Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros

Al contrario de las generales del 28 de abril, en las que hubo paz en la izquierda y guerra en la derecha, en noviembre cambiarán las tornas

Foto: De arriba abajo y de izda. a dcha: Pablo Casado, Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias. (Reuters)
De arriba abajo y de izda. a dcha: Pablo Casado, Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias. (Reuters)
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Lo ocurrido en este país en agosto bien podría haber salido del magín de Roger Ailes, creador de Fox News y paradigma de la desinformación y los trampantojos televisivos. "La gente no quiere estar informada, quiere sentirse informada", decía en 'The Loudest Voice'.

En el último mes, lo que se ha vendido a la opinión pública es mucho fuego de artificio y poca corporeidad, mucha escenificación y poca negociación. Porque, en realidad, más que de formar Gobierno se trataba de acabar con el rival, enterrarle políticamente.

Por un lado estaba Pedro Sánchez, con una agenda diseñada única y exclusivamente para hacer implosionar Podemos, y en el otro, Pablo Iglesias, esmerándose a fondo con el 'loctite emocional' para evitar que la 'liaison' con IU y las confluencias saltara por los aires.

Después de mucho marear la perdiz y muchas lisonjas que desde del Gobierno han dedicado a los satélites morados más proclives a pactar con el PSOE (véanse Alberto Garzón, Yolanda Díaz, Juan López de Uralde 'et alii'), parece que la tesis de Iglesias ha salido triunfante y Unidas Podemos afronta la recta final como un bloque que, si bien no parece pétreo, sí se muestra al menos compacto. Si hay que sacar otra vez las urnas, pues se sacan. 'Game over'.

Estas técnicas florentinas y puñaladas varias que se han prodigado en las últimas semanas hacen presagiar una campaña entre los partidos de izquierda que va a hacer de la batalla de las Termópilas un juego de alevines. Al contrario de las generales de abril, en las que hubo paz en la izquierda y guerra en la derecha, en noviembre cambiarán las tornas.

Esto no presupone ninguna tregua entre PP, Ciudadanos y Vox. Simplemente, esperan a que se consume el fracaso de la investidura

Las derechas permanecen calladas y expectantes hasta ver cómo derrota el toro. Como decía este fin de semana Isidoro Tapia, "en tanto no se resuelva el guirigay de la negociación entre PSOE y Podemos, lo mejor que pueden hacer es dejarles todas las cámaras (…). Cuando tu enemigo está cometiendo un error, no lo interrumpas".

Esto no presupone ninguna tregua entre PP, Ciudadanos y Vox. Simplemente, esperan al día 23 de este mes, cuando se consume el fracaso de la investidura, para calibrar la contracción de la opinión pública, ampliar el campo de batalla y elaborar sus respectivas estrategias. En ese momento, todas las encuestas publicadas hasta entonces quedarán en papel mojado.

Las derechas ya están dando por buenos algunos hechos que hoy no dejan de ser especulativos: el reflujo de votantes de Vox hacia el PP y cierto quebranto electoral en Ciudadanos. Esto último se comprueba en el intercambio de votos entre PSOE y Cs. Por primera vez, dicen los sondeos, el saldo resulta favorable a los socialistas.

Así las cosas, la batalla por el liderazgo de la derecha se entablará en los siguientes terrenos:

- El invento de España Suma: es el abrazo del oso o la celada que Pablo Casado ha tendido a Albert Rivera para fagocitarlo y frustrar su deseo de convertirse en líder de la oposición. El PP registró durante el verano la marca España Suma con el fin de reagrupar el voto de centro derecha bajo una coalición que ya ha sido desechada por Cs y Vox.

- La abstención del PP: Rivera le devolverá la pelota a Casado a cuenta de una posible abstención del PP que facilite la investidura tras unas nuevas elecciones. Al igual que los populares se cebaron con la formación naranja en abril, asegurando que no era de fiar y que en el último minuto facilitaría un Ejecutivo 'sanchista', ahora son los de Cs los que pueden tirar de argumentario a raíz de las declaraciones de Feijóo: "El PP debería ofrecer a los españoles la posibilidad de que el PSOE no gobierne con los independentistas".

- El fantasma de la corrupción: por si el caso Púnica no bastase, con declaraciones de los expresidentes madrileños que salpicarán todo el mes de octubre, primero Cifuentes, luego González y por último Aguirre, los líderes de Ciudadanos no dejan de azuzar la bicha para tratar de sacar réditos electorales durante la campaña. Como muestra, la comisión de investigación sobre Avalmadrid respaldada por Ignacio Aguado.

- Madrid como punta de lanza: esta comunidad pretende convertirse en el principal campo de batalla donde dirimir el liderazgo del centro derecha. Al contrario de lo que ocurre en Andalucía, donde PP, Ciudadanos y Vox cohabitan en el Gobierno con más armonía de la inicialmente esperada, lo de Madrid va camino de erigirse en el gran quilombo.

Lejos de ejercer de fiel socio de Gobierno, Cs se ha mostrado como uno de los más duros opositores a Isabel Díaz Ayuso desde el inicio. No ha habido tregua. Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros. Y eso que la legislatura no ha hecho más que comenzar.

La tregua de las derechas es solo apariencia. Ahí está el caso de la Comunidad de Madrid. Hay que hacerse notar, y rápido, que vienen elecciones

Una de las primeras decisiones de los naranjas a través de su consejero de Economía, Empleo y Competitividad, Manuel Giménez, ha sido la supresión de la Fundación Madrid por la Excelencia, bajo la excusa de que hay que agilizar la Administración y acabar con los chiringuitos que proliferaron durante los anteriores gobiernos del PP.

Lo que en principio puede tener cierta lógica, amparada en criterios de racionalización, no es sino una decisión política, más que económica, ya que Madrid Excelente venía desarrollando una labor de promoción e internacionalización bien valorada por las empresas madrileñas, por su labor de asesoramiento y sellos de certificación, entre otros.

La tregua de las derechas es solo apariencia. Ahí está el caso de la Comunidad de Madrid. Hay que hacerse notar, y rápido, que vienen elecciones. Todo sea por hacer ver que nosotros lucimos otro tipo de piel, todo sea por el liderazgo del centro derecha.

Caza Mayor
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