Podemos, del conflicto íntimo a la huelga general

Podemos contempla esta semana como una operación de comunicación para lanzar en tres capítulos una estrategia política distinta a la anunciada hace un par de meses

Foto: Varias personas sostienen una pancarta esta tarde en la plaza de Neptuno de Madrid, convocadas por la Coordinadora 25-S dentro de la iniciativa Rodea el Congreso. (EFE)
Varias personas sostienen una pancarta esta tarde en la plaza de Neptuno de Madrid, convocadas por la Coordinadora 25-S dentro de la iniciativa Rodea el Congreso. (EFE)

Activo la aplicación del móvil y compruebo el dato. Sigue en el 2%. Vuelvo a preguntarme si esa cifra acabará llenando más minutos de televisión en la investidura de Rajoy que la propia votación parlamentaria. El hecho de que las probabilidades de lluvia sean tan bajas facilitará la movilización que circula por las redes sociales. Rodea el Congreso.

¿Cuántas personas acudirán? No hacen falta demasiadas. A partir de 5.000 ya puede hablarse de éxito, no en términos de movilización, pero sí en términos de comunicación, que es lo que importa ahora.

Con ese volumen, la plaza de Neptuno ya empieza a ser el escenario adecuado para redes y directos televisados. Cierren los ojos e imaginen la masa humana frente a las 'lecheras' policiales, los cascos y las porras de los antidisturbios, y las altas vallas rodeando el perímetro del Congreso. La estética de la revolución, esa es la imagen.

El guion no parte de cero. El escrache a Felipe González en la Universidad Autónoma anticipa lo que viene con la misma claridad que lo expresado por los líderes de Unidos Podemos.

Desconocemos el resultado que tendrá la movilización prevista para este fin de semana, incluso si llegará a celebrarse. Pero parece claro que Podemos contempla esta semana como una operación de comunicación para lanzar en tres capítulos —Zarzuela, primera y segunda votación— una estrategia política distinta a la anunciada hace un par de meses. Aquello de ser una “ejército regular” en el Parlamento ya es historia, ahora la calle es el camino.

Las cosas han cambiado por el enfrentamiento entre Iglesias y Errejón. Pablo sabe que las opciones de Íñigo aumentarían si el desempeño del partido se limita a las instituciones. Y sabe también que su antiguo amigo, su enemigo más íntimo, no anda descalzo de apoyos internos. Y como lo sabe, ha trabajado para que su enfrentamiento personal acabe condicionando toda la estrategia política de Podemos.

La decisión de ampliar el teatro morado de operaciones a las calles y viralizar el descontento social contiene una función —blindar a Iglesias como líder de Podemos— y una derivada —la carrera por el liderazgo de la oposición—.

En esa lucha con el PSOE, como en todas, el terreno siempre es un factor decisivo. En el Congreso, los socialistas pueden competir con los podemitas. En la calle no puede decirse lo mismo.

Para que la mecha de la movilización social prenda y Podemos pueda levantarse como contrapoder, tienen que darse tres condiciones necesarias:

  • Tendría que cuajar en la opinión pública la idea de que la abstención socialista es una “rendición a las élites” y no un acto de responsabilidad con España.

  • El malestar social tendría que volver a los niveles de la época del 15-M. Hoy es menor que entonces por la recuperación económica, pero los recortes anunciados desde Bruselas pueden revertir la situación.

  • Más desprestigio de la democracia —todavía más—. Retomar el eje discursivo populista —“los de arriba frente a los de abajo”— y transformarlo en una broca con la que taladrar la legitimidad del sistema político.

Apuesto a que si definitivamente hay movilización, Iglesias saldrá del Parlamento y se hará la foto

Por lo tanto, no parece arriesgado anticipar que los incendiarios discursos de Iglesias durante la investidura de Rajoy conjuguen esos tres elementos:

  • “Triple alianza” —PP, PSOE y Ciudadanos— con el objetivo de arrinconar a los socialistas.

  • Descontento social: la pobreza y la amenaza de los recortes inminentes.

  • Democracia debilitada bajo un Gobierno marcado por la corrupción e incapaz de dialogar para dar respuesta a los grandes problemas del país.

Creo que de momento se quedará ahí, tiempo tendrá para hablar de la legitimidad del pueblo frente al secuestro de la democracia llevado a cabo por las élites. Y apuesto a que si definitivamente hay movilización, Iglesias saldrá del Parlamento y se hará la foto.

¿Qué puede pasar después? Las movilizaciones sociales son procesos acumulativos en los que cada paso encuentra su impulso en el anterior. Pero los movimientos sociales también son redes —personas y colectivos conectados— y las conexiones de las mareas de sanidad o educación no se han esfumado. Puede que los primeros calores sociales de la primavera vengan desde esos ámbitos. Y para mayo podría haber hasta lugar y fecha: 15-M, Puerta del Sol.

En el caso de que se cumplan esos hitos, el horizonte de huelga general en 2017 sería verosímil. No será fácil, porque parar España pasa por paralizar los sectores estratégicos (el transporte, el comercio, los grandes centros industriales y la Administración). Y eso solo puede hacerse con el concurso de los sindicatos. Por eso, Podemos, que es un partido de izquierdas sin pata sindical, tendría que activar dos movimientos simultáneos:

  • La vía de la penetración en las organizaciones sindicales.

  • La generación de una ola social que arrastre a los sindicatos para no quedarse atrás.

Es obvio que esa paralización del país desde las calles funcionaría para Podemos como un trampolín hacia las urnas, ese es el objetivo.

Los materiales inflamables son así, la misma cerilla que vale para encenderlo todo sirve para dejar a cualquiera consumido

Pero también lo es que todos los planes funcionan bien sobre el papel. El mapa del que hablamos no es sencillo. Montar una estrategia extraparlamentaria con 70 diputados tiene sus dificultades, porque la dinámica del Congreso es absorbente. Allí hay que pronunciarse todos los días, y cuando pase un año, el PSOE y Podemos habrán votado lo mismo el 80% de las veces. Lo veremos. También veremos, por cierto, a Rajoy jugando con otras cartas la próxima partida.

¿Es posible que Podemos llegue a promover una huelga general? El plan es crear las condiciones que permitan alcanzar esa desembocadura. Pero también podría ocurrir que Iglesias acabe devolviendo el bipartidismo al paisaje político español. Los materiales inflamables son así, la misma cerilla que vale para encenderlo todo sirve para dejar a cualquiera consumido. 

Crónicas desde el frente viral
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