Romeva pide a la Comisión Europea que le deje soñar cinco minutos más

Anoche estaba programada una función muy interesante en el teatro nacional de Cataluña. En la sala 8tv, Romeva le pidió a la Comisión Europea que le dejase soñar cinco minutos más

Foto: (Izq. a drch) Lluis Rabell (Si que es Pot), Anna Gabriel (CUP), Inés Arrimadas (Ciutadans), Miquel Iceta (PSC), Raul Romeva (Junts pel Si), Xavier Garcia Albiol (PPC) y Ramón Espadaler (Uniò). (EFE)
(Izq. a drch) Lluis Rabell (Si que es Pot), Anna Gabriel (CUP), Inés Arrimadas (Ciutadans), Miquel Iceta (PSC), Raul Romeva (Junts pel Si), Xavier Garcia Albiol (PPC) y Ramón Espadaler (Uniò). (EFE)

Anoche estaba programada una función muy interesante en el teatro nacional de Cataluña, concretamente en la sala 8tv, que es un canal de televisión privado. Me refiero al debate entre los candidatos a las elecciones ni autonómicas, ni plebiscitarias, ni del Parlament; una discusión que se resolvió feroz e imprevisible porque no puede pasar otra cosa cuando se juntan los filósofos de las elecciones metafísicas de Cataluña.

A los ángeles, ¿les cuelga algo? Y si algo les colgare ¿fuere eréctil? Y eréctil fuere ¿podríamos denominarlo, en función de sus características inherentes y atributos indiscutibles, “palo de selfi”? En Cataluña nos hemos acostumbrado a que los candidatos citen a Orígenes y Teodosio. Va un dramatis personae: Raül Romeva interpretaba al viajero soñador Junts pel Sí, Miquel Iceta hacía del sabio mendigo PSC, Lluis Rabel era el bufón CSQP-Podemos, García Albiol el guerrero templario PP, Inés Arrimadas, la espía rusa C's, Espadaler el agente doble Unió, y también aparecía una tal Anna Gabriel, que hablaba mucho de Franco y la Guerra Civil, así que tenía que ser la tardo-adolescente CUP.

Durante la primera parte, coros y danzas. Los candidatos de PP, PSC, Podemos y C's se apaleaban los unos a los otros. Peleaban por ideología, disputaban la mejor opción política, tiraban de argumentario de partido y de programa; chocaban, rivalizaban, danzaban los malditos. Duelos a muerte entre Iceta y Albiol, entre Albiol y Rabell, entre Rabell e Iceta y entre Albiol y Arrimadas. Este último es mi favorito, porque tuve la impresión de que Inés era una muchacha tratando de convencer al gorila de que la dejase entrar en la discoteca.

El cabeza de lista de Junts pel Sí, Raúl Romeva. (EFE)
El cabeza de lista de Junts pel Sí, Raúl Romeva. (EFE)

Disjuntos por el no, podría decirse, signo de los nuevos tiempos verbales de la política española donde hay aparente desacuerdo entre la izquierda pretérita y la pluscoamperfecta; entre la derecha perfecta simple y la indefinida. Matices de los que está a salvo Romeva, hombre que, si tuviera que describir sustituyendo posición política por atributos físicos, sería algo así como un calvo con melena.

De este modo, mientras España se partía entre liberales y conservadores, parecía que lo tenían todo ganando los carlistas de Junts pel sí, que lanzaba su mensaje sin otra interrupción que la enmienda a la totalidad, y por tanto se movían cómodos sobre el puente que le colocaban los combatientes del lodo. Romeva sonreía como su jefe cuando pitaron el himno, con la suficiencia del que deja que los enemigos se maten entre sí. Cuando le tocaba hablar se ponía serio, prístino como el anuncio de una óptica, y se centraba en la hermenéutica de no decir nada concreto: ahondaba en los significantes de la palabra “democracia” y repetía el cuadro lógico de que Cataluña seguirá en la Unión Europea si se separa de España.

Pero Mefisto tenía una sorpresa. Pasaron por pantalla las palabras del portavoz del presidente de la Comisión Europea, Margaritis Schinas, que se ha pronunciado de nuevo con claridad sobre las consecuencias de una independencia unilateral de Cataluña. Cito:

“Si una parte de un Estado miembro deja de ser parte de ese Estado porque el territorio se convierte en un país independiente, los Tratados ya no se aplicarían a este territorio y la nueva región independiente, de facto por su independencia, se convertiría en un tercer país respecto a la Unión Europea y podría solicitar convertirse en miembro de la Unión Europea”.

Celebración de la Diada en Cataluña. (EFE)
Celebración de la Diada en Cataluña. (EFE)

A partir de este punto, el debate pertenece para siempre al surrealismo. Lo que voy a escribir ahora es, por una vez, objetivo. No es mi interpretación. Esto pasó, y lo vi: Romeva dijo que Margaritis no había dicho lo que había dicho. Tal cual. Yo me levanté y aplaudía. Mis carcajadas despertaban al vecindario. Quería más y Romeva me lo dio: se enrocó en la posición más maravillosa que jamás se haya visto en una campaña electoral. Las palabras de Margaritis no significaban que Cataluña se vaya a quedar fuera de la Unión si se independiza.

Sus oponentes estaban estupefactos porque no han leído a Boris Vian. Todos protestaban con caras de asombro y se montó un proceso en que los candidatos votaron si había que poner de nuevo las palabras de Margaritis. Ganó el sí-sí con la abstención de la CUP, pasaron otra vez el vídeo y las palabras de la Comisión Europea sonaron exactamente igual:

“Si una parte de un Estado miembro deja de ser parte de ese Estado...” Etecé. Pues bien, no importó. Romeva salió del segundo pase como del primero, le pasaba como a mí cuando voy a ver una película de David Lynch. Insistió Romeva en que Margaritis no decía lo que estaba diciendo. A los demás los vi reírse por lo bajo como Alsina cuando entrevistó a Monedero. La única cabal fue Anna Gabriel, que trató de poner un poco de sentido comunista en el bando indepe y dijo que la CUP prefiere salir de la UE. Pero nadie le hacía caso, todos seguían flipados con Romeva, que a esas alturas negaba con la cabeza y cerraba con fuerza los ojos. Sólo le faltaba taparse las orejas con las manos y gritar que nooooo.

La Comisión Europea le decía que se despertase y él se cubría la cabeza con la almohada y exigía al mundo real que le dejase soñar cinco minutos más. La pregunta es: ¿Conseguirán despertarse sus votantes a tiempo?

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Un murciano en la corte del rey Artur
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