Empresarios “desesperados” ante el incendio

La entrevista Rajoy-Mas no se celebrará hasta el miércoles 30, el día antes que España y Cataluña –en esto son iguales– cierren por vacaciones. La razón

Foto: Cadena humana por la independencia catalana. (EFE)
Cadena humana por la independencia catalana. (EFE)

La entrevista Rajoy-Mas no se celebrará hasta el miércoles 30, el día antes que España y Cataluña –en esto son iguales– cierren por vacaciones. La razón es que Rajoy no ha querido una entrevista ‘discreta’ (Mas creía que era más oportuna para explorar soluciones), sino que ha preferido colocar al presidente de la Generalitat ante los focos. Y no lo recibirá –además– hasta haberse visto con Pedro Sánchez el lunes 28, con el que no podía quedar antes porque oficialmente no será líder del PSOE hasta el día anterior.

Mas se enfrenta pues a un difícil encuentro semipúblico con Rajoy (con micrófonos a la entrada y a la salida), prisionero de su pacto con Junqueras de finales del 2012 en el que para ser elegido presidente se comprometió con ERC no sólo a celebrar una consulta sino a hacerla (salvo permiso del socio) en el transcurso del 2014. Y ahora está atrapado. No puede desatascar el conflicto con Rajoy aunque, cosa nada fácil, los dos quisieran llegar un entendimiento, porque está prisionero de aquel pacto que además, imprudentemente, al acordar las dos preguntas de la consulta, ha extendido no sólo a ICV, un partido responsable, sino también a las CUP.

Y pese a que Mas es un profesional que afronta sus compromisos y ruedas de prensa sin dejar traslucir su estado de ánimo, el lunes –cuando presentaba como un hecho “normal” la renuncia de Duran i Lleida a la secretaría general de la federación CiU– noté que su lenguaje corporal indicaba tensión, mucha tensión. No es para menos. Tras asegurar una y otra vez que una Cataluña independiente seguiría en la Unión Europea y el euro, se ha encontrado con tres bofetadas.

La dimisión de Duran i Lleida de la secretaría general de la federación CiU, presentada por Artur Mas y el propio Duran como algo hablado desde hace tiempo y normal, es en realidad un preaviso de divorcio para el caso de que finalmente Mas emprenda el camino hacia una declaración unilateral de independencia tras el 9 de noviembre

La primera –la de menor entidad pero humillante– es que su eurodiputado en Bruselas, Ramón Tremosa, un soberanista que mira por encima del hombro a los no soberanistas, va a tener que compartir grupo parlamentario europeo (el liberal) con los ‘españolistas’ de UPyD y Ciudadanos. Las otras dos son de mayor calibre. El nuevo presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, afirmó en una comparecencia ante el grupo de Los Verdes que “en la UE no se entra con una carta”, en alusión algo despectiva a la misiva que Artur Mas envió hace unos meses a los jefes de Estado de la Unión Europea. Más grave: la señora Merkel –que parece ser la figura política europea con más poder y a la que algunos atribuyen la inspiración del plan de austeridad de Zapatero de mayo del 2010 y la dimisión de Berlusconi como primer ministro italiano poco después– contestó a un periodista español que le inquiría sobre el proceso catalán con cierta rotundidad: “Estamos a favor de la integridad territorial de todos los Estados, lo que es completamente distinto a que las regiones se vuelvan independientes y se organicen ellas”. Más claro el agua, y el diario catalán más próximo al independentismo, el Ara, no dudo en hablar del “nein” de Merkel.

Además, el pasado fin de semana Mas contempló como el acoso y derribo de Pere Navarro en el liderazgo del PSC –al que su aparato de propaganda contribuyó con entusiasmo como antes había hecho con José Montilla– no se traducía en más soberanismo, sino en su relevo por Miquel Iceta, que piensa casi exactamente lo mismo que Navarro sobre el encaje de Cataluña en una España federal, pero que tiene más oficio parlamentario y es mejor polemista.

Y el primer dardo que ha lanzado es afirmar que la consulta será necesaria para cerrar el contencioso, pero que sólo puede ser legal y pactada (lo mismo que dice Duran i Lleida). E Iceta ha propuesto además una pregunta que busca la permanencia de Cataluña en España a cambio de que se le reconozca su carácter de nación, se alcance un pacto fiscal solidario (sin los privilegios del vasco o navarro) y se blinden las competencias catalanas en materia de lengua y educación.

Y el dardo ha hecho diana porque es una fórmula que apoyaría una mayoría de ciudadanos catalanes (si se pudiera conseguir) según la encuesta de El País del pasado domingo. Un 38% de los catalanes (contra un 31% que se declaran a favor de la independencia y un 19% que apoyan el statu quo) cree que lo mejor es que Cataluña siga formando parte de España pero “con nuevas y blindadas competencias en exclusiva como plantea la tercera vía”. La misma encuesta dice que el 35% piensa que el presidente Mas debe mantener la consulta del 9 de noviembre, apoyo nada despreciable frente al 21% que le pide que la aplace, pero inferior al 39% que cree que lo mejor sería que Mas mantuviera la idea de la consulta pero negociando la forma y el momento de su celebración con el Gobierno español para que sea legal.

Y es relevante que la opinión mayoritaria de los catalanes –que está muy lejos de las posiciones del PP pero que tampoco suscribe el catecismo nacionalista– es compartida por el mundo económico. El presidente del Foment, Joaquim Gay de Montellà, lo explicita con creciente insistencia y los dos banqueros catalanes (Isidre Fainé de CaixaBank y Josep Oliu del Sabadell) dicen lo mismo con fórmulas más ‘diplomáticas’.

