La fuerza de los balcones

Mucha gente saldrá estos días al balcón de vez en cuando para comprobar que no está sola. Y los que lleven mejor el encierro se asomarán a dar ánimos a los demás

Foto: Vecinos aplaudiendo a la sanidad pública desde sus balcones. (Reuters)
Vecinos aplaudiendo a la sanidad pública desde sus balcones. (Reuters)

Los italianos se citaron anoche a las nueve para encender una linterna. Quedaron para asomarse al balcón todos a la vez. Es una de sus emotivas convocatorias vecinales para sentirse más cerca unos de otros durante este aislamiento forzoso. Italia es el país europeo que más tiempo lleva en confinamiento para frenar el coronavirus. Empezó una semana antes que España. Va por delante también en las pavorosas cifras de muertos causados por esta pandemia (mientras escribo, allí rondan los 1.800 fallecidos, por aquí son ya casi 300). Pero además de lo mortal que puede resultar el Covid-19, nos están enseñando nuevas formas de animarnos unos a otros asomados al balcón durante esta cuarentena forzosa que nos mantiene encerrados en casa, se dice pronto, a más de 100 millones de europeos. Igual que antes estuvieron millones de chinos.

De Italia empezaron a llegarnos hace una semana los vídeos de gente asomada 'alla finestra' cantando una de Jovanotti. Hace una semana no lo entendíamos, porque hace una semana no entendíamos nada. Nos llegaban esos vídeos de italianos asomándose a los balcones a cantar, por las calles desiertas de Nápoles a Siena. Los veíamos, pero seguíamos sin entenderlos bien. Pobres italianos encerrados en casa, comentábamos mirando nuestras pantallas, mientras tomábamos algo en una terraza, sin saber que dos días después nos iban a prohibir salir aquí también. Porque los virus no entienden de 'aquíes' ni 'allíes'.

Es imposible saber qué siente un país en cuarentena por miedo a un coronavirus invisible cuyos muertos de pronto pasan a contarse por miles en vez de por cientos. Es imposible entenderlo hasta que un día basta con asomarse al balcón para comprobarlo. El día que un vecindario entero que nunca antes se había mirado a la cara abre de pronto la ventana en cuanto alguien pone a todo volumen esa canción del Dúo Dinámico que le canta al junco que se dobla pero siempre sigue en pie. Y no es para quejarse por el volumen, sino para entonarla todos juntos.

Cantaremos a grito pelado ‘Resistiré’ desde el balcón con los vecinos durante esta cuarentena. Y tiempo habrá de poner a Raphael y lo que haga falta. A lo mejor hasta logramos ponernos de acuerdo para cantar la misma canción todos a la vez. Porque estamos aprendiendo que hay un tipo de soledad que no la arregla ninguna pantalla. Y una sensación de comunidad que nada tiene que ver con lo virtual. Es esa conexión que habíamos olvidado que no necesita wifi. La de saber que hay mucha gente a tu lado pasando por lo mismo que tú.

La fuerza de los balcones

Mucha gente saldrá estos días al balcón de vez en cuando para comprobar que no está sola. Y los que lleven mejor el encierro se asomarán a dar ánimos a los demás. Los habrá que salgan a aplaudir cada noche y quienes griten, como ayer hizo aquí un vecino, "¡viva la sanidad pública!". Otro le respondió, "¡vivan los supermercados!". Todos aplaudían y aporreaban cacerolas. El autobús que pasaba tocó la bocina. Cualquier día de estos nosotros también quedaremos a encender la linterna del móvil para mostrarle al de en frente un poco de luz. ¡Ánimo vecino! Resistiremos. Aquí y allí.

Cronicavirus
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