Pablo Casado, el caballo desbocado al que los populares "quieren querer"
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Isidoro Tapia

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Pablo Casado, el caballo desbocado al que los populares "quieren querer"

El sorprendente resultado de Pablo Casado en las primarias del PP venía anunciado en la letra pequeña del barómetro publicado por el CIS hace unos días

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Pablo Casado. (Raúl Arias)

Las primarias en España suelen dar lugar exactamente a la peor pesadilla para quien las convoca. Sucedió en su día con Almunia y Borrell, y más recientemente con el PSOE de la gestora. ¿Por qué el resultado de las primarias del PP es también endiablado para los populares? La clave está en el procedimiento a dos vueltas. La victoria de Sáenz de Santamaría ha sido por la mínima, demasiado corta para que Casado, el gran triunfador de la noche, entregue fácilmente la cuchara y acepte una candidatura de consenso en la segunda vuelta, como algunas voces reclaman. Los votos de la tercera en liza, Cospedal, podrían convertir a Casado en líder de los populares. Al mismo tiempo, Santamaría puede presentarse como ganadora de las primarias, la “lista más votada” por los militantes, al que solo un pacto de “perdedores” podría arrebatar el liderazgo. En fin, un lio, como diría Rajoy.

Una observación preliminar. En las últimas elecciones generales en 2016, el PP alcanzó los 8 millones de votos. En las primarias que se acaban de celebrar han votado alrededor de 60.000 militantes, un 0,7% de su masa electoral. En las primarias socialistas de hace un año, mucho más concurridas, votaron un 2,5% de los votantes socialistas. La primera reflexión sobre las primarias populares es la que se refiere al propio proceso: decisiones con efectos políticos de largo alcance, están siendo tomadas por colectivos pequeños y con unos rasgos muy singulares. Para lo bueno y para lo malo. Quizás haya llegado el momento de establecer unas reglas comunes a las primarias de todos los partidos, como ya sucede en otros países.

Solo puede quedar uno

El sorprendente resultado de Pablo Casado en las primarias del PP (que aún no está claro si le servirá para convertirse en el próximo líder de los populares) venía anunciado en la letra pequeña del barómetro publicado por el CIS hace unos días. Los barómetros del CIS que no incluyen estimación de voto (solo lo hacen cada tres meses, el próximo será a principios de agosto), suelen pasar desapercibidos. El que ha publicado el CIS hace unos días, sin embargo, era una excepción.

Por un lado, era la primera vez que el CIS tomaba la temperatura a los ciudadanos tras la investidura de Pedro Sánchez. Por otro, era el último estudio del CIS realizado (el trabajo de campo) antes del nombramiento como nuevo presidente de Félix Tezanos, a la sazón secretario de Programas de la Ejecutiva del PSOE. El hecho insólito de que el nuevo presidente del CIS no solo proceda de la Ejecutiva del PSOE, sino que pretenda simultanear ambos cargos, nos obligará a todos a realizar algunos ajustes. Desgraciadamente (lo digo porque allí trabajan excelentes profesionales), tal vez a partir de ahora sea más oportuno denominar al CIS el Centro de Investigaciones Socialistas.

Foto: Soraya Sáenz de Santamaría. (Reuters) Opinión

Aprovechemos, pues, esta última oportunidad para rastrear la línea que une a Pedro Sánchez con Pablo Casado.

De acuerdo con el CIS, de manera casi taumatúrgica, la llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa ha mejorado los indicadores de confianza política. Los indicadores de confianza económica también han mejorado, aunque menos. Y, finalmente, quizás la mayor sorpresa es lo que no ha cambiado: ni lo han hecho las preocupaciones de los españoles, ni su definición ideológica.

Como indicábamos, los votantes que califican la situación política de mala o muy mala han descendido en casi 10 puntos (del 76,8 al 66,9%), el mismo porcentaje que se declara optimista respecto a la situación política dentro de un año (estos han pasado del 12,7 al 22,5%). En promedio, los indicadores políticos han mejorado alrededor de un 20%. También ha mejorado la valoración de la situación económica actual, aunque mucho menos (apenas un 5%). La mejora del clima político sugiere que en España había una expectativa de cambio insatisfecho, que ha recibido con alivio el abrupto final del gobierno de Rajoy.

