El juicio al 1-O, dinamita para la unidad independentista

Los meses previos al 1-O Madrid era un hervidero de propaganda procesista. 'Consellers' venían e iban del piso de la delegación del Govern en la calle Alcalá

Foto: Carles Puigdemont y Quim Torra. (EFE)
Carles Puigdemont y Quim Torra. (EFE)

Los meses previos al 1-O Madrid era un hervidero de propaganda procesista. 'Consellers' venían, iban. El piso de la delegación del Govern en la calle Alcalá recibía periódicamente dirigentes hoy en prisión o en Bruselas. Café, galletas de mantequilla. Cuadernos, bolis. 'Off the record'. Y en torno a la mesa, un elenco de medios que se bregaba con el argumentario secesionista. "No hay diferencia entre esta consulta y el 9-N: no podrán aplicarlo" insistían los periodistas. Muy lejos de allí, en Moncloa, el gobierno de Mariano Rajoy también compartía sus deseos mediante algún briefing —contados, funcionariales, algo fríos— con corresponsales extranjeros. "Junqueras parece más moderado que Puigdemont…", pero juntos se echaron al vacío aquel 27-S.

Año y medio después, en cambio, el abismo entre el Supremo y Waterloo es ya una realidad irreconciliable. Con la disputa a flor de piel, el juicio al 'procés' sentenciará la ya de por sí maltrecha unidad entre ERC y el espectro puigdemontista. Traidor, botifler, mártir… ¿Por qué algunos 'exconsellers' huyeron y otros se quedaron? ¿Quién hizo qué en el tándem que consumó la DUI? Que las denuncias de "represión" y movilizaciones contra el Estado no empañen la pugna interna que irá cristalizando. Tampoco el ruido de los CDR, los cantos a las puertas de prisión, las huelgas generales. Una parte del independentismo leerá el juicio en sus propios códigos electoralistas.

Los televisores retransmitirán así la antesala de campaña para las elecciones municipales de mayo. Entre tanto, sobrevuelan el avance de elecciones autonómicas, el fantasma remoto sobre una nueva DUI posjuicio, y de nuevo, el intento de investir a Puigdemont en el aire.

En primer lugar, Junqueras captará todas las atenciones desde el púlpito del alto tribunal, tras meses a la sombra. Su condición de mártir le hace sabedor de cierta autoridad a rentabilizar. "Sócrates, Séneca o Cicerón tuvieron la posibilidad de huir y no la aprovecharon", disparó en una entrevista a Le Figaro. Solo la breve huelga de hambre de Josep Rull, Jordi Sànchez, Jordi Turull y Joaquim Forn logró por momentos colocar a los representantes del PDeCAT en peor situación. Pero ERC peleará ya por ese impulso que sí tuvo Junts per Catalunya en los comicios al amparo del 155. Hasta han designado a un portavoz jurídico, Joan Ignasi Elena —ex PSC— para aunar esfuerzos comunicativos.

Puigdemont, a su vez, soportará el decreciente protagonismo de que gozaba en sus giras por Europa. "Todos sabemos donde estábamos y lo que hicimos, yo siempre he dicho que tendré paciencia hasta la sentencia, después cada uno explicará lo que tenga que explicar", se descargó esta semana. Gran esfuerzo supondrá no quebrantar la paz tensa. A sus espaldas, la tentación de haber convocado elecciones en 2017. No así la huida, que nunca supuso un demérito a ojos de la base. Al contrario, hubo quien hasta aplaudió evitar la "persecución" del Estado. Sus terminales no faltarán para representarle: se prevé a su ungido, Quim Torra, entre el público.

Así y todo, los exconvergentes no se resignarán a ser la comparsa del juicio. Atesoran un tímido —aun fulminante— as bajo el brazo. El desarrollo judicial transcurrirá en paralelo al retorno del clásico investir a Puigdemont ante el estupor de los más cafeteros. JxCAT es consciente de las críticas que supuso para el presidente del Parlament —Roger Torrent— evitar hace un año la investidura del 'expresident'. La reforma del reglamento sigue en curso desde este febrero, y de prosperar, es previsible que ERC evite como sea el dardo envenenado la desobediencia.

Torra prevé presentarse en el Parlament con una "propuesta" tras el fallo, que prevé condenatorio, para ver "si tiene mayoría" que la saque adelante

Aunque el colofón del juicio al 1-O es aún un interrogante. Torra prevé presentarse en el Parlament con una "propuesta" tras el fallo, que prevé condenatorio, para ver "si cuenta con la mayoría" que la saque adelante. Todo apunta que serían elecciones autonómicas, pero el 'president' mantiene vivo el fantasma de la DUI. "Cualquier vía democrática y no violenta", respondió sobre ese supuesto. Nuevamente, la batalla unilateralistas-bilateralistas/La Crida (en rearme) ERC sublimaría con la lucha por la hegemonía en juego. El alejamiento progresivo de los republicanos, si bien, podría ser la antesala de una coalición no independentista.

En medio del lío, Pedro Sánchez verá asimismo tambalear sus presupuestos. Pese a ello, el gran reto será para el ministro de Exteriores, Josep Borrell. Este queda al frente de enmendar los errores de Rajoy a la hora de difundir entre la opinión pública internacional los argumentos de España ante juicio a la causa soberanista. No será fácil. Empeñados en la idea "el mundo nos mira" y con el ojo puesto en Estrasburgo, el esfuerzo del independentismo será cuestionar a los principales poderes, como la Judicatura. Demostrado queda que como mejor se sobrepone el 'procés' a sus cuitas es frente a un adversario común. Aunque su mayor desafío esté en qué relato comprarán al final las propias filas.

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