Yolanda Díaz, la salvación de Podemos

La ministra Díaz es la única en Podemos que hace de su gestión una forma de sobresalir en el Gobierno, porque anclarse al relato es más propio de los partidos de oposición

Foto: La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, en el Congreso. (EFE)
La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, en el Congreso. (EFE)
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La ministra Yolanda Díaz es la única en Unidas Podemos que hace de su gestión una forma de sobresalir en el Gobierno, porque anclarse al relato es más propio de los partidos de oposición, o de quienes solo protestan contra el sistema. Se comparta o se aborrezca su forma de legislar el mercado laboral, Díaz es de esas políticas susceptibles de recibir elogios entre ideologías muy distintas. Quizás, porque la exhibición de su solvencia durante la pandemia ha agravado la imagen de impericia en los demás ministros morados, incluido el vicepresidente Pablo Iglesias.

De hecho, la ministra de Unidas Podemos es pieza clave en la estrategia de Pedro Sánchez para capear la crisis económica posvovid-19. Esto es, luchar por garantizar el empleo o, en su defecto, las prestaciones sociales. Moncloa se resigna así al coste generalizado de subir los impuestos, con tal de sostener ayudas como los ERTE o el ingreso mínimo vital. Esto, en un país donde la imposición fiscal está siete puntos por debajo del PIB, en comparación con los socios europeos. Aunque en España también están muy por debajo los ingresos de los ciudadanos, un claro signo de la precarización social.

Por ello, es cuestionable que el consumo no sufra un desincentivo con la reforma fiscal, como pidió el presidente. Aunque Sánchez ha aceptado transitar el camino del gasto, porque la ciudadanía jamás perdonaría al Ejecutivo de turno perder de su principal o única fuente de ingresos. El presidente encontró así este viernes en los agentes sociales —patronal, sindicatos— la foto de la estabilidad que necesita para mandar a Europa, pendiente de las ayudas del fondo de reconstrucción.

Por ahora, el Ejecutivo no cuenta con apoyos cerrados en la oposición. El Partido Popular no está abierto a negociar los presupuestos generales del Estado, en esa pésima relación existente en el Congreso entre Pablo Casado y Sánchez. La subida impositiva complica a Inés Arrimadas el escenario político, pero la líder naranja sabe que su única vía de supervivencia como partido se juega en el terreno de una utilidad que solo puede venir de pactar las cuentas con el Gobierno. ERC, mientras, pugna por recuperar su situación de negociador preferente con Moncloa, aunque la mesa de diálogo amaga con diluirse como un azucarillo.

Ante ese escenario, Díaz es la única ministra morada que viene de batirse el cobre en la arena de la negociación laboral y la política real. A diferencia de Iglesias o Montero, no creció al albur del 15-M y la presencia mediática. Frente a Castells, no es una filósofa de la academia, que luego luce menos en el Consejo de Ministros. En oposición a Garzón, no partía de unas premisas ideológicas que la realidad del ministerio ha acabado por tumbar —como la regulación de las casas de apuestas—.

Yolanda Díaz simboliza lo que se supone que Podemos quería ser en su nacimiento: una nueva izquierda de gestión pasada por el tamiz de unos postulados renovados por la indignación. Contrario a ello, Montero abandera la batalla cultural contra Vox. Iglesias lleva una vicepresidencia que orienta esencialmente al relato morado. Garzón y Castells dirigen carteras desgajadas de otras anteriores, sin mayor lucimiento mediático. La realidad es que la ministra de Trabajo es la única que tiene competencias ejecutivas de calado, que el PSOE pagó con el coste de quitarle el ministerio a Magdalena Valerio.

Por todo ello, la salvación de Podemos es la imagen de Díaz. Si el trabajo no va, Iglesias podría ver en otoño las calles llenas de indignados, que antes capitalizaba el partido morado. Precisamente, las quejas por el retraso de los ERTE o por su dificultad para llegar a muchos ciudadanos son zona de riesgo para el partido morado. Además, en el horizonte está la polémica reforma laboral. Muy probablemente, esta dependerá antes de la situación económica, que del pacto con Bildu o del acuerdo de coalición de PSOE y Podemos.

La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, en el Senado. (EFE)
La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, en el Senado. (EFE)

Pero a Sánchez no se le escapa esa "lealtad" casi sin fisuras que hasta ahora le ha ofrecido Podemos, como deslizó en la entrevista en 'Al Rojo Vivo'. El partido morado ha hecho renuncias en varias ocasiones por ocupar el sillón ministerial, como la elección de Dolores Delgado como Fiscal General del Estado, u oponerse en un primer momento a la comisión del GAL.

La consecuencia es que Podemos ha ido tomando la forma de una plataforma personalista que se lo juega todo a Iglesias y sus ministros, después de que los críticos se hayan escindido del partido —Íñigo Errejón, Carolina Bescansa, Teresa Rodríguez…—. La fuerza de los inscritos es testimonial, dado que el secretario general de la formación morada fue reelegido en el cargo en mayo con una llamativa baja participación.

La pregunta es si Díaz podría convertirse en líder de Podemos alguna vez. Complejo, ella viene de Izquierda Unida. De momento, Iglesias le ha encomendado la campaña gallega. Afilada en el discurso y precisa en el dato, la ministra conoce los resortes de su campo y cada semana deja imágenes de dureza en el careo parlamentario apreciadas entre la izquierda. Aunque ya se sabe que el hiperliderazgo carismático de los partidos está reñido a menudo con la capacidad de gestionar la cosa pública. A la postre, el liderazgo actual de la formación morada depende del horizonte judicial del caso Dina, con un recorrido aún incierto.

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