El adiós de Soraya y la última batalla perdida de Rajoy

Nunca generó indiferencia. Estuvo a punto de ser la primera presidenta de España. Posiblemente, lo hubiera sido si Rajoy hubiera dimitido minutos antes de votarse la moción de censura

Foto: Fotografía de archivo de Soraya Sáenz de Santamaría y Mariano Rajoy. (Reuters)
Fotografía de archivo de Soraya Sáenz de Santamaría y Mariano Rajoy. (Reuters)

Sáenz de Santamaría (Valladolid, 1971) deja su acta de diputada. Lo que no pudieron ni Puigdemont, ni el 1 de octubre ni el varapalo del Consejo de Estado cuando no veía fundamentos para impugnar la candidatura del prófugo independentista, a la sazón el momento más delicado de la exvicepresidenta, lo han podido las banderías y guerras intestinas del Partido Popular. Sáenz de Santamaría deja su acta de diputada y abandona la política.

El adiós de Soraya y la última batalla perdida de Rajoy

Nunca generó indiferencia. Estuvo a punto de ser la primera presidenta de España. Posiblemente, lo hubiera sido si Rajoy hubiera dimitido minutos antes de votarse la moción de censura.

Ahora abandona la política. La decisión la tomó al final de sus vacaciones. No fue fácil. No puede serlo para quien ha ocupado durante años el primer puesto en los 'rankings' de las mujeres más poderosas de este país y lleva el virus de la política en la sangre. “Le va a venir bien. Tenía que parar”, admiten sus allegados. “Necesita de un periodo de descompresión”.

Su ‘adicción’ a la cosa pública es de tal calibre, aseguran, que pese a ser consciente de los deslices cometidos tras su derrota en las primarias y la falta de sintonía con el actual presidente del PP, Pablo Casado, no ha parado de hablar con sus próximos —y consigo misma—, tratando de buscar una excusa, una ventana de oportunidad, para continuar y seguir franqueando los leones del Congreso. Así ha sido estos últimos días: hasta su familia le conminó para que cejara en el empeño.

Para anunciar su renuncia, marcó en el calendario el martes 4 y el jueves 6 de septiembre, día este último en el que su nombre volvió a saltar a la prensa por su ausencia en la primera reunión del grupo parlamentario del PP, que ya anticipaba lo hoy desvelado tras su reunión con Casado. Si no lo comunicó entonces es porque Mariano Rajoy le dijo que no lo hiciera.

Cuando Sáenz de Santamaría telefoneó al expresidente para contarle su decisión, este le pidió un tiempo para tratar de convencerla de lo contrario, que aguantara, porque el partido la necesitaba. Buscó argumentos pero, vistos los acontecimientos, no debieron ser convincentes.

No debe sorprender la insistencia de Rajoy. Fue también el expresidente quien animó a Sáenz de Santamaría a que se presentara a las primarias tras la espantada de Feijóo. Seguramente, la exvicepresidenta hubiera dado el paso adelante igualmente, pero 'el jefe', que así lo llama, fue quien le dio el espaldarazo definitivo para que se lanzara.

La relación entre ambos viene de lejos y va más allá de lo profesional. Hay que remontarse al año 2000, cuando Sáenz de Santamaría, con tan solo 29 años y uno ejerciendo como abogada del Estado en León, se convirtió en la mano derecha de Rajoy. Se la llevó con él al Ministerio del Interior, luego a la oposición y finalmente al Gobierno.

Rajoy depositó su confianza en ella y Sáenz de Santamaría ejerció este poder vicario de forma absoluta. Tanto, que despertó el recelo de varios de sus compañeros de Consejo de Ministros, véase el caso de José Manuel García-Margallo, con una inquina que rayaba lo irracional. Fue vicepresidenta, portavoz del Gobierno, ministra de la Presidencia y de Administraciones Territoriales. También presidió la comisión general de Secretarios de Estado y Subsecretarios, la comisión delegada de Economía en ausencia de Rajoy, controlaba el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) e incluso ejerció de presidenta de la Generalitat durante el 155. Lo tenía todo. Lo era todo. Era la ‘vicetodo’. Y lo era gracias a Rajoy.

A él, precisamente, le dedicó la parte mollar del comunicado con el que se despedía de la política: “He tenido el honor de trabajar con el presidente Mariano Rajoy en una gran tarea política que culminó en un Gobierno que supo sacar a nuestro país de la mayor crisis económica de su historia reciente y cuyo pulso no tembló a la hora de defender la unidad de España y los derechos de todos los españoles”.

Pero el marianismo ha muerto y ahora reina Casado. No hay frase célebre de Winston Churchill, al que tanto gusta citar Sáenz de Santamaría, para describir el terremoto que se ha producido en Génova 13 y que ha sepultado a significadas glorias del partido.

A pesar de las cábalas periodísticas, el actual presidente de los populares jamás pensó en la vallisoletana como cabeza de cartel para las elecciones al Ayuntamiento de Madrid. Más que por una cuestión táctica, por una simple cuestión de supervivencia, esto es, para no fortalecer a quien te ha querido quitar el puesto. Tampoco Sáenz de Santamaría se planteó tal posibilidad.

El perfil moderado de la ‘vicetodo’, como la llamaban en los tiempos monclovitas, no cuadra con la progresiva ‘derechización’ del PP. Exdirigentes, y algún que otro dirigente actual, recelan también del viraje promovido en Génova, así como del hecho de prescindir de sus principales reclamos electorales, caso de Sáenz de Santamaría, la más valorada entre los simpatizantes y no tan simpatizantes del PP, o el exministro Íñigo de la Serna. Sobre todo teniendo en cuenta que el Partido Popular carece de candidatos de peso para afrontar los comicios que están por llegar.

En contra de lo que se ha especulado, no va a la empresa privada. Por muchas ofertas que reciba o quiera recibir, ha de ceñirse al régimen de incompatibilidades de altos cargos, que establece con carácter general un periodo de dos años de incompatibilidad con posterioridad al cese para el ejercicio de actividades privadas en los supuestos en que pueda existir un conflicto de intereses. En el caso de Sáenz de Santamaría, estos conflictos son generalizados, ya que no hay tema que no haya tratado, con voz y voto, tanto en Consejo de Ministros como en las comisiones delegadas.

Atendiendo a estas limitaciones, el entorno de la vicepresidenta plantea la posibilidad de buscar un puesto de consejera en el Consejo de Estado, aunque con 47 años es muy joven para ello, o pedir el reingreso en la Abogacía del Estado, una plaza que tiene por derecho desde 1999. En este último caso, podría solicitar el puesto y ejercer como tal, o pedir una excedencia.

Sea como fuera, todo ello supone bajar el listón de quien ha llevado el país a sus hombros y lo ha sido todo en la política española. Mientras dilucida su futuro, dedica el tiempo a escribir sobre el ‘Estado’, teorías y reflexiones que pone sobre el papel y a las que todavía no ha buscado destino.

Caza Mayor

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
32 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios