Lo del PP no son primarias sino una ruleta rusa: sin pronósticos a 10 días de la votación

A los barones regionales y dirigentes del partido no les llega la camisa al cuello a sabiendas de lo inédito del escenario, de lo incierto de su resultado final y de lo mucho que se juegan en el envite

Foto: Santamaría, Casado y Cospedal durante su campaña.
Santamaría, Casado y Cospedal durante su campaña.

El Partido Popular se adentra hoy en territorio desconocido. Este lunes, a las 14 horas, finaliza el plazo de inscripción para participar en la elección del que será el nuevo líder de la formación en sustitución de Mariano Rajoy. A los barones regionales y dirigentes del partido no les llega la camisa al cuello a sabiendas de lo inédito del escenario, de lo incierto de su resultado final y de lo mucho que se juegan en el envite. Treinta años –lo que ha transcurrido desde la refundación del 89- y demasiados puestos de trabajo en el alambre.

Tres candidatos se disputan la victoria, Soraya Sáenz de Santamaría, María Dolores de Cospedal y Pablo Casado, y ni un solo pronóstico claro a diez días de la votación que incline la balanza hacia uno u otro lado. Si aciertan con el elegido, barruntan, el partido remontará en las encuestas y podrá disputarle el liderazgo al PSOE, ahora en estado de gracia después de haber sido durante largo tiempo el farolillo rojo de la demoscopia.

Lo del PP no son primarias sino una ruleta rusa: sin pronósticos a 10 días de la votación

Pero si yerran, si por el devenir de los acontecimientos descubren plomo en las alas del nuevo presidente, entonces el PP dejará de ser percibido como una formación con posibilidades de Gobierno y le entregará ‘gratia et amore’ el espacio del centro derecha a Albert Rivera. Esto significaría el sorpaso de Ciudadanos y el fin de la hegemonía del Partido Popular.

El mecanismo de elección del presidente no deja de ser un tótum revolútum que hace aún más impredecible si cabe el resultado final. “En un partido en el que no hay costumbre de democracia interna y que además está sin líder, resulta sumamente arriesgado embarcarse en unas primarias”, comenta un dirigente popular. “Pero si además lo haces con un sistema ‘sui generis’ como el que nos hemos sacado de la manga [aquí fueron determinantes las presiones de la expresidenta madrileña Cristina Cifuentes], entonces el descontrol es absoluto”.

Hay nervios, inquietud y la sensación de que la sucesión se podía haber acometido de forma más ordenada. En símil de Pablo Pombo en este mismo diario: “Todo lo que sabemos es que el avión [el PP] sufrió una dura turbulencia en pleno vuelo, que el piloto se puso el paracaídas y saltó, que quien estaba llamado a comandar la nave hizo lo mismo, que la tripulación está enfrentada, y que tomará los mandos quien decidan los pasajeros tras una rápida votación”.

María Dolores de Cospedal y Pablo Casado, durante la presentación de avales, en la sede del partido en Madrid. (EFE)
María Dolores de Cospedal y Pablo Casado, durante la presentación de avales, en la sede del partido en Madrid. (EFE)

El sistema de elección bosquejado por el PP es casi tan determinante como los propios candidatos en sí, ya que abre un margen muy amplio para que los ‘apparátchick’ locales apremien a los suyos a registrarse y les influyan en la dirección del voto. En este sentido, los contendientes destacan el control de Cospedal en las estructuras regionales y locales del partido, amén de la nacional. Otros, en cambio, señalan el papel de dirigentes tales que Fernando Martínez Maillo, el contrapeso del que disponía Rajoy en Génova, o el incombustible Javier Arenas, experto fontanero popular, que son de todo menos de su antigua 'jefa' Cospedal.

Se han establecido similitudes entre las primarias de los populares y la disputa socialista de hace un año entre Pedro Sánchez y Susana Díaz, cuando en realidad nada tienen que ver. El PSOE se mueve bien en el vértigo. El PP es de otra condición biológica. Más conservador. Que se pronuncie el afiliado, pero siempre bajo la atenta mirada del aparato.

Tampoco se trata propiamente de unas primarias por mucho que se repita. Lo del Partido Popular es un sistema a doble vuelta en el que primero se pronuncian los militantes (5 de julio) y luego los compromisarios (20/21 de julio). En Génova dicen que hay cerca de 860.000 afiliados con derecho a voto, pero los cálculos oficiosos reducen esa cifra ostensiblemente. Ni hay tantos ni pueden votar todos. Realmente solo podrán pronunciarse los afiliados que estén registrados y al corriente de pago de las cuotas. Como estas exigencias hacían prever una baja participación, la comisión organizadora ha establecido una tarifa plana de 20 euros para inscribirse al margen de los atrasos que acumule cada afiliado en el pago de sus cuotas.

¿Cuál es la estrategia de comunicación de los candidatos? ¿Se están dirigiendo correctamente al ‘target’ del militante registrado?

