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El debate del estado de la inflación: el PSOE contra sí mismo
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Nacho Cardero

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El debate del estado de la inflación: el PSOE contra sí mismo

Este debate es el primero y, quizás, último de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno, lo cual dice bastante de la inestabilidad temporal de nuestro país

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE/Chema Moya)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE/Chema Moya)
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El análisis del debate del estado de la nación resulta sencillo. Se despacha con una palabra: desmoronamiento. Básicamente, porque la nación está hecha unos zorros y la degradación del Estado continúa a buen ritmo con el espaldarazo de nuestra clase dirigente.

El último atentado contra la dignidad de los españoles se produjo en los pasillos del Congreso de los Diputados, donde el PSOE se apoyó en Bildu para el proyecto de Ley de Memoria Democrática, con la supuesta adhesión de los herederos políticos de ETA a la causa de los derechos humanos. Todo ello mientras la 'kale borroka' se empleaba a fondo en las calles de Pamplona. Que el incidente tenga lugar en el 25 aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco sobrepasa el umbral de tolerancia (y dolor) de muchos ciudadanos. ¿Estado de la nación? ¿Qué nación?

El debate no será, por tanto, de la nación, sino de la coalición, de un PSOE y un Podemos que viven inmersos en una crisis permanente. Ellos aseguran que lo llevan bien o, al menos, tan bien como pueden, y que aguantarán hasta final de la legislatura, pero los votantes censuran toda acción de gobierno sustentada en polémicas y batallas intestinas. Ambas formaciones discrepan en política económica, política exterior, política de defensa y política social, véase la inmigración. Es decir, son más los temas en los que hay disenso que en los que hay consenso. ¿Se puede gobernar un país así?

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), interviene en el debate sobre el estado de la nación que comienza este martes en el Congreso. (EFE/Mariscal)

Tanto PSOE como Unidas Podemos son conscientes de que suman más por separado que juntos y que tendrán que romper en algún momento para recuperar la iniciativa y ocupar espacio. La pregunta es cuándo. Si lo retrasan, la erosión de la marca irá a más. Si Podemos lo precipita, se queda fuera del Ejecutivo en el presente y difícilmente regresará en el futuro.

Cuando hablamos de crisis en el Gobierno de coalición no nos referimos únicamente al 'totum revolutum' del Consejo de Ministros sino también a la división interna que existe dentro del PSOE, donde cohabitan referentes del socialismo histórico, como González y Guerra, a los que se les abren las carnes por el pacto con Bildu y por el hecho de que el texto de la ley incluya la reparación de las víctimas del franquismo hasta diciembre de 1983, es decir, cuando ellos ya estaban gobernando, con esos otros referentes del partido populista sanchista que mandan en la actualidad, como sucede con Zapatero, ideólogo de los últimos desbarres del Ejecutivo.

"Vamos a poner en jaque el relato de la Transición", dijo ufana Mertxe Aizpurua, portavoz de Bildu. El umbral del dolor está a punto de alcanzar a los dirigentes históricos del PSOE. Desde luego, ya lo ha hecho con muchos de sus cuadros y un porcentaje cada vez más relevante de sus votantes. Convertir a Bildu en el principal aliado del Ejecutivo y llevar la Ley de Memoria al año 1983 es una torpeza impropia de los maquiavelistas que habitan Moncloa, sobre todo teniendo en cuenta que la edad media del votante PSOE es superior a los 50 años.

Foto: Pedro Sánchez, junto a Yolanda Díaz y Gabriel Rufián, en el Congreso de los Diputados. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)

Hoy más que ayer resuenan las palabras que Javier Solana dirigió a Felipe González en 'petit comité' en el parador de la Jarandilla, durante la entrega del Premio Europeo Carlos V a Angela Merkel, animándole a que fuera respetuoso con Sánchez en el 40º Congreso Federal del PSOE en Valencia, porque "corremos el riesgo de que el PSOE, ese partido al que tú y yo hemos dedicado nuestras vidas, desaparezca". Menos de un año después, la distancia que separa la papeleta de Sánchez de la de Feijóo es cada vez más corta para algunos votantes socialistas.

Por su lado, el líder del PP lo debería tener fácil. Contemplará el espectáculo desde la barrera, sin que las flechas le alcancen. Los planteamientos de Cuca Gamarra no versarán sobre la nación, sino sobre el debate del estado de la inflación, que es lo que en puridad preocupa a Juan Español y a las pequeñas y medianas empresas. A saber: la carestía en la cesta de la compra y la merma de poder adquisitivo. Está por ver si el PP se ofrecerá a sostener al Gobierno hasta el final de legislatura si se compromete a un programa de mínimos. Será la gran paradoja de los próximos meses: Sánchez reniega del PP, pero dependerá de él.

Este debate es el primero y, quizás, último de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno, lo cual dice bastante de la inestabilidad temporal de nuestro país y de la fragmentación de la percepción que tenemos de la actualidad. Ha habido una moción de censura, una pandemia, dos estados de alarma declarados inconstitucionales, una guerra de Ucrania, pero ningún debate sobre el estado de la nación. Parece que lleva siglos de presidente y lo cierto es que está desde antes de ayer.

El presidente del Ejecutivo, Pedro Sánchez, tiene más que perder que ganar. Optará por una estrategia de patada a seguir

Será, además, un debate de pega. Ni siquiera de transición. No hablarán los dos principales rivales electorales de Sánchez, que son Alberto Núñez Feijóo y Yolanda Díaz. Tampoco lo harán los jefes de ERC y Bildu, Oriol Junqueras y Arnaldo Otegi, respectivamente. Sánchez debatirá con los suplentes. El presidente del Ejecutivo tiene más que perder que ganar. Optará por una estrategia de patada a seguir. El debate no dejará huella. Si no lo hicieron los otros...

Un escepticismo que va de la mano de la imagen que la ciudadanía tiene del irregular funcionamiento de nuestra democracia y de nuestra clase dirigente, con entre un 75 y un 90% de españoles, según el Pulso de España de Metroscopia, que considera que nuestros políticos no actúan de forma honesta, ni están preparados ni tienen vocación para gestionar asuntos públicos, carecen de ideas claras para solucionar los problemas y no prestan atención a lo que realmente preocupa en la calle. La cuestión no es ya lo que saquemos en claro del debate, que será bastante poco, sino lo que está por venir en un contexto político y económicamente complejo. El mayor problema ya no es Sánchez, sino su herencia.

El análisis del debate del estado de la nación resulta sencillo. Se despacha con una palabra: desmoronamiento. Básicamente, porque la nación está hecha unos zorros y la degradación del Estado continúa a buen ritmo con el espaldarazo de nuestra clase dirigente.

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