Pedro Sánchez resucita a sus barones para hundir al PP
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Estefania Molina

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Pedro Sánchez resucita a sus barones para hundir al PP

Eso es así porque las elecciones municipales y autonómicas serán claves para que el presidente del Gobierno resista en la Moncloa más allá de 2023

Foto: 40º Congreso Federal del PSOE. (EFE)
40º Congreso Federal del PSOE. (EFE)
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Pedro Sánchez se dispone a resucitar a sus barones en el Congreso federal del PSOE de este fin de semana en Valencia, inmolando el 'presidencialismo' que había caracterizado su figura desde 2018, y que venía debilitando profundamente la fortaleza de sus líderes territoriales. Eso es así porque las elecciones municipales y autonómicas serán claves para que el presidente del Gobierno resista en la Moncloa más allá de 2023, por la probable concurrencia de esos comicios en año de generales. Si bien, el Partido Popular venía exhibiendo desde hace meses un potencial superior al socialista en el tejido territorial. Es decir: un PP más regionalista y parecido al PSOE de hace 15 años, que el propio PSOE actual —esta es una ventaja que Sánchez buscará ahora revertir—.

Eso es así porque hasta la propuesta del presidente del Gobierno sobre desconcentrar instituciones del Estado para sacarlas de Madrid y repartirlas por la España tildada de "periférica", el PSOE venía dando una imagen de partido algo centralista en el reparto y manejo del poder. Ello, pese a haber reivindicado tradicionalmente el federalismo en su programa político frente al patriotismo del PP. Si bien, ese centralismo socialista respondió durante el período 2018-2021 a intereses electorales, con cierta impronta de su máximo asesor, Iván Redondo, uno de los cerebros de la estrategia presidencial.

En primer lugar, por cómo las campañas autonómicas se venían orquestando desde la Moncloa, como si de una plataforma electoral se tratara, en vez de un partido federal. De un lado, enviando en algunos casos ministros a ganar las elecciones. Por ejemplo, pese a ser miembro del PSC, Salvador Illa se benefició de su gestión ministerial para ganar los comicios en Cataluña. En otros casos, no se apostó por la fortaleza del tejido regional del PSOE o se descuidó directamente su revitalización. A saber, en Madrid se tiró de Ángel Gabilondo para capear el temporal el pasado 4-M, a falta de ningún candidato potente de la cantera. E incluso, se sacó a la arena de juego a la exsecretaria de Estado Hannah Halloul, o se prometió el salto de la ministra Reyes Maroto como vicepresidenta autonómica, si Gabilondo gobernaba.

Foto: Sánchez hace una foto junto a invitados del 40º Congreso del PSOE. (EFE) Opinión
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En segundo lugar, ese centralismo en la comprensión del poder ha bebido también de los pactos de Sánchez con el independentismo. A saber, porque la articulación de la base parlamentaria del gobierno de España es en torno a Esquerra Republicana. Eso, y el agravio discursivo que ello pudiera causar en otros territorios como Extremadura, Castilla-La Mancha, o en Andalucía.

Aun así, las causas profundas del presidencialismo en Sánchez, frente a sus barones, deben encontrarse también en cómo el líder volvió al poder del partido tras ganar las primarias de 2018. El hoy secretario general construyó en parte su proyecto sobre la revancha de los barones, que le destronaron aquel 1 de octubre de 2016. Por ejemplo, con la reforma del reglamento para laminar el comité federal y darle más poder a la militancia del partido fue de las primeras decisiones que tomó a su regreso. El objetivo oficial: 'democratizar' el PSOE rebajando la fuerza de los cargos orgánicos intermedios. El sentido abstracto: que los barones nunca más pudieran echarle.

Sin embargo, aquella decisión marcó un antes y un después en la configuración del PSOE, haciendo saltar por los aires el modelo clásico de baronías descentralizadas. De ser un partido federalista en ideología y también en estructura orgánica, el PSOE pasó a ser un partido presidencialista, a imagen y semejanza del líder. Los procesos de primarias, pese a ser una demanda surgida de la ruptura del sistema político en 2015, muy a menudo se han saldado con la cesarización de las formaciones políticas. Esto es, líderes de difícil contestación, por la laminación de los contrapesos internos —véanse los casos también de Podemos o Ciudadanos—.