Esta decisión, que ha contrariado a algunos de los candidatos, pues consideran que supone situar al mismo nivel a los que han venido cumpliendo con los que no lo han hecho, hará mejorar sensiblemente la cifra final de participantes. Se habla de en torno a 150.000. “Puede ser. Es verosímil”.

De ese número, una tercera parte serían cargos orgánicos, dirigentes del partido, concejales y asesores, entre otros. Lo interesante, sin embargo, reside en saber quiénes son las dos terceras partes restantes. ¿Cuál es el perfil de ese votante del PP que, un día, decidió inscribirse como militante, pagar sagradamente las cuotas y ahora hace el esfuerzo de registrarse para luego volver a hacer el esfuerzo de depositar las papeletas en las urnas? ¿Cuál es la estrategia de comunicación de los candidatos? ¿Se están dirigiendo correctamente al ‘target’ del militante registrado? ¿Se están valiendo de los canales adecuados?

Soraya Sáenz de Santamaría, durante la presentación de avales en Génova, acompañada por Alfonso Alonso y Fátima Báñez. (EFE)
Soraya Sáenz de Santamaría, durante la presentación de avales en Génova, acompañada por Alfonso Alonso y Fátima Báñez. (EFE)

Los tres candidatos han elaborado sus respectivas campañas atendiendo, claramente, a las tres culturas que representan:

Soraya Sáenz de Santamaría (cultura del poder): es la candidata transversal y competitiva para recuperar el poder tras la ‘asonada’ del PSOE –el militante está convencido de que eso fue lo que ocurrió- del pasado 1 de junio. Tiene el apoyo institucional y del votante, que no tiene por qué ser el mismo que el del militante. Uno de sus puntos fuertes es la gestión del Gobierno en los últimos siete años (estabilidad, crecimiento y freno a Puigdemont con el polémico recurso ante el TC) frente a los últimos siete años del partido, marcados por la corrupción. De ahí que una parte del partido la acuse de haber mirado hacia otro lado cuando en Génova llovían chuzos de punta.

María Dolores de Cospedal (cultura orgánica): su estrategia pasa por invocar al “partido, partido, partido”, por el que “me han partido unas cuentas veces la cara, como bien sabéis, y seguro que lo volverán a hacer”. Situada en el ala dura del PP (yo hubiera activado antes el 155), tiene a su lado a una parte notable del poder territorial. Por el contrario, la candidatura de Cospedal está lastrada por su gestión en los escándalos del PP, con especial mención a sus declaraciones sobre el “finiquito en diferido” y la destrucción de los ordenadores de Bárcenas.

Pablo Casado (cultura digital): a pesar de llevar más tiempo en política que sus dos adversarias, ha logrado situarse como el candidato de la renovación y enganchar con la generación Whatsapp. Su campaña es fresca, ágil y, sobre todo, digital, lo que hace que resulte más efectiva en un proceso caracterizado por la falta de tiempo. En su contra juega el caso máster (“el PP no se puede permitir el desliz de nombrar a un presidente que pueda ser imputado a los pocos días de ser elegido”, señala un barón regional) y el hecho de llevar a gala ser heredero de Aznar (“ha sido un honor ser su director de Gabinete […]. Me encantaría contar con su respaldo”), cuando el expresidente se ha posicionado en los últimos años más cerca de Ciudadanos que de su formación.

Imagen de la sede del PP durante la noche electoral de diciembre de 2015. (EFE)
Imagen de la sede del PP durante la noche electoral de diciembre de 2015. (EFE)

Los pronósticos no son claros y apuntan a un resultado estrecho entre los candidatos. Si tras la votación del 5 de junio, ninguno consigue más del 50% de las papeletas, mayoría en las 60 circunscripciones y sacar más de 15 puntos al siguiente, entonces se irá a la segunda vuelta entre los dos que hayan cosechado mejores resultados, lo que presumiblemente va a ocurrir.

“Si en la primera vuelta, el candidato más votado consigue una diferencia amplia con el segundo, los compromisarios no pueden ir en su contra después”

En esta fase, serán los 3.134 compromisarios del PP los que tendrán que optar por uno de los dos candidatos los días 20 y 21 de julio, que es cuando se celebra el Congreso extraordinario. Estos compromisarios son un reflejo de las ejecutivas regionales y locales del partido más que de los militantes. De ahí que, como reconocen en el propio PP, el sistema de elección resulte endiablado, pues los primeros pueden enmendar la decisión de los segundos.

“Si en la primera vuelta, el candidato más votado consigue una diferencia amplia sobre el segundo, de unos diez puntos por poner un ejemplo, los compromisarios no pueden ir en su contra en la segunda vuelta”, explica un barón regional. “Si la diferencia es menor, puede haber sorpresas como en Cantabria. Y eso traerá polémica. Y las polémicas no son buenas para un partido que debe tener tanto en cuenta el congreso como el post-congreso”.

Caza Mayor

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