por la número dos del PP tuvo la inmediata respuesta del número dos del PSOE, César Luena. A saber: “No, no y no”. Lógico. El nuevo equipo dirigente de Ferraz orienta la marcha del socialismo democrático hacia el encuentro consigo mismo. En el territorio de la izquierda, por supuesto. Contemplar ahora una futura alianza con su principal adversario, ni siquiera remotamente, sería el harakiri político de Pedro Sánchez y el tiro de gracia a un partido que ya traicionó a sus votantes en mayo de 2010. Si lo hiciera por segunda vez en cinco años, cinco minutos después de rejuvenecerse, estaría firmando la bancarrota de un partido centenario que sigue siendo clave en la continuidad del sistema democrático alumbrado en 1978.

Los socialistas españoles han aprendido en cabeza ajena. Está demasiado cerca lo ocurrido con los socialistas griegos (PASOK) cuando se concertaron con la derecha para frenar a Syriza, que en España se llama Podemos. O, si se quiere, para frenar a Alexis Tsipras (“La historia nos espera, no dejemos de mirarla a los ojos”), que aquí se llama Pablo Iglesias (“El cielo se toma por asalto, no por consenso”).

Si alguien puede frenar en las urnas a Podemos es el PSOE. Simplemente profundizando en el argumento utilizado anteayer por Pedro Sánchez. No deja de plantear la pugna electoral entre los dos partidos en el terreno de las ideas, más o menos de izquierdas, más o menos radicales. Pero donde realmente la plantea, y acierta, es en el exigible terreno del rigor y la consistencia de las propuestas ofrecidas a los votantes. Ese es el flanco débil de los recién llegados a la lucha por el poder.

Pedro Sánchez