Iglesias, tú antes molabas
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Pablo Pombo

Crónicas desde el frente viral

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Iglesias, tú antes molabas

¿Ha sido Iglesias mejor que los demás en este debate tan decisivo? Cuestión de gustos, podrían decirme ustedes. Hagamos la pregunta de otra manera. ¿Ha sido Pablo mejor que Pablo?

placeholder Foto: Pablo Iglesias en la segunda jornada de debate en el Congreso. (EFE)
Pablo Iglesias en la segunda jornada de debate en el Congreso. (EFE)

Según se acercaba la investidura, venía creciéndome la impresión de que los chicos de Podemos verían la semana como la oportunidad de lanzar una película en tres capítulos. Objetivo: fijar a Pablo Iglesias como líder de la oposición.

Esa historia, que mentalmente titulé como 'El show de iglesias', tiene un principio (la visita a Zarzuela y el anuncio de que Podemos hará oposición desde la calle), y un final (la imagen de “Coleta morada” abrazando a los manifestantes que rodearán el Congreso). Pero también tiene un episodio central. El discurso de Pablo: 20 minutos para clavar en la opinión pública un lenguaje propio, un proyecto necesario y una imagen de líder imprescindible.

Me cuesta cero reconocer que esperaba su intervención con ganas. Creo que Iglesias tiene muchos de los ingredientes necesarios para acabar esta legislatura como el diputado más brillante del hemiciclo. Ha leído mucho, tiene reflejos para la retórica, puede interpretar diferentes registros… y encima tenía al PSOE hecho trizas. Todo a favor para salir como el gran vencedor del encuentro.

Sin embargo no pasó. Su discurso dejó un poso plagado de interferencias feas. Y como la imagen quedó borrosa, decidí darle rienda suelta a mi 'frikismo', volver a ver dos veces lo ocurrido y compartir aquí las cinco razones por las que creo que Iglesias no ha conseguido lo que perseguía:

Primera. En democracia, para ser líder de la oposición conviene demostrar que se es demócrata de corazón. Y Pablo tuvo el típico gesto que pasa debajo del radar de la prensa y deja calada a la audiencia.

La frase “cuando se pronuncie la palabra delincuente en esta Cámara, ustedes se callan” tendrá un coste en la imagen de Pablo porque nadie manda callar a nadie en democracia. Es así de sencillo. Esas palabras, sin precedentes en nuestra historia reciente, han retratado un tic autoritario difícil de tolerar. Más madera para el rechazo y el miedo.

Para liderar la oposición es útil representar a los representados. Llamada perdida. Pablo Iglesias no fue la voz ni de su gente, ni de la patria

Segunda. Cuesta proyectar una imagen sólida de líder opositor cuando no le tienes tomada la medida al presidente y en Podemos están muy lejos de cogerle el tranquillo a Rajoy. De hecho, Pablo fue repetida y severamente vacilado por Mariano. Toreado.

El dirigente del PP disfrutó e hizo disfrutar a los suyos en el enfrentamiento cuerpo a cuerpo. Y además se reservó una pulla para más tarde. Desde el escaño, envió el SMS al matón de su grupo parlamentario: “Cuando salgas, machácale”. Y Hernando, encantado, puso en marcha la motosierra y se fue a por ellos al atardecer.

Tercera. La política no ha dejado de ser imprescindible para el liderazgo. Tener un proyecto, ofrecer propuestas, sigue siendo necesario para ganarse la confianza del elector. Por eso Rajoy guardó para la dúplica un mensaje destinado a minar la credibilidad de Iglesias como cabecilla de la oposición: “Usted no ha aportado ideas”.

¿Seguro? ¿De verdad fue así? Todas las iniciativas de Iglesias en sus 3.700 palabras de discurso: cero.

Cuarta. Para liderar la oposición es útil representar a los representados. Conectar con los tuyos y con el sentir de las demás capas sociales. Llamada perdida. Iglesias no fue la voz ni de su gente, ni de la patria. Habló sobre todo de Podemos, que es una forma de hablar de sí mismo. Hizo un discurso completamente autorreferencial.

El gráfico anterior refleja el reparto de minutos del discurso. Atacó a los demás y se extendió mucho sobre Podemos (el cambio “histórico” que ha supuesto su entrada en el sistema de partidos, una organización sin miedo, “una fuerza política de orden”…). Pero no habló de la vida, de las preocupaciones y demandas reales, de lo que inquieta a los españoles que necesitan una brizna de esperanza para seguir apretando los dientes.

Esa línea discursiva autorreferencial con la que Iglesias inicia la legislatura es incompatible con la seducción porque es un ejercicio de onanismo frente a millones de personas que desean un cambio progresista.

Quinta. Quien aspira al puesto de líder de la oposición se opone a la política del Gobierno. En su discurso, el líder de Podemos ejecutó 24 ataques hacia el resto de la cámara. En cinco de ellos agrupó a dos o tres partidos en el mismo paquete (“la triple alianza”), los demás fueron directos, distribuidos como se refleja en este gráfico.

Esa imagen deja a Pablo más como líder de la oposición al PSOE que como líder de la oposición al Gobierno del PP. Y creo que de paso trasluce una obsesión que puede acabar fortaleciendo a quien quiere dañar.

¿Qué puede pasar si Iglesias no supera la “PSOE-fobia” crónica que sufre y los socialistas, agarrados al instinto de supervivencia, salen suficientemente enteros de su tormenta? Podría ocurrir que Podemos termine donde estuvo Izquierda Unida y que el PSOE retome la hegemonía que mantuvo. Con discursos como el que hoy analizamos, parece sensato apuntar que 'Coleta morada' empieza a actuar como bálsamo para el bipartidismo.

Él, que considera a ZP como el mejor presidente de la democracia, podría haber estudiado el desempeño de Zapatero en la oposición. Nadie, ni siquiera quienes más le detestan, niega que acertó: siempre propuso acuerdos y nunca insultó, se enfrentó frontalmente cuando había que hacerlo (guerra de Irak, Prestige, huelga general…), y en todo momento mantuvo la misma línea, practicar mejor política que la impuesta por Aznar.

¿Ha sido Iglesias mejor que los demás en este debate tan decisivo? Cuestión de gustos, podrían decirme ustedes. Hagamos la pregunta de otra manera. ¿Ha sido Pablo mejor que Pablo? ¿Es la versión actual mejor que la del origen? Esa respuesta llega clara.

La indignación brotó para ser más fuerte que la impotencia y más eficaz, más transformadora que las palabras gruesas. Sin proyecto no hay paraíso y sin paraíso se apaga el sueño. Los más soñadores, los más jóvenes, lo detectaron rápido. Pensaron “Pablo, tú antes molabas” y dejaron de votar en morado. Fueron los primeros, visto lo visto, podrían no ser los únicos.

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