PP y Vox, en la calle y a los tribunales

Los líderes de la derecha, Santiago Abascal y Pablo Casado, amagaron con convertir la legislatura en el epitafio político de Pedro Sánchez

Foto: El presidente del Partido Popular, Pablo Casado (iz.), y el líder de Vox, Santiago Abascal. (EFE)
El presidente del Partido Popular, Pablo Casado (iz.), y el líder de Vox, Santiago Abascal. (EFE)
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La primera sesión de investidura de Pedro Sánchez recuperó la estampa de las 'dos Españas', exhibiendo hasta qué punto la XIII legislatura será una lucha sin cuartel entre izquierda y derecha por contrarrestar sus respectivos modelos de patria, legitimidad y democracia. A un lado del ring, Vox y Partido Popular prometían tomar la calles y los tribunales; al otro, Pablo Iglesias hacía equilibrios populistas entre los cauces de la Ley y la invitación al "empuje" de los movimientos sociales, mientras 'su' presidente Sánchez repetía "diálogo".

[La investidura de Sánchez, en directo​]

Y tal vez, izquierda y derecha se releven en el ruido de las plazas, en un intercambio de papeles sobre qué debe ser la oposición democrática. El Iglesias del 15-M afeaba ahora las "algaradas de la derecha", obviando los tiempos en que tildaba a los escraches de "jarabe democrático". Actuando ya como vicepresidente del Gobierno —esto es, del 'sistema'— el líder morado mostró su ademán institucional y complicidad con ministros del PSOE ante las cámaras. Los morados sellaron así desde ya su lealtad plena a Sánchez.

PP y Vox, en la calle y a los tribunales

Pues los líderes de la derecha, Santiago Abascal y Pablo Casado, amagaron con convertir la legislatura en el epitafio político de Sánchez. Los tambores de guerra sonaron desde fuera del hemiciclo, evocando los tiempos de la estrategia de la crispación, con una invitación a la protesta callejera. "España no se vende", corearon algunos manifestantes agolpados este sábado a las puertas del Congreso. Aunque el 12 de enero fue la fecha oficial señalada por Abascal para reunirse ante los ayuntamientos de España.

De hecho, nunca en el reciente Congreso se aludió más veces por parte del Gobierno 'in pectore' a los "enemigos a los que tendría que hacer frente" en su mandato. Lo repitió Iglesias, poniendo el acento en los "togados". Esos jueces a los que Rufián acusó de ir "en contra de la disidencia política, y de una mayoría de Gobierno". Era su queja por la decisión de la Junta Electoral Central de inhabilitar a Quim Torra y negar a Oriol Junqueras que recogiese el acta de eurodiputado. La derecha se olvidó de que eso era el Estado democrático.

Casado se comprometió a querellarse contra Sánchez si no aplicaba el 155, en caso de que Torra no dejara el cargo

Pero la izquierda independentista se erigió así en la fiel escudera de la coalición monclovita, exhibiendo hasta qué punto ERC priorizará en adelante el eje social, al territorial. Revelando tiempos de cambio en la correlación de fuerzas que une frágilmente a Moncloa con la Generalitat. Demostrando que la lucha subterránea pivotará sobre el posibilismo del frente republicano (PSOE-Podemos-ERC), y el frente autodenominado "patriótico", PP-Vox, alineados en su voto, curiosamente, con el sector puigdemontista.

Y si un estruendo crujiese los cimientos del "gobierno progresista" será la acción judicial que la oposición pretende llevar a cabo. Casado se comprometió a querellarse contra Sánchez si no aplicaba el 155, en caso de que Torra no dejara el cargo. El líder del PP hasta anunció recurso previo de inconstitucionalidad contra todo Estatut que el PSOE ofreciese —eventualmente— a Cataluña. Los populares asumían así, sin ambages, como un acierto el origen del conflicto soberanista, que fue la impugnación ante el Tribunal Constitucional del Estatut de 2006.

PP y Vox, en la calle y a los tribunales

Pero, de fondo, si una pregunta ha sobrevolado este primer debate es qué es o qué debe ser España. La patria. La coalición de izquierda hará suya la plurinacionalidad —por necesidad numérica— en adelante. Por eso, Sánchez acusó al PP de patrimonializar a España, mientras Iglesias escandalizaba a la derecha agradeciendo veladamente a Oriol Junqueras que hubiese defendido el pacto, pese a estar en la cárcel, y en contra del independentismo hiperventilado. (Quizás no dijo aquello de "presos políticos" para evitar aquel insomnio de Sánchez).

Aunque el envite de la derecha, en adelante, versará sobre la legitimidad de esta investidura, la legitimidad de este Gobierno legalmente constituido. Pero también sobre la bilateralidad en Cataluña; sobre Podemos, "los capos comunistas", según Abascal, o sobre el mismo Sánchez. "Solo desde la ultraderecha se le pregunta al líder de un partido de 120 escaños que quién es", le afeó el presidente en funciones a Casado. "Fraude electoral", redobló Vox. Y de la lucha por ese relato, que toca la esencia misma de la democracia, versará una legislatura de tribunales y protestas en las calles.

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