Pero además, el lunes PricewaterhouseCoopers dio a conocer una encuesta entre algo más de un centenar de empresarios en la que la mayoría “pide diálogo entre los dos gobiernos casi con desesperación” (Price dixit). Así el 68,9% exigen una solución negociada (31,1%), la reforma de la financiación autonómica y otras cuestiones (22,2%) o la reforma de la Constitución (15,6%). El 26,7% son partidarios de la consulta que plantea Artur Mas y sólo el 4,4% apuestan por la independencia. Interesante, aunque no hay duda de que este último porcentaje subiría en una encuesta que abarcara a la pequeña y mediana empresa.

Aunque ojo, porque el tenaz Josep González, presidente de Pimec, patronal que suscribe el derecho a decidir, fue recibido por Mariano Rajoy la semana pasada y luego afirmó a la prensa, satisfecho, que ni él ni Rajoy habían sacado el asunto de la consulta porque “nosotros vamos a lo nuestro, defender a la pequeña y mediana empresa”.

Según una encuesta de PwC a grandes empresarios catalanes, el 68,9% desea desesperadamente soluciones negociadas al proceso soberanista y el 45,6% cree que ya está perjudicando las futuras inversiones empresariales

¿Qué dicen estos porcentajes? Pues lo que ya he sostenido en esta columna, que la mayoría de los catalanes exige más autogobierno, e interpretó como un rechazo a esa aspiración la sentencia del Constitucional (y el proceso que condujo a ella) pero que no es independentista porque no quiere romper con España o porque cree que no le conviene a Cataluña (o por las dos cosas). Por eso Mas se ha equivocado al emprender –jaleado por un grupo de (hace unos años) jóvenes independentistas que tienen poco que ver con la CDC tradicional, un partido catalanista-centrista atrapatodo– un camino demasiado estrecho y bastante sectario. Es cierto que una parte importante de la sociedad catalana (las encuestas hablan de algo más del 40%) simpatiza con el independentismo, pero estos se sienten ahora más identificados con Oriol Junqueras, el líder de ERC.

Por eso la educada carta notarial de aviso de divorcio y de tregua provisional de Duran le ha sentado mal a Mas. Intuye que el entierro del gran invento (la poliédrica CiU de Pujol) es perder un activo, pero sabe que Duran no le seguirá en una Declaración Unilateral de Independencia a la que parece encaminado. Por eso si debe haber ruptura –Duran tampoco la quiere pero ha llegado a la convicción de que Mas está atrapado– al menos que sea sin escándalo y que llegue lo más tarde posible. Y Mas no ponía el lunes buena cara ante el preaviso de divorcio de Duran.

Pero el president es un profesional dedicado y cumplidor. Educado en Aula (una escuela de élite montada por un pedagogo que abandonó el Liceo Francés porque creía que se debía exigir más disciplina y esfuerzo) está dispuesto a atender todos los compromisos convenientes para su objetivo. Así, mientras intentaba poner (sin conseguirlo demasiado) buena cara al mal tiempo (el inicio del divorcio de Duran) debía pensar que aquel mismo día almorzaba con Miquel Iceta, el nuevo líder del PSC.

CiU y el PSC han sido los dos grandes partidos catalanes, los dos grandes rivales pero –a diferencia del PP y el PSOE– siempre ha habido alguna complicidad. Los dos se forjaron en la oposición a la dictadura de Franco y los dos son catalanistas. ¿Puede ser Iceta ahora –cuando tanto CiU como el PSC han perdido muchas alas– un aliado si Mas se separa de Junqueras? Hoy por hoy la gran dificultad es la nueva CDC que ha asumido la ideología independentista de ERC. ¿Cómo puede un independentista –aunque sea sobrevenido– romper con otro independentista (más antiguo) para aliarse con un socialista ligado al socialismo español? Difícil, muy difícil. Pero tampoco imposible. Como alumno de Aula, Mas sabe que debe contemplar todas las posibilidades.

Y por la tarde le quedaba asistir a la presentación de la encuesta de PwC con los grandes empresarios. Y mostrarse contemporizador pese a la brecha que se ha abierto con los que hace poco eran su gran sostén (recordemos que en la campaña del 2010, Mas se presentaba como business friendly). No es que los empresarios no compartan su objetivo independentista, es que, según Price, el 45,6% cree que el proceso independentista está teniendo un impacto negativo sobre las inversiones empresariales y algo más de los dos tercios opinan que ya ha tenido malas consecuencias sobre las relaciones económicas y empresariales con el resto de España.

Artur Mas está atrapado porque ha querido correr demasiado por una senda que llena las calles de manifestantes para protestar y gritar independencia pero que todavía no ha conquistado la centralidad catalana. Pero el gobierno de Madrid haría mal en cantar victoria. Hay momentos en los que la protesta sube como la espuma (está pasando) y el incendio provocado por el PP, al recurrir un Estatut que ya había sido votado en referéndum tras hacer una campaña callejera en contra exigiendo un referéndum ilegal en toda España, y Artur Mas al inclinarse por la aventura independentista, puede escaparse a todo control y racionalidad porque está avivado por la gasolina de una larga y dura crisis económica.

Sólo así se entiende que en la encuesta de El País, que muestra una Cataluña que prefiere una solución basada en el diálogo y el pacto, un 55% asegure que no cree que una Cataluña independiente tuviera que abandonar el euro y un 47% afirma que no quedaría fuera del Banco Central Europeo. Y, siempre según El País, en unas elecciones generales ERC se sitúa como primera fuerza con una intención directa de voto del 15,2% seguida de cerca por Podemos (13,45%). Es evidente que dos políticos responsables intentarían apagar el incendio en vez de lanzarse mutuamente las culpas de que las llamas sean cada día más altas. ¿Será eso lo que pase el próximo miércoles?

Confidencias Catalanas
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