El 'Puig-return': cuando el 'expresident' se transmutó en Donald Trump
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Isidoro Tapia

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El 'Puig-return': cuando el 'expresident' se transmutó en Donald Trump

Una vez más, el 'procés' ha desafiado a la realidad, esta vez con un descaro solo comparable al del Brexit o a la elección de Trump

placeholder Foto: El expresidente de Cataluña Carles Puigdemont. (Reuters)
El expresidente de Cataluña Carles Puigdemont. (Reuters)

Cuando creíamos haberlo visto todo en el 'procés', ha tenido lugar un nuevo e inesperado fenómeno: el expresidente catalán Carles Puigdemont se ha transmutado en Donald Trump. Repasemos las evidencias de tan curioso prodigio:

-El programa electoral: el programa de Trump, recordemos, no era un manifiesto al uso. Mientras el de Hillary Clinton era minucioso hasta el límite en los detalles de cada propuesta, el de Trump consistía en una serie de ideas-eslóganes, del tipo “limpiaremos Washington de corruptos” o “recuperaremos la hegemonía de America”. El de Puigdemont (el de su plataforma electoral, JxCAT) apunta en esta segunda dirección: no solo es más breve que los típicamente mastodónticos programas electorales en España, sino que sus propuestas electorales son una especie de cánticos prenavideños: “Seguir construyendo la republica catalana” (que aparentemente se le ha quedado a medias), “recuperar el prestigio de la Fiscalía” (no queda muy claro cómo, probablemente previa liberación de los mártires del proces), “hacer de Cataluña un país ciberseguro” (aprovechando tal vez el trabajo de los desinteresados caucásicos que vienen colaborando con el proceso soberanista), o “dotar a la ciudadanía de una identidad digital catalana autogestionada” (reconozco mis limitaciones para entender cabalmente el significado de esta última propuesta).

Foto: Imagen del vídeo de campaña de Carles Puigdemont

-La lista electoral. Trump convirtió la denuncia del 'establishment' en uno de los ejes de su campaña, jugando desde el principio de su carrera por la nominación republicana el papel de outsider. Puigdemont, por su parte, como no puede hacer desaparecer su pasado político, bastante convencional (era diputado autonómico hace más de diez años y posteriormente fue alcalde de Girona) ha decidido hacer desaparecer todo lo demás: lo primero, las siglas de su propio partido, el PDeCAT (creado hace poco más de un año, para, a su vez, esconder las históricas siglas de CIU, aparentemente venidas a menos) y, a continuación, borrar cualquier vestigio de políticos tradicionales en las listas. Por ejemplo, en la lista de Barcelona aparece con el número 2 el líder de la ANC, a continuación los exconsejeros pero más por su condición de expresos preventivos que de exconsejeros, y también perfiles tan variados como el hasta ahora director de Rac1, una historiadora, la exseleccionadora del equipo de natación sincronizada de España, sociólogos, escritores y hasta ilustradores.

Foto: Carles Puigdemont  y Artur Mas. (Reuters)

-Acusaciones de fraude electoral. Pocas semanas antes de las elecciones de noviembre de 2016, ante las perspectivas negativas para sus intereses que entonces reflejaban las encuestas, Trump empezó una denuncia sistemática del fraude electoral que se avecinaba: acusó a los medios, a gobernadores (muchos de ellos, republicanos) y alcaldes para concluir que las elecciones estaban “absolutamente manipuladas”. Cómo fue capaz de ganarlas en medio de tan colosal pucherazo es algo que todavía nadie ha conseguido explicar. Pugidemont ha mandado ya los primeros avisos en este mismo sentido. En sus apariciones en Bruselas, los asistentes portan carteles pidiendo observadores internacionales para las próximas elecciones del 21-D, y el propio Puigdemont ha declarado que participan en las mismas sin “estar en condiciones de igualdad”.

