Catexit (XLV): pues sí que se parecían

Todo lo que suena a 'romper' algo me molesta y, además, tengo la sensación de que Cataluña está rota. Aparecen similitudes entre los dos 'exits', el Br y el Cat

Foto: Quim Torra. (EFE)
Quim Torra. (EFE)

Siempre dije que no tenían nada que ver el Brexit —un socio se quiere ir del club—- y el Catexit —un trozo de un socio se quiere ir del socio—. Eso es lo que dije, en prensa y televisión. Es decir, que si ahora quiero decir lo contrario, lo diré, pero habrá que demostrarlo. Como siempre, 'Time' me ayuda. Aunque solo sea para ver qué pasa