Lo llamativo es cómo en el PP la debilidad orgánica de Casado ha provocado que parezca hoy un partido reino de taifas

Ejemplo de ello es que estos años se ha notado un declive contestativo en los barones del PSOE. De poner el grito en el cielo para evitar los pactos con el independentismo o Podemos en 2015, a alguna queja tenue —muy diluida a ratos en figuras como Emiliano García-Page— sobre las mesas de diálogo con la Generalitat, o la forja del Ejecutivo de coalición con Unidas Podemos en 2020. Aunque un factor clave para lograr la paz de las baronías ha sido el ocupar la Moncloa, con las victorias de Sánchez en 2019 —que beneficiaron a sus barones escépticos, logrando incluso algunos la mayoría absoluta—.

Así, la consecuencia de todo ello es que el factor de la estructura orgánica, cada vez más presidencialista en el PSOE, acabó haciendo de este un partido de cosmovisión muy centralista, en oposición al discurso federalista clásico. En paralelo, lo llamativo en este tiempo es cómo en el PP se ha dado el proceso contrario: la debilidad orgánica de Pablo Casado ha provocado que el PP parezca hoy un partido reino de taifas.

Pasa que por mucho que Casado haya hecho una convención pregonando el mantra de que hay "un PP de Casado", los PP reconocibles son los regionales: el gallego de Feijóo, con un discurso ruralista-galleguista, el de Ayuso, madridcentrista, el de Juanma Moreno, con aires andalucistas y moderados. Ese PP de las regiones era la principal baza de los populares, asumido el auge del neocantonalismo en España: la creación de partidos-provincia en diversos territorios para hacer valer sus intereses en el tablero nacional. Incluso, era la baza principal para aupar a Casado hasta la Moncloa.

Foto: Pedro Sánchez e Isabel Díaz Ayuso. (EFE) Opinión

Sin embargo, el discurso territorial de Génova 13 golpea esa inercia ventajosa. Primero, por la competición descarnada con Vox por la "españolidad", que actúa a la contra de los particularismos regionales que demandan ciertas regiones. En segundo lugar, porque Isabel Díaz Ayuso marca hoy la pauta del relato territorial del PP nacional, lastrando al resto de barones periféricos. Un ejemplo es cómo el presidente andaluz, Juanma Moreno, acabó pidiendo fórmulas para desconcentrar, pero sin que Madrid perdiera valor.

Por su parte, Sánchez lleva tiempo rearmándose, y no solo con la propuesta de la desconcentración de esta semana. El presidente ya mostró visos de cambio cuando introdujo una serie de ministras del tejido municipalista —Isabel Rodríguez, Diana Morant…— en la remodelación del gobierno. Y es que el PSOE no está dispuesto a perder su bandera federalista, que tanta ventaja le puede dar para asegurarse los territorios, y por ende la Moncloa. Pero la realidad es que el PP de Casado, mientras siga cooptado por el discurso madridcéntrico de Ayuso, perderá toda ventaja que pudiera haber logrado en este tiempo en los territorios de la llamada "periferia" española. 'Quid pro quo'.

Pedro Sánchez se dispone a resucitar a sus barones en el Congreso federal del PSOE de este fin de semana en Valencia, inmolando el 'presidencialismo' que había caracterizado su figura desde 2018, y que venía debilitando profundamente la fortaleza de sus líderes territoriales. Eso es así porque las elecciones municipales y autonómicas serán claves para que el presidente del Gobierno resista en la Moncloa más allá de 2023, por la probable concurrencia de esos comicios en año de generales. Si bien, el Partido Popular venía exhibiendo desde hace meses un potencial superior al socialista en el tejido territorial. Es decir: un PP más regionalista y parecido al PSOE de hace 15 años, que el propio PSOE actual —esta es una ventaja que Sánchez buscará ahora revertir—.

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