Foto: Mesas de votación en las autonómicas de 2012 en Cataluña. (EFE)

-Posverdad. Las denuncias de fraude electoral de Puigdemont son en realidad solo una de las caras de su aterrizaje en el universo de la posverdad. Puigdemont empezó haciéndose eco en Twitter de un confuso episodio en un vuelo entre Barcelona y Mahón en el que dos pasajeras denunciaron haber sido expulsadas por hablar en catalán (otros pasajeros contaron una versión muy distinta, que las pasajeras fueron invitadas a salir después de iniciar una fenomenal discusión con el personal de a bordo). Con el paso de los días, y ya contagiado del fervor religioso de su legión de seguidores, Puigdemont ha empezado a salpicar más alto.

En una entrevista hace unos días afirmaba desconocer “si la deslealtad del CNI había impedido evitar un atentado y muchos muertos", vinculando el atentado del pasado verano en Las Ramblas con la respuesta del Gobierno al desafío soberanista. Hay que reconocerle cierto mérito a Puigdemont: en apenas unas semanas, y sin contar con un medio como Breitbart a su servicio ni con un Steve Bannon a su lado, ha conseguido empequeñecer las acusaciones de Trump (es justo reconocer que Trump era más espléndido: llegó a ofrecer 5 millones de dólares por los certificados universitarios y de nacimiento de Obama).

Foto: El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. (Reuters) Opinión

-La inmunidad electoral. Trump dijo de forma memorable que podía “salir a la Quinta Avenida y disparar a alguien y no perdería ningún voto”. Puigdemont vive en un estado de parecida tregua cósmica con los electores. Hace unos días, después de haber estado años defendiendo que las instituciones comunitarias serían los garantes últimos de la voluntad independentista de los catalanes, de decir repetidamente que la UE nunca dejaría a siete millones de europeos (los catalanes) fuera de sus fronteras, Puigdemont propuso un referéndum sobre la permanencia de Cataluña en la UE. Decía Sancho Panza aquello de “a idos de mi casa y qué queréis con mi mujer, no hay responder’. Pero Puigdemont, siglos después, parece haber encontrado la respuesta: “antes de que nos echen (de la UE), nos vamos”.

-Y, finalmente, está el parecido más inquietante entre Puigdemont y Trump: que, electoralmente, parece estar funcionando. Puigdemont consigue copar día tras día el ciclo de noticias (ya sea por la decisión de la justicia española de dejar sin efectos la orden de extradición o por la convocatoria de una manifestación de apoyo en Bruselas). Poco a poco ha ido recortando la distancia que le separaba de ERC y en las últimas encuestas prácticamente les pisa los talones a los republicanos. En paralelo, han coincidido (como también ocurrió en el caso de Trump), una serie de accidentes favorables a sus intereses. La decisión del juez Llanera de mantener la prisión incondicional para Oriol Junqueras ha descabezado la campaña de ERC, y el pobre desempeño de Marta Rovira en el primero de los debates electorales no ha hecho sino agravar el desamparo de los republicanos. Los astros parecen estar alineándose para que la lista de JxCAT dé la sorpresa en las elecciones del 21-D.

Foto: El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont (d) durante la rueda de prensa que ofreció este miércoles en Bruselas. (EFE)

Llegados a este punto, parece inevitable hacerse la pregunta: ¿puede ganar las elecciones Puigdemont? ¿Qué ocurriría si así sucediese? Desconozco si la remontada del JxCAT les alcanzará para superar a ERC, pero si así fuera: ¿cómo podrían los republicanos negarse a apoyar a quien todavía consideran su presidente “legitimo”? ¿Y si, en estas circunstancias, los independentistas, incluyendo también a la CUP, mantuviesen, aunque fuese por los pelos, la mayoría absoluta? El resultado podría ser la reelección de Puigdemont, incluso pese a la orden de detención que pesa sobre él en el momento en que ponga pie en territorio español. ¿Qué pasaría entonces? Una vez más, el 'procés' habría desafiado a la realidad, esta vez con un descaro solo comparable al del Brexit o a la elección de Trump. Quizás habría que empezar a buscarle un nombre. Aquí va mi propuesta: el 'Puig-return'.

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