Sánchez, cerca del abismo en la investidura (y del PP)

Los republicanos ven ahí una oportunidad en el martirologio de su líder para enfrentar a Puigdemont. Y si ERC no cede, los únicos brazos que le quedarán al PSOE serán los del PP

Foto: Pedro Sánchez y Oriol Junqueras en la sesión constitutiva de las cortes. (EFE)
Pedro Sánchez y Oriol Junqueras en la sesión constitutiva de las cortes. (EFE)
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Pedro Sánchez se juega buena parte de su capital político a que su investidura prospere en esta legislatura, tras una repetición electoral que no dio al PSOE el ansiado gobierno en solitario el 10-N. Y es que la situación del presidente del Gobierno bordea ya la zona de alerta con la declaración de inmunidad de Oriol Junqueras por el TJUE. Los republicanos ven ahí una oportunidad en el martirologio de su líder para enfrentar a Carles Puigdemont. Y si ERC no cede, los únicos brazos que le quedarán al PSOE serán los del PP.

Baste observar las caras de susto en la comparecencia de Pere Aragonès junto a la cúpula de ERC el jueves, para entender las contradicciones en la lucha por el espacio independentista. Agraciados por la resolución, ERC calificó de "vengativa" la justicia española. Si bien, esa era la misma cúpula que incluso tras la sentencia del 1-O pergeñó una pregunta a la militancia sobre la investidura de Sánchez —ambigua y alambicada— que les dejó las manos libres para elegir qué hacer. Una declaración de intenciones sobre su voluntad de ceder.

Pero esa comparecencia lo complicó todo, porque en política ningún gesto es fútil. Y baste observar las caras de júbilo en la sede de Junts per Catalunya para entender hasta qué punto la estrategia de ERC no depende tanto de sí mismo, como de los movimientos de Puigdemont. La primera consecuencia, de hecho, es que el sueño de Moncloa de investir a Sánchez presidente el día 30 de diciembre parece ya una quimera. ¿Qué posibilidades existirían de que ERC salga el lunes a anunciar un acuerdo, tras el revuelo judicial y la movilización en la calle?

Pues más allá del congreso de ERC de este sábado —del que se espera un cierre de filas ante la figura de Junqueras—, o del pronunciamiento que los republicanos exigen a la Abogacía del Estado sobre la sentencia, el problema de Esquerra seguirá siendo Puigdemont. Puigdemont eurodiputado, Puigdemont reunido con su partido en Perpiñán, Puigdemont beneficiado del fallo del TJUE. Y no solo eso: Quim Torra inhabilitado por desobediencia, y Laura Borràs, portavoz de JxCAT en el Congreso, imputada también. Un mártir frente a tres.

Y aunque la investidura pudiera llegar a prosperar con ERC en enero, o en adelante, los costes para Sánchez irán subiendo, en plena la lucha por el espacio soberanista. Aunque no parece quedar alternativa para Moncloa. El pecado original de esta repetición electoral consistió en creer que el PSOE podría gobernar en solitario y que sería mejor el escenario post 10-N que post 28-A. Quemado ese cartucho, es previsible que Sánchez, a riesgo de que se ponga en duda su liderazgo político, busque con ahínco intentar retener a ERC.

Pasa que si los republicanos no ceden, entonces la investidura irá al tejado de Pablo Casado. Y no estará solo ya que Vox, el rival directo del PP, tiene 52 escaños para amedrentar a los populares. Es que Vox ha encontrado un renovado nicho populista euroscéptico para aventajar a Génova: criticar a la Justicia europea —que es parte del organigrama español, también—. Se supone que el PP de Estado no puede competir en esa liga, aunque cuando el tribunal alemán de Slesvig Holstein dejó libre a Puigdemont, los populares tuvieron la misma tentación.

Pero si la presión de la investidura llega al PP, este aún podría darle la vuelta. Cabe recordar que las primeras palabras de su secretario general, Teodoro García Egea, tras el 10-N, fueron cuestionar la figura de Sánchez. Eso hace no descartar que Casado intente discutir el liderazgo del presidente socialista, eventualmente. La estrategia no tendría por qué resultar exitosa, asumido el fuerte control de Sánchez del aparato del partido. El Sánchez de hoy, y el actual reglamento del PSOE, no dan tanta fuerza a los barones como sucedió en 2016.

Sin embargo, la 'vía PP' parece latente en la política española, a juzgar por los últimos acontecimientos. Sánchez convocará la conferencia de presidentes autonómicos, que no solo servirá para atraerse al independentismo bilateral de ERC. Dicho cónclave también puede entenderse como una forma sutil de azuzar las necesidades de las comunidades —populares y socialistas— en temas clave como la financiación, o las infraestructuras… Es decir, como una forma de buscar acuerdos de Estado PP-PSOE que garantizasen la gobernabilidad.

Precisamente, esa es la misma palanca que activó Mariano Rajoy en 2016, previo a la abstención del PSOE. El expresidente aprovechó la necesidad de las baronías socialistas de tener aprobado el techo de gasto y la senda de déficit, necesarios para la elaboración de sus presupuestos autonómicos. Si no había gobierno central, no podía salir adelante nada de eso. Y de la necesidad, llegó la abstención de Ferraz. Aunque la pelota es aún demasiado incierta en el tejado del PP.

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