Por primera vez el cambio de gobierno no se ha traducido en un giro ideológico de los electores

Y, sin embargo, cuando se pregunta a los ciudadanos por los problemas concretos, el retrato es muy diferente. La preocupación por el paro y los problemas de índole económica se mantiene o incluso se incrementa, como también la preocupación por la corrupción o por la independencia de Cataluña. Los problemas de los españoles (paro, corrupción, independencia de Cataluña) apenas han cambiado tras el nombramiento de Sánchez.

Igual de sorprendente es que por primera vez el cambio de gobierno en España no se haya traducido en un giro ideológico de los electores. Cuando ganó Aznar en 1996, los electores viraron ideológicamente a la derecha. En 2004, tras ganar Zapatero, lo hicieron a la izquierda. En 2011, al hacerlo Rajoy, volvieron a hacerlo a la derecha. “Viva quien gana”, que decía Sancho Panza.

En cambio, ahora, tras el nombramiento de Sánchez, la ubicación media apenas se ha movido (del 4,6 al 4,53), un salto menor que entra dentro de las fluctuaciones normales de la serie. Incluso hay otras variables ideológicas que se han movido en el sentido contrario al esperado: por ejemplo, los partidarios de “un único gobierno central, sin autonomías” se han incrementado tras el nombramiento de Sánchez, disminuyendo los partidarios de “un estado con comunidades autónomas como el actual”. Son movimientos ligeros: lo llamativo es que se han producido en la dirección opuesta a la esperada.

Foto:  Ilustración: Raúl Arias.

¿Qué tiene que ver este estado de opinión con el resultado de Pablo Casado? En mi opinión, responde a un mismo patrón. Una cierta ansia insatisfecha de cambio. Un cambio, sin embargo, peculiar: no un cheque en blanco o una apuesta incondicional, sino un voto de confianza. Citando a Joaquín Sabina, podríamos decir que a Pedro Sánchez, o a Pablo Casado, los votantes los “quieren querer”. No los eligen porque representen mejor sus preocupaciones, ni porque hayan virado en una dirección o en otra, sino porque quieren apostar por algo distinto. El romance con Pedro Sánchez, o el que acaba de empezar con Pablo Casado, tiene un elemento cínico, insincero. Pareciera que los votantes les quieren dar una oportunidad para ver dónde llegan. Pero todo apunta a que la ventana de oportunidad que le ofrecen será angosta, casi ínfima.

Los votantes no los eligen porque representen mejor sus preocupaciones, sino porque quieren apostar por algo distinto

Hubo una palabra que caracterizó a la década de 1930: miedo. Roosevelt la inmortalizó en una famosa sentencia: “A lo único que debemos temer es al propio miedo”. La palabra que simbolizó la década de 1960 fue odio. Como dijo Robert Kennedy la noche que asesinaron a Martin Luther King, el pueblo americano tenía que elegir entre moverse en la dirección del odio o de la convivencia. No soy tan pretencioso como para buscar la palabra que resuma el presente, pero hay un verso de un viejo poeta americano que describe muy bien el vértigo de estos días: “Events are in the saddle and ride mankind”.

Los socialistas se encontraron con un caballo desbocado, y se subieron encima con la esperanza de que los llevase a alguna parte. Los votantes del PP acaban de hacer lo mismo. Parecen dispuestos a aguantar unos metros su cabalgada. Pero como no les guste su trote, o su dirección, no creo que tarden mucho en bajarse. Porque sus preocupaciones más hondas siguen siendo las mismas. Mientras tanto, los votantes han regalado una última e imprevista oportunidad al bipartidismo. Es el turno de sus nuevos líderes de aprovecharla o de malgastarla definitivamente.

Pablo Casado Partido Popular (PP)