Me hipnotizaron y me convertí en Oriol Junqueras

Un hombre que sueña con un Estado catalán pero mira a los resultados electorales y sabe que la mitad de los votantes, que son mayoría en las ciudades, está en contra del Estado catalán

Foto: El líder de ERC, Oriol Junqueras. (Reuters)
El líder de ERC, Oriol Junqueras. (Reuters)

Imagine usted que ama su nación y que la mitad de sus compatriotas prefiere la nación de enfrente. Abandone su españolismo y recapacite, fíjese en el péndulo, los párpados pesan, achique un ojo, abra mucho el otro, deje caer el belfo... así, ¡así! Ahora es usted Oriol Junqueras. Sí, es Oriol Junqueras, un hombre que sueña con un Estado catalán pero mira las encuestas, mira el Parlamento deshecho, mira los resultados electorales y sabe que la mitad de los votantes, que son mayoría en las grandes ciudades, está en contra del Estado catalán.

Ahora despierte.

Ya entiende lo que pasa en Cataluña como si usted fuera independentista. Ya entiende lo que pasa en el Parlament. Desde Madrid, Oriol parece una mujer de bandera, pero ahora sabe usted adónde mira Junqueras en realidad. Mira a los del no lleno de rabia. Siente que está luchando por un país con grave déficit de patriotas. Él se agarra a un micrófono ardiendo y dice que hay una mayoría de independentistas, como Xavier Albiol cuando dice que mucha gente quería votar al PP pero no lo sabía: la realidad, los votantes de Cataluña no les hemos dejado otra cosa que decir.

Pero cae la noche y se tiende el silencio neto sobre Barcelona. Ahora es cuando Junqueras se queda a solas con la pregunta más dura: ¿en un país con tanto ciego, quién hostias es el puto rey?, y sabe que con tanta política de cuernos no se investirá un presidente, sino que se embestirá.

Otro ejercicio de empatía. Si pese a la hipnosis no he conseguido ponerle a usted en el lugar de Junqueras, imagine ahora que la mitad de los españoles votase a Bildu, o que creyeran que España estaría mejor como provincia de Portugal... ¿Qué clase de nación tendríamos? ¿Qué posibilidad real de Estado? Si Garibaldi se hubiera encontrado esos 'complejines' en los italianos, es posible que hubiera preferido fundar Nueva Rumasa en lugar de una Italia unificada.

Pagan el exceso de entusiasmo: invocaron a la fuerza de las masas como si el 27-S fuera la Diada, pero aparecieron vestidas de domingo y con raya en medio

De ahí que la política en Cataluña haya virado tan rápido del entusiasmo y la soflama a la duda y la cábala. Pasan los días y el plebiscito tecnicolor del 27-S se engrisece en los despachos. Los líderes son tantos y tan dispares que ni siquiera saben quién manda, si el rey Artur o un Yago Antonio Barrios. Da la impresión de que pregunten a los vientos, y no pasa un día sin que suelten en la prensa advertencias que tienen siempre un timbre de pregunta.

-¿Y ahora qué?

De manera que oímos las entrevistas de refilón porque nos parece más interesante palpar las paredes de los edificios oficiales. Somos como un médico que dispone solamente de un termómetro para determinar la enfermedad de su paciente. A ratos hierve la piedra y después se queda fría como un sudario, y uno nota que al otro lado de los tabiques se celebra un concilio pero no sabe si es de Trento o Vaticano.

Los independentistas pagan estos días el exceso de entusiasmo: invocaron a la fuerza de las masas como si las elecciones fueran la Diada, pero las masas aparecieron vestidas de domingo y con la raya en medio. Los entusiasmados tropezaron en la carrera hacia adelante: la mayoría de CDC y ERC hubiera sido la puerta a la Tierra Prometida, pero nadie se preocupó de prever cómo jugarían sin esa mayoría. Están en el suelo, revolcándose, incapaces de decidir quién se levanta primero, quién ayuda a los demás a incorporarse, quién elige al que se queda en el suelo.

Discuten si el Proceso es Uno o Trino; si la carne del rey Artur es sustancia pura de identidad nacional o una carroña que hay que dejar tirada en la cuneta.

Todo ha salido al revés en Cataluña. Desaparece la figura de Romeva, se desenfoca el perfil de Junqueras y el espectro de Mas brilla con triste fosforescencia

Se han desequilibrado todas las fuerzas de la galaxia. Fíjense en Ciudadanos: el partido había decepcionado a los publicistas después de las últimas elecciones autonómicas, pero ha arrancado mil julios de energía al independentismo y sale de Cataluña con la cara limpia. Ahora es el partido de moda en la izquierda del centro-derecha. Ha cobrado tanta pujanza que a José María Aznar le ha terminado de borrar el bigote.

Fíjense también en el PSOE, al que todos daban por muerto pero estaba de parranda con Iceta. Con los peores resultados de su historia en Cataluña, ha vampirizado otro pedazo de la energía revolucionaria del independentismo y relanzado el liderazgo de Pedro Sánchez gracias a la inesperada debacle de Podemos.

Y es que todo ha salido al revés en Cataluña. Apagados los resquicios de las hogueras de fiesta, se expanden las tinieblas. Desaparece la figura de Raül Romeva, se desenfoca el perfil de Oriol Junqueras y el espectro de Artur Mas brilla con tristísima fosforescencia. La única linterna la tiene Antonio Baños en la mano, y la frágil mayoría independentista contiene el aliento como en una novela de Agatha Christie. Están asustados porque el pueblo ha puesto a la CUP de mayordomo, y ya sabemos cómo actúan los mayordomos en las novelas de misterio.

Un murciano en la corte del rey Artur
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