Pablo Casado, y el revanchismo por la moción de censura a Podemos
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Estefania Molina

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Pablo Casado, y el revanchismo por la moción de censura a Podemos

La presión ambiental amaga con caer sobre los hombros de Casado tras la imputación a Podemos, por el afán de revanchismo que hay entre ciertos sectores de la derecha

placeholder Foto: El líder del Partido Popular, Pablo Casado, en Almería. (EFE)
El líder del Partido Popular, Pablo Casado, en Almería. (EFE)

La presión ambiental amaga con caer sobre los hombros de Pablo Casado tras la imputación a Podemos, por el afán de revanchismo que entre ciertos sectores de la derecha se puede extender, al recordar la moción de censura contra el gobierno de Mariano Rajoy en 2018. El Partido Popular había logrado desmarcarse hasta ahora de la moción de Vox, y legitimar su discurso reduciendo la ofensiva voxita a una riña por la hegemonía de la derecha. Sin embargo, el caso Podemos deja a Casado en una tesitura delicada, donde el líder popular deberá elegir entre aferrarse a la revancha del pasado o mantenerse firme en el intento de moderación del PP.

En primer lugar, porque el sentimiento de agravio lleva tiempo instalado en la arena polarizada del Congreso. La derecha se repuso con dificultad de la moción de censura a Rajoy en 2018, e incluso, Casado llegó a llamar a Sánchez "presidente ilegítimo" por haber obtenido la abstención de Bildu y el voto del independentismo catalán. De hecho, el arma de la no-legitimidad ya era un órdago arrojadizo antes de que Abascal hablara de "fraude electoral" tras las elecciones del 10-N del 2019. El propio Rajoy anticipó la existencia de esas pulsiones cuando aseguró que su moción de censura era legal, aunque no la compartiese.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la comparecencia en la que ha anunciado este sábado la paralización de todas las actividades no esenciales. (EFE)

En consecuencia, la posición que tome Casado será un test sobre su fortaleza para cortar la idea del 'ilegitimismo' y la revancha. El propio Vox presionaba estos días con la imputación a Podemos, asegurando que sería el detonante para tener el apoyo del PP, como una forma velada de avivar el agravio por la moción a Rajoy. Ahora bien, los populares tienen ante sí la posibilidad de ruptura con la llamada "estrategia de la crispación" ante una moción de la que, de sumarse ahora, dejaría en evidencia un giro oportunista del partido.

De hecho, Génova cometió un error al partir de la premisa de que el Ejecutivo de coalición caería por la pandemia del covid-19. Esa hipótesis ha provocado que los populares sean vistos como partido que ha fomentado la crispación en el debate público, por detrás de Vox, según Metroscopia. En cambio, la presión de algunos barones y el éxito de Feijóo en Galicia estarían detrás de los rumores sobre que Casado está dispuesto a abrazar la moderación, pese a la polémica portavoz Cayetana Álvarez de Toledo.

placeholder Pablo Casado en la tribuna de oradores del Congreso. (EFE)
Pablo Casado en la tribuna de oradores del Congreso. (EFE)

A la sazón, la posibilidad de que un rebrote agresivo del covid-19 se esté ya extiendo deja escaso margen de maniobra a Casado para golpes de efecto. Este mismo viernes, el ministro Illa convocaba una reunión de urgencia con los representantes de las Comunidades. Los líderes autonómicos son conscientes de la gravedad del cuanto peor mejor por una crisis institucional, frente a la posibilidad de un rebrote de la emergencia sanitaria.

Precisamente, la baza responsable y gestora es la única que permite ya a Casado desmarcarse del juego a Vox. El PP tiene la carta de las autonomías y el municipalismo como refugio inmediato para visibilizar su protesta contra la gestión del Ejecutivo. El filón por el remanente de los ayuntamientos se ha convertido en una forma de desgaste tangible contra Sánchez. La formación de Abascal, en cambio, solo tiene el relato y por eso anunció la moción de censura hace semanas para cabalgar sobre el agravamiento del plano socioeconómico.

Foto: l presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias, Abel Caballero. (EFE)

En segundo lugar, la prudencia llama en este momento del plano procesal del caso Podemos. De un lado, la situación no es de una sentencia en firme, sino que se encuentra en fase de investigación. A la postre, sería un error político para el PP hacer seguidismo de la moción de Abascal, si la investigación se resolviera eventualmente en nada. Es la diferencia entre un partido de Estado que actúa sobre hechos consumados, o un partido oportunista que vive de la pirueta. Asimismo, resultaría extraño que Podemos fuera el detonante de moción de censura, que se entiende contra el presidente o la gestión de todo el Gobierno, cuando sobre el PSOE no pende ninguna investigación.

Así las cosas, el principal interpelado por la situación de Podemos no debería ser ahora el PP, sino el propio Pedro Sánchez. El presidente fue el vencedor de la moción de censura contra Rajoy y quien colocó a Podemos en el Gobierno. Sin embargo, está por ver cuánto tiempo Sánchez podría sostener la imputación del partido morado, si esta prosperase de forma desfavorable. Quizás la estrategia sensata para el PP de la moderación no sea ya hacerle el juego al revanchismo de Vox, sino esperar a su momento oportuno, tomando solo entonces la propia iniciativa.

La presión ambiental amaga con caer sobre los hombros de Pablo Casado tras la imputación a Podemos, por el afán de revanchismo que entre ciertos sectores de la derecha se puede extender, al recordar la moción de censura contra el gobierno de Mariano Rajoy en 2018. El Partido Popular había logrado desmarcarse hasta ahora de la moción de Vox, y legitimar su discurso reduciendo la ofensiva voxita a una riña por la hegemonía de la derecha. Sin embargo, el caso Podemos deja a Casado en una tesitura delicada, donde el líder popular deberá elegir entre aferrarse a la revancha del pasado o mantenerse firme en el intento de moderación del PP.

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