Catexit (XII): Nostalgia

Hace 25 años celebramos los Juegos Olímpicos. Una maravilla. Un ambientazo. Todo iba bien. Todos nos queríamos mucho. Ver a una señora -yo le conocía: era

Foto: El arquero paralímpico Antonio Rebollo recrea el encendido del pebetero olímpico, durante la gran fiesta ciudadana del 25 aniversario de la inauguración de los Juegos Olímpicos Barcelona. (EFE)
El arquero paralímpico Antonio Rebollo recrea el encendido del pebetero olímpico, durante la gran fiesta ciudadana del 25 aniversario de la inauguración de los Juegos Olímpicos Barcelona. (EFE)

Hace 25 años celebramos los Juegos Olímpicos. Una maravilla. Un ambientazo. Todo iba bien. Todos nos queríamos mucho. Ver a una señora -yo le conocía: era muy seria- de 50 años bailar en las gradas del Estadio Olímpico al compás de los Manolos, una gozada. Ver a Antonio Rebollo acertar con su flecha en el pebetero olímpico y encenderlo, lo más de lo más.

25 años dan para mucho. Cosas buenas y cosas menos buenas. O sea, lo normal. Lo que ya sabíamos. Lo de siempre.

Ahora, recordamos los Juegos, día por día. Hoy veo una foto, en la que parece que estuvo el secreto. El fotógrafo, Agustí Carbonell, consiguió meter en una barca con cara de que remaban todos a la vez, a Juan Antonio Samaranch, Pasqual Maragall, Jordi Pujol, Carlos Ferrer Salat, Narcís Serra y José Miguel Abad. La barca estaba atada con un ligero amarre, como si recordara que a alguno no le hacía gracia posar así. Pero posaron y hasta Ada Colau se dio cuenta 25 años más tarde, o sea, ayer, cuando dijo que "cuando hay voluntad de diálogo, cooperación y liderazgo ciudadano, los proyectos salen adelante y pueden ser imparables".

Un nieto me pregunta si es verdad que Barcelona, en Julio-Agosto de 1992, era una fiesta. Honradamente, le digo que creo que sí. "¿Por qué dices que 'crees'?" Porque recuerdo que justo aquellos días llegaron dos pedidos muy importantes a nuestra empresa de consultoría y se acabó la fiesta, con una sonrisa de oreja a oreja, porque siempre es bueno que vengan pedidos. En eso no han cambiado nada las cosas en 25 años.

Estamos en 2017, preparándonos para un verano caliente, un otoño tórrido y un invierno que no sabemos cómo será. Unos hablan de guerra sucia, de que controlen sus gastos antes de controlar los míos, de que si me inhabilita el TC le haré un corte de mangas. Y hasta de que si los jueces me dicen que tengo que devolver las cosas de Sijena, las devolveré si quiero, cuando quiera, como quiera y las que quiera.

Los otros limitan las vacaciones de los miembros del gobierno, de los jueces, de los senadores, y de todo hijo de vecino que pueda tener algo que ver con lo que puede pasar. Todos de guardia.

Así se establece una lucha entre los legalistas y los "cucos" ("dícese de los taimados y astutos").

Cuando el cuco mete un gol al legalista, parte del público aplaude. Y cuando el legalista anula el gol, los que habían aplaudido protestan y los que no habían aplaudido, aplauden.

...Y con estos aplausos y los correspondientes silbidos, no avanzamos nada y los Juegos Olímpicos se encallan, porque alguien no ha querido meterse en la barca, como hace 25 años se metieron todos, aunque a alguno le costó sonreír. O porque, una vez en la barca, alguien ha cambiado el amarre delgado por un amarrón.

Veo repetida la palabra "nostalgia". basada en aquello tan falso que dijo Jorge Manrique: "cómo, a nuestro parecer, cualquiera tiempo pasado fue mejor". No sé si él se lo creía o fue la manera de rematar las coplas.

Sea como sea, nos acordamos de cuando nos queríamos. A eso le llaman "el recuerdo del 92", o "el revival de aquella mágica noche". Pero un señor de Jaén, que vino entonces a vivir a Barcelona, y que se puso el otro día la camiseta de los voluntarios, se excusa: "está un poco descolorida porque una vez mi madre me la lavó con lejía...".

Un poco descolorida. Como los recuerdos, que, con el tiempo, se van decolorando. Eso, unos. Otros se colorean más. Y, al final, añoras algo que no es exactamente lo que pasó, porque las cosas cambian...y tú cambias. Y lo que te hacía mucha ilusión -Barcelona era una fiesta- quizá ahora te gusta menos, porque tienes encima 25 años más y hay que irse a dormir pronto, que mañana madrugo. Y, por favor, que no hagan mucho ruido.

Hoy. Vivimos en hoy y no podemos dedicar nuestras energías a recordar lo que pasó hace mucho tiempo, por varias razones:

  1. Porque lo que recuerdas no es exactamente lo que pasó.
  2. Porque tú eras más joven que ahora y te apasionaban cosas que ahora no te apasionan, a veces por la artrosis.
  3. Porque si dedicas tus energías al "hoy", quizá podrás hacer algo útil, pero si las dedicas solo a recordar y a comparar, pierdes miserablemente el tiempo, te amargas la vida y no hay quien te aguante.
  4. Porque hay muchos chavales de 25 años hacia abajo que nacieron después de los Juegos y para los que Montserrat Caballé y Freddie Mercury son nombres "de aquella época" y cuando les oyen cantar "Barcelona", se quedan tan campantes, mientras a ti se te cae una lagrimica.

O sea, como conclusión, nuestro trabajo está en HOY. Y, apurando un poco las cosas y pasándome al latín, que estudié en mi Colegio del Salvador, digo que nuestro trabajo está en el HODIE, NUNC, que quiere decir "hoy, ahora", aunque ahora preferiría traducirlo como suena: "HOY O NUNCA".

Ya sabéis mi manía anti-Catexit.

No me gusta nada el ambiente chulesco que estamos viviendo ahora en Cataluña. Parece que los "gobernantes" -entre comillas- solo saben decir que no obedecerán a nada, con lo que parece que nos están sugiriendo que nosotros tampoco obedezcamos nada: ni los semáforos, ni el reciclaje, ni el IBI, ni la tasa d'escombraries. Y que cuando un pueblo catalán dice que quiere ser aragonés, pues que sea. Y cuando un barrio de Barcelona quiere ser un barrio de Zaragoza, que lo sea. Y que no me digan que está muy lejos, porque más lejos está Alaska de Washington y los alaskeños, bien americanos que se sienten. No hay más que verles cantar el himno nacional con la mano en el corazón.

Pero, por primera vez, y ya me ha costado, estoy hasta el gorro de "Madrid". Todos son buenos. Todos son tontitos, porque nadie sabe nada de nada. Sobre todo, los políticos angelicales -esto es transversal, o sea, Madrid y Cataluña a la misma altura- que no se ensucian las manos ni los pensamientos con el dinero. Ellos son políticos, preocupados únicamente por el bien común, perdiendo el mucho dinero que podrían ganar si trabajasen en la empresa privada. Para acabar de rematar su pureza, han encargado a otros que administren el dinero que llega, que no quiero enterarme de dónde viene ni adónde va. Y si alguno de estos ha hecho algún chanchullo, ¡qué horror! ¡No me lo puedo creer! ¡Con lo bueno que parecía!

Pues así estamos: los tontitos y los listitos. Estos últimos no saben dónde van. Los otros se lo prohíben. Y la gente normal, como en un sándwich, en medio.

Entre miles de tontadas, Ada ha apelado al espíritu de colaboración y Carles dice algo así como que el espíritu del 92 se concreta en un referéndum pactado.

El tiempo corre, y ya hemos empezado los 25 años siguientes. En 2042, 50 años del "Amigos para siempre", de la Fura dels Baus, de lo que nos queríamos, de la señora seria que bailaba.

Yo ya no estaré. Pero sí estará -Dios lo quiera- el nieto que nació hace 15 días y que será un chaval de 25 años. Los "fastos" serán muy poco entusiasmantes. Nadie le contará la emoción de oír a Samaranch decir que la organización de los Juegos había sido asignada "à la ville de.......Barcelona!", con muchos puntos suspensivos para echarle más emoción a la cosa, ni la llegada del Maratón, ni el esfuerzo de los paralímpicos, ni nada que escalofríe un poco. Los periódicos dirán algo y punto.

Pero me gustaría que alguien recordara que en 2017, cuando celebramos las Bodas de Plata de los Juegos, hubo un parón en la política y unos cuantos de Madrid y unos cuantos de Cataluña decidieron dejarse de chulear, dejarse de insultar, dejarse de mentir, dejarse de amenazar y, fundamentalmente, dejarse de crispar a la sociedad.

¿Que he cambiado? Puede ser.

Todos sabéis que lo que me apetece -lo que me pide el cuerpo- es tirar por la calle de en medio, a lo bestia.

Eso quiere decir suspender la autonomía, echar a toda esta cuadrilla que estamos soportando estoicamente, soltar los tanques por la Diagonal...Eso es lo que me pide el cuerpo, o, dicho de otra manera, lo que me parece que algunos están buscando y otros están (estamos) deseando.

Pero, como en la vida NADA se arregla a bofetadas y -lo he dicho muchas veces- estas cosas son opinables, me trago lo anterior y EXIJO que hablen, sin tele, radio, prensa, móviles, Twitter...Vamos, como si quisieran llegar a un acuerdo.

La reunión -las muchas reuniones- deberían ser entre el Gobierno y el Govern. Nada más. Si a otros les apetece asistir, que les apetezca, pero avui no toca, como dijo en sus tiempos uno de los señores que remaron en la barca.

Los que negocian el Brexit han empezado por las cuentas y por las personas (qué pasará con los de la UE que viven y trabajan en el Reino Unido y al revés). Aquí parece que hay dos cosas: las cuentas y el "encaje" de Cataluña en España.

Todo ello, sin recordar lo malos que fuimos todos. Porque si al señor de Jaén se le ha descolorido la camiseta en 25 años, imaginemos cómo estarán las camisetas de los negociadores si se empiezan a remontar en la historia.

NUNCA es demasiado tarde para el sentido común. NUNCA es demasiado tarde para arreglar los desperfectos. NADIE es totalmente malo. TODOS tenemos nuestras cosas.

ESTOY SEGURO de que con odio no se va a ningún sitio. Y empieza a haber odio.

Si hace 25 años nos queríamos, es absurdo que no nos queramos ahora.

Me encantaría que Mariano y Carles, en la primera semana de Agosto, aparecieran en televisión para anunciar que uno se deja de inventar trucos, y el otro da vacaciones a todos a más de dos horas en avión, si quieren.

Y que en Septiembre fijarán una fecha para empezar a negociar, sin amenazas de que te quito el FLA, que te hago un referéndum unilateral, que echo a todos los consellers dubitativos porque aquí nos inmolamos todos, que con esta panda de corruptos no me siento a hablar. Y así.

Porque la gente os ha encargado que gobernéis, y no que os tiréis los trastos. Y la experiencia dice que los trastos caen sobre las cabezas de los que pasaban por allí, casi nunca en las cabezas donde deberían caer.

He empezado hablando de los Juegos y, de repente, he arreglado España.

Cada vez discurro más raro.

Debe ser el calor.

Desde San Quirico

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