Ante las primarias, una apuesta por el candidato Sanders

Para quienes nos interesa la política en casi todas sus facetas, las primarias para designar al candidato a presidente en EEUU generan emociones semejantes a las de un torneo deportivo

Foto: Bernie Sanders en un mitin en Nevada. (EFE)
Bernie Sanders en un mitin en Nevada. (EFE)
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No me gusta, ni me interesa el fútbol, qué se le va a hacer. Pero quizá precisamente por eso, y con la curiosidad del ignorante, me divierten y un poco me fascinan las discusiones entre aficionados que suelen preceder a los grandes partidos. ¿Cuál es la mejor alineación? ¿Qué configuración sobre el terreno será la mejor para batir al contrincante? Según parece, el entrenador puede afrontar a cada oponente y su forma de juego específica de forma distinta, según cómo disponga a cada jugador en el campo, y qué tarea asigne a cada cuál. Y claro, todos los aficionados tienen su propia opinión al respecto, antes y después del juego.

Para quienes nos interesa la política en casi todas sus facetas, las primarias para designar al candidato a presidente de los EEUU generan emociones semejantes a las del mejor torneo deportivo, que nos pueden llevar a veces a discusiones de tono muy futbolero. Especialmente cuando existe verdadera competencia abierta entre una pluralidad de candidatos. Aunque la cosa tiene consecuencias bastante más serias y graves que cualquier torneo, y es particularmente grave cuando se trata de expulsar en las urnas a un personaje tan funesto como Donald Trump.

Las primarias americanas se han debatido siempre entre dos interrogantes de respuesta con frecuencia contradictoria. ¿Quién ofrece las mejores propuestas para atender a las necesidades del país, en este caso desde una óptica de progreso y de justicia social? Pero, a la vez, ¿quién puede estar en mejores condiciones para atraer el máximo número de votos en “territorio enemigo”? En este caso, ¿quién puede movilizar más en aquellos estados que en 2016 dieron la mayoría presidencial a Trump, aunque obtuviera menos votos en el conjunto del país?

El también candidato, Mike Bloomberg. (Reuters)
El también candidato, Mike Bloomberg. (Reuters)

Si los electores demócratas pensaran solo en la primera cuestión, hay candidatos que hace tiempo que habrían desaparecido de la escena. Y a pesar de sus muchos millones de dólares (muchos, de verdad muchos), un tipo como Bloomberg apenas tendría la mínima posibilidad de ser elegido entre votantes progresistas. Pero es la segunda pregunta la que ha mantenido la tensión y las dudas: los tibios compromisos de reforma, la moderación y afán de pacto con el 'statu quo' de candidatos como Buttigilieg, Biden o Bloomberg, solo generan entusiasmo entre sus seguidores más leales. Pero, según el pensamiento convencional que se refleja en tantos medios, quizá sería uno de ellos el más atractivo para lograr esa amplia base de encuentro en el centro político, capaz de atraer el voto de tantos republicanos desencantados. Se trataría de evitar que votantes republicanos a quienes Trump provoca auténtica repulsa o vergüenza se echen en sus brazos si la alternativa la representa alguien que propone transformaciones radicales en lo social y en lo económico, como Elizabeth Warren o Bernie Sanders.

Pero ¿y si ese análisis fuera fundamentalmente erróneo? Personalmente creo que lo es, y a medida que se van contando votos de las primarias en los estados, parece que van siendo mayoría quienes, o están despreciando la segunda pregunta, o le están dando una respuesta radicalmente opuesta a la que se deriva de la sabiduría política convencional. Y por ello estoy convencido de que Bernie Sanders será el próximo candidato demócrata, y que tiene posibilidades ciertas y serias de ser el próximo presidente de los Estados Unidos.

Porque, veamos: ¿qué sentido tiene aplicar esos cálculos políticos racionales y convencionales a una elección que tiene como candidato a alguien que actúa más como telepredicador de una secta que como candidato de una opción política? Si no hay racionalidad sino pasión a un lado, ¿por qué no la puede haber del otro? ¿A cuántos votantes demócratas dejaría en casa un tipo como Bloomberg? Y ¿qué peso real podría tener ese supuesto "miedo a Sanders" en el electorado de centro?

Muchos analistas están prestando gran atención a las teorías de la joven politóloga Rachel Bitecofer, que acertó casi al milímetro el resultado de las últimas elecciones legislativas en EEUU. Sostiene esta experta, apoyada en un intenso trabajo de análisis demográfico y electoral, que el cambio de voto (es decir, esos republicanos que supuestamente abandonarán a Trump por un demócrata moderado) es ya prácticamente irrelevante para definir el resultado. Que el factor realmente decisivo va a ser designar a quien podrá sacar a más electores del pozo de la altísima abstención en aquel país. Y, a 'sensu contrario', rechazar a quien vaya a dejar en casa, con indiferencia, al mayor número de votantes entre el electorado ideológicamente más próximo.

Bernie Sanders tiene la mayor de las virtudes que hacen atractivo a un político: convicción y coherencia. El hombre lleva 30 años repitiendo el mismo mensaje de denuncia social, con sonrisas muy contadas, ofreciendo respuestas "radicales" de reforma a injusticias y desigualdades escandalosas que se han asumido como normales en la primera economía del mundo. Ese mensaje, que es también el de Warren (que actúa cada vez más como telonera del Senador de Vermont) está despertando entre las bases demócratas un nivel colectivo de ilusión por el cambio que no parece capaz de levantar ninguno de los demás candidatos. Y se trata justamente de la clase de ilusión que podría llevar a las urnas a millones de votantes nuevos, a quienes se ofrece una oportunidad única de cambio frente a la consolidación de un modelo de gobierno que les desprecia y les ignora. O, incluso, les ataca.

La ilusión, bien mezclada con propuestas convincentes de reforma, puede arrastrar muchos más votos que los que se podrían perder por el miedo a un presidente "socialista".

Hablemos un instante de ese "miedo" atroz. La mayoría de las reformas sociales que Sanders propone —medidas asumidas por las derechas democráticas en todo occidente— solo serán posibles con el apoyo en ambas Cámaras tras negociaciones párrafo a párrafo. Él lo sabe. Muchos votantes, también. Y si llega a lograr la nominación ya tendrá tiempo, con el apoyo entonces de los moderados, para buscar la movilización de los partidarios del cambio sin que eso suene a amenaza para los millones de personas que se han beneficiado de un innegable bienestar económico en los últimos años. Ese será su gran reto.

Pero es cierto, los partidos de este campeonato están por jugar, y no hay que precipitarse. Como profeta prudente, me limito por ahora a apostar por quien creo que será el vencedor de la clasificatoria en las próximas semanas. De la final de noviembre hablaremos cuando esté un poco más cerca.

Atando cabos
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