Torra y Puigdemont en caída libre

El 'president' es derrotado en el Parlament por una moción del PSC y la lista de Puigdemont se estrellará frente a ERC en las próximas elecciones

Foto: El primer secretario del PSC Miquel Iceta (i) y la portavoz del grupo socialista, Eva Granados (c), durante el pleno del Parlament convocado el jueves en el que se votó una moción. (EFE)
El primer secretario del PSC Miquel Iceta (i) y la portavoz del grupo socialista, Eva Granados (c), durante el pleno del Parlament convocado el jueves en el que se votó una moción. (EFE)

Tal como escribí el pasado miércoles, la realidad catalana se está moviendo. No a alta velocidad, pero sí en la buena dirección: el independentismo más ultra y dogmático pierde fuerza pese a que el juicio del Supremo podría haberle fortalecido.

Esta semana ha sido interesante. El Parlament, el mismo que invistió a Torra hace poco más de un año, aprobó el jueves una moción del PSC en la que se le exige que se someta a una moción de confianza o convoque elecciones vista la inoperancia del Govern que ha sido incapaz de presentar el proyecto de Presupuestos del 2019. El éxito de esta moción implica que el independentismo ha extraviado —no, exactamente, perdido— su mayoría parlamentaria y que Torra es un presidente cada vez más solo.

Por otra parte, la encuesta del CEO del viernes sobre las próximas elecciones legislativas y unas eventuales autonómicas confirma la perspectiva alcista de ERC y el PSC que, basado en otros indicadores, ya comenté el miércoles y, más relevante, la caída libre en las próximas elecciones del personalista artefacto electoral en el que Puigdemont ha convertido al PDeCAT y a la antigua CDC. Personalista hasta el extremo de que en la provincia de Girona la candidatura al Senado está encabezada por su amigo íntimo y financiador, Josep María Matamala, y la del Congreso por su abogado, Jaime Alonso Cuevillas.

La CUP apoya con su ausencia la moción del PSC, harta de un 'president' que verbalmente defiende la insurrección pero luego retira los lazos amarillos

Vamos primero a la derrota parlamentaria de Torra. La diversa oposición al gobierno independentista, aunque se uniera toda, no tiene mayoría para una moción de censura. Y por eso Inés Arrimadas, la líder hasta ahora de Cs en Cataluña, no la ha presentado nunca y se ha limitado a una dura oposición verbal, con algunas iniciativas sorprendentes como el viaje a Waterloo para protestar ante Puigdemont. Estas iniciativas han hecho ruido y molestado al separatismo, pero no han socavado su gobierno. Puigdemont, por ejemplo, salió reforzado en su liderazgo del secesionismo por el viaje a Waterloo.

Miquel Iceta y Eva Granados, la muy activa portavoz socialista, tienen oficio parlamentario y han encontrado la fórmula para demostrar que la mayoría independentista, que al principio de la legislatura era de 70 diputados, ha ido perdiendo fuerza hasta convertirse en minoría. Así el pasado jueves la moción socialista, con 62 votos a favor, derrotó al Gobierno que solo tuvo el apoyo de 61 diputados.

El presidente de la Generalitat, Quim Torra. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Quim Torra. (EFE)

La moción salió adelante por tres motivos. El primero es que logró reunir a todos los partidos con conexión española. Desde el PP a Podemos pasando por Cs y por el propio PSC. El segundo —la gran sorpresa que el secesionismo no esperaba— es que la CUP prefirió votar de facto a favor del PSC —criticando a fondo a Iceta y ausentándose en la votación— que sacar las castañas del fuego al 'president' Torra en el que cada vez confían menos; porque hace un discurso unilateral y maximalista, pero a la hora de la verdad no se atreve, o no quiere, o cree que no es el "momentum" oportuno, a violentar la legalidad. No se puede estar todo el tiempo diciendo que no hay marcha atrás, que Cataluña ya es una república independiente, que no se retirarán los lazos amarillos de la Generalitat porque la Junta Electoral Central es un organismo español y, al mismo tiempo, presentarse a unas elecciones españolas sometidas a la ley electoral española. Y acabar quedando en ridículo al retirar finalmente los famosos lazos. Cada día se ve más la farsa o la tomadura de pelo.

El maximalismo de Carles Puigdemont ha reducido de 66 a 61 escaños la fuerza parlamentaria del independentismo

Pero la razón fundamental es la tercera, la intransigencia de Puigdemont, que todavía debe creer que puede ser investido por el parlamento actual, y su obsesión por hacer obedecer a ERC o, caso contrario, desacreditarla. Las dos coaliciones que apoyan al gobierno, JxCAT y ERC, tenían al principio de la legislatura 66 diputados sin contar con la CUP. Podrían pues haber derrotado tranquilamente la moción por 66 a 62. Pero Puigdemont se negó a dimitir cuando el juez Llarena decretó su inhabilitación al ser procesado por rebelión y arrastró a esta decisión a otros tres diputados de JxCAT (Jordi Sánchez, Jordi Turull y Josep Rull) así como a Toni Comín, formalmente de ERC pero que está con él en Bruselas. El independentismo quedó así reducido a 61 diputados, pero no —como dice Torra— por la decisión del juez Llarena porque este cuidó que la inhabilitación personal no alterara los equilibrios políticos y permitió que los diputados afectados abandonaran el acta provisionalmente, pero delegaran su voto en la dirección del grupo parlamentario.

A esta decisión de Llarena se sometieron Oriol Junqueras y Raül Romeva y por eso fueron criticados. Por obedecer a Llarena. Pero el resultado es que el independentismo perdió solo 5 diputados. Si Junqueras y Romeva hubieran seguido la locura de Puigdemont de no aceptar la inhabilitación habría perdido no 5 escaños sino 7 y la moción del PSC habría ganado no por 62 a 61 sino por 62 a 59. Si Puigdemont y los diputados de JxCAT enjuiciados, hubieran actuado como Junqueras y Romeva, el PSC no habría logrado su objetivo pese a la abstención de la CUP. La principal causa de la pérdida de fuerza del independentismo es pues la actitud maximalista de Puigdemont y su continuo enfrentamiento con ERC.

Carles Puigdemont, Oriol Junqueras, Jordi Turull y Raül Romeva. (Reuters)
Carles Puigdemont, Oriol Junqueras, Jordi Turull y Raül Romeva. (Reuters)

El 'president' Torra ha dicho que no piensa hacer caso de la moción, lo que puede hacer pese a que jurídicamente y políticamente —ha dicho siempre que solo obedecerá las decisiones soberanas del parlamento catalán— estaría obligado, pero su autoridad moral está cada día mas debilitada y se acentúa así su pérdida de relevancia. Es ya un presidente en fase terminal y con muy poca capacidad política. Excepto, claro, la de intentar extravagancias que luego no puede cumplir.

De esta forma la irritación de ERC con Torra y con Puigdemont crece exponencialmente. Acusan a Puigdemont de tener la culpa de la actual fragilidad parlamentaria del independentismo. La tormenta entre JxCAT y ERC es cada día más fuerte y las próximas elecciones legislativas, municipales y europeas, a las que se presentan en listas enfrentadas, no puede sino aumentarla.

ERC y el PSC serán los primeros en las legislativas y la lista de Puigdemont perderá la mitad de sus votos en las próximas elecciones

La encuesta del CEO, Centre d'Estudis d'Opinió, una especie de CIS catalán, no es menos importante porque confirma lo ya apuntado en los últimos artículos. El dato más relevante es que Junqueras, el líder de ERC que está en la cárcel y contra el que dispara continuamente JxCAT, es el político catalán más valorado con un 6,57 (en una escala de 0 a 10) mientras que Puigdemont suspende con solo un 4,65.

Además, en las próximas legislativas los partidos separatistas reúnen solo el 39,1% de los votos (tuvieron el 47% en las últimas autonómicas) mientras que los constitucionalistas (PSC, Cs y PP) les superarían con el 41,3%. El resto iría a En Comú Podem (15,4%) el partido de Pablo Iglesias y de Colau que desciende y que no aboga por la independencia, pero coindice con el independentismo es exigir el referéndum. Si el separatismo sigue afirmando que representa a toda Cataluña, si el 28-A solo obtiene el 39,1% de los votos perderá toda credibilidad política. Con el 47% ya exigía mucha cara dura, con el 39%...

Yendo a la proyección de escaños del CEO, el primer partido sería ERC que subiría de 9 hasta un máximo de 15 mientras que la puigdemontista JxCAT podría perder hasta 3 y quedarse con 5. Así JxCAT obtendría solo el 12,1% de los votos frente al 24,5% de ERC y el 23,7% del PSC que, impulsado por la desinflamación y por la presencia ministerial de Meritxell Batet y Josep Borrell, pasaría de 7 hasta 11 o 13 diputados.

El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont. (EFE)
El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont. (EFE)

Cierto que el CEO, un organismo oficial de la Generalitat, dice también que ERC y JxCAT podrán revalidar su mayoría absoluta en unas futuras elecciones catalanas. Aquí surgiría una pregunta sin respuesta: ¿Cuándo los catalanes expresarían mejor su voluntad, cuando votan en las legislativas —normalmente más concurridas— o en las autonómicas, o en un hipotético referéndum binario con solo dos opciones?

Con todo, el declive de Puigdemont también lo certifica la encuesta sobre las elecciones catalanas ya que el independentismo solo salvaría su mayoría por el fuerte ascenso de ERC, que pasa de 32 a 43 escaños mientras que Puigdemont baja de 34 a 22. También la CUP le roba votos a Puigdemont, que no ha cumplido su promesa de volver a Cataluña si ganaba las elecciones del 2017, subiendo de 4 a 8 escaños.

La conclusión es doble. Una, el independentismo sigue fuerte, pero va perdiendo hegemonía. Dos, el independentismo más radical de Puigdemont y Torra se desploma en beneficio de ERC que tiende —no sin incoherencias— a posiciones más razonables.

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