Centauros del desierto económico

España entera está cada vez más cerca de ese nudo entre placer y realidad. Lo que ocurra políticamente durante los próximos meses marcará el destino del país para el resto de esta década

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, escucha la intervención del líder del PP, Pablo Casado. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, escucha la intervención del líder del PP, Pablo Casado. (EFE)
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Hubo que crear nuevas rutinas cuando el confinamiento nos arrojó al tiempo suspendido. La casa cerrada pedía amplitud, territorios distintos. Por eso el rito nocturno de adentrarse en el 'Monument Valley'. John Ford equipándonos para orientarnos en el cine y para desenvolvernos en la vida.

Vivir tiene bastante de ejercicio de equilibrismo. Los días suelen írsenos entre el principio del placer y el principio de la realidad. Hasta que llega un día. Sucede algo que impone el peso de los hechos y no hay más remedio que renunciar y asumir el sentido del deber. Los protagonistas fordianos conectan en ese punto: se despiden del deseo —los amores no culminan— y cabalgan a lomos de su íntima responsabilidad. Galopan sin tomar atajos, respetando al milímetro el código de normas al que pertenecen. También eso da la medida de su grandeza.

España entera está cada vez más cerca de ese nudo entre placer y realidad. Lo que ocurra políticamente durante los próximos meses marcará el destino del país para el resto de esta década. Muy pronto llegaremos al momento en que esta generación política tendrá que definirse a sí misma para siempre.

Las búsquedas de satisfacciones inmediatas centellean todavía en la hoguera vanidosa del Parlamento. Allí refulgen aún los egos goyescos y destellan los filos de Caín. Sin embargo, los acontecimientos llegan con más fuerza que la crispación. Lo estamos notando estos días: el principio de realidad viene con el ímpetu de las estampidas.

El mundo del dinero ibérico, en otra época discreto, parece estar ahora en pleno desembarco de Normandía. Secuencia acelerada desde que Sánchez pisó la mina de la reforma laboral: órdago de Calviño y candidatura al Eurogrupo, señal de advertencia seria del Banco de España, cambio en la planta noble de algún medio de comunicación, la cúpula empresarial entera poniendo el grito en el cielo. Todo mientras el calendario del desconfinamiento saltaba por los aires y se anticipaba la apertura de fronteras. Ansiedad. Esa cadena de acontecimientos refleja la gravedad de la situación. Normal después de habernos autoinducido un coma económico de varios meses para sobrevivir a la pandemia. Hay prisa.

El impacto social tiene menor cabida en la actualidad informativa, pero el daño no es menos acuciante. Save the Children publicó hace unos días un informe titulado 'La crisis económica y social del coronavirus'. Dos datos: 31,8% de los encuestados está hoy en situación de vulnerabilidad, el 64,6% de las familias vulnerables cree que la pandemia afectará a su economía negativamente y de manera prolongada en el tiempo. La amenaza de depresión social está en niveles críticos. Normal que el consumo no despegue, que el nivel de ingresos del comercio esté en el 30% de lo normal. Hay miedo. Y cuando hay miedo, las decisiones de compra se posponen.

Este primer final de la ola vírica nos ha dejado ante un espacio más vasto que un desierto, un horizonte inexplorado. Las viejas brújulas están desnortadas, no hay mapas. Habrá que tomar decisiones sin precedentes ni manuales. El paradigma ha cambiado: estamos en un escenario de posguerra con la supervivencia de nuestro modo de vida en juego.

El instinto de supervivencia ya ha provocado que Europa encienda una decisión que antes parecía inimaginable. A pesar de la división, de la decadencia y de la devastación de la enfermedad, puede estar tomando forma una unión económica que no existía. Esa posibilidad de empezar a convertir la necesidad en virtud es un motivo para la esperanza.

Veremos qué ocurre aquí. Por ahora, lo que cabe anticipar es que el dogmatismo será de muy poca utilidad real. Unos tendrían que asumir que no habrá recuperación económica si hay abandono de capas enteras de la sociedad —clase media incluida—. Otros tendrán que admitir que no habrá recuperación social si no se fortalece el tejido de nuestra economía. ¿Es posible?

No nos encontramos ante un gran dilema práctico, sino ante una contradicción. La resolución de esa paradoja es un enigma en la España que nos aqueja

No nos encontramos ante un gran dilema práctico, sino ante una contradicción —dentro de la clase política— entre el principio del placer y el principio de la realidad. La resolución de esa paradoja —que los personajes del cine de Ford siempre despejan de la misma manera— es un enigma en la España que nos aqueja. Preguntas fordianas:

En 'El hombre que mató a Liberty Valance', John Wayne renuncia al amor de su vida a cambio de la felicidad de la mujer que quiere. ¿Podrá Sánchez renunciar a su programa de investidura a cambio de que nuestro país pueda terminar esta década mejor de como ha empezado?

En 'La legión invencible', John Wayne evita un derramamiento de sangre —sin disparar contra nadie— y termina desarmando a los adversarios dos minutos antes de jubilarse. ¿Podrá Casado reconciliarse con el hecho de que Sánchez será presidente del Gobierno hasta que esta larga legislatura llegue a su fin? Esa partida ya se jugó en la investidura: no hay mayoría alternativa.

¿Podrá Pedro Sánchez renunciar a su programa de investidura a cambio de que nuestro país pueda terminar esta década mejor de como ha empezado?

En 'Misión de audaces', el soldado John Wayne y el médico William Holden, rivales naturales, terminan reconociéndose mutuamente. ¿Podrán, alguna vez, el PSOE y el PP combatir en el mismo bando sin renunciar a sus personalidades ahora que la situación es límite para nuestro país? No es solo el futuro de varios órganos constitucionales, es el porvenir común lo que está en el alero.

En 'La pasión de los fuertes' —mi preferida—, Victor Mature termina llegando al tiroteo de OK Corral guiado por una doble lealtad. ¿Podrá Iglesias aguantar, asumir el riesgo personal y partidario que conlleva tener que tomar decisiones impopulares?

El principio de la realidad se está imponiendo sobre una generación política que ha dado ya sobradas muestras de inmadurez. La gravedad pesa. Es posible que acabe quedando un mal recuerdo de todo el mundo. Las dificultades son tan grandes que hasta podrían haber escrito todos los finales…

Sin embargo, queda algo a contraluz. Un pequeño gesto como el de Wayne cuando termina 'Centauros del desierto'. Casi imperceptible. No tiene dónde ir y es consciente de que está acabado. Pero también sabe que hizo lo necesario. Nada importa más.

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