Sánchez-Macron, con Azaña por testigo
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Antonio Casado

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Sánchez-Macron, con Azaña por testigo

Le vendría bien una sobredosis de azañismo a la política nacional, de nuevo afectada por esa "dolencia crónica que ya produjo en nuestro pueblo mutilaciones memorables"

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Pedro Sánchez y Emmanuel Macron. (EFE)

Cuatro meses después del acto institucional en el Congreso, hoy rinde el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, su personal homenaje a Manuel Azaña en el 80 aniversario de su muerte. Y lo hace cargando de simbolismo la XXVI cumbre hispano-francesa, que se celebra en Montauban, donde siguen enterrados los restos del presidente de la Segunda República ("Mi cuerpo es de la tierra donde caiga").

Después de su reunión con Macron en la Prefectura (presencial), el almuerzo de trabajo, el plenario de esta tarde (telemático, con participación de los ministros) y la rueda de prensa conjunta, los dos mandatarios colocarán una corona de flores sobre la tumba de Azaña. Un nuevo aldabonazo respecto a la deuda que el Estado democrático tiene con los perdedores de nuestra "guerra incivil" (Unamuno 'dixit').

Foto: El rey Felip VI, en la inauguración de la exposición dedicada al republicano Manuel Azaña. (EFE) Opinión

No fue ajeno el país vecino al drama de quienes huyeron de la crueldad de los vencedores pasando la frontera de aquella manera en febrero de 1939. Cerca de la sede elegida para la cumbre están la tumba de Machado (Colliure) y el campo de concentración de amargo recuerdo (maldito Argelès-sur-Mer). Espero que Macron y Sánchez hagan extensivo el homenaje a los miles de españoles condenados al desarraigo por cometer el terrible delito de haber sido fieles al régimen legalmente constituido.

Visto solo en la perspectiva española, el pasaporte verde para vacunados, los fondos de recuperación, la doble nacionalidad, la cooperación antiterrorista, las interconexiones, los movimientos migratorios y un largo etcétera de la agenda bilateral deberían rendirse a la fuerza simbólica del lugar elegido para la primera cumbre bilateral hispano-francesa apadrinada por Macron y Sánchez (Hollande y Rajoy protagonizaron la anterior en Málaga, febrero de 2017).

Le vendría muy bien una sobredosis de azañismo a la política nacional, de nuevo afectada por esa "dolencia crónica que ya produjo en nuestro pueblo mutilaciones memorables". Ante las nuevas formas de la demagogia y la confiscación de voluntades en los usos del poder, las reflexiones de Azaña sobre la libertad y la tiranía están más vigentes que nunca.

La agenda bilateral debería rendirse a la fuerza simbólica del lugar elegido para la cumbre, cerca de la tumba de Machado

Ha vuelto la política de bloques enfrentados y el debate sobre la España descuartizable, mientras algunos plantean sin recato la demolición del régimen del 78, cuyos fundadores aplaudieron el abrazo del rey don Juan Carlos y la viuda de Azaña (México, noviembre de 1978). La propia Dolores Rivas lo interpretó como el abrazo de la reconciliación entre españoles. Y dijo que su marido lo hubiera celebrado. Está en las hemerotecas: "¡Cuánto le hubiera gustado a él este día!".

Sin embargo, no puede ser peor el momento de replantear la vuelta de los restos con honores de jefe de Estado. Un asunto de recurrencia intermitente que, según su sobrina nieta, María José Navarro Azaña, "nunca se ha planteado en serio", solo para tantear a opinión pública y las fuerzas políticas. Pero, aunque Felipe VI estuviera por la labor, en Zarzuela y en Moncloa saben que la repatriación se convertiría en un acto de reafirmación republicana.

La mejor repatriación de Azaña no es la de sus huesos, sino la de sus ideas, generosamente diseminadas en artículos y discursos

En algún momento de nuestra reciente historia pudo haber sido una decisión beneficiosa. No cuando la mitad de un Gobierno partido en dos, que tiene declarada la guerra al Rey, agita el obsoleto debate monarquía-república con la inestimable colaboración del llamado Rey emérito.

Por tanto, la mejor repatriación de Azaña no es la de sus huesos, sino la de sus ideas, generosamente diseminadas en sus artículos, sus discursos y una excelente obra literaria. De opiniones: 'El ideario de Ganivet', por ejemplo. O de personajes, como 'La velada de Benicarló', cuya teatralización en realidad no nos lleva a los personajes, sino a las actitudes. Allí dejó escrita su reseña sobre la inutilidad de la guerra civil y la resignada premonición de que "los móviles que la desencadenaron reaparecerán entre los escombros".

¿Para cuándo una iniciativa del Estado por una fundación que recoja y difunda el legado intelectual y político de Azaña?

Rey Don Juan Carlos Rey Felipe VI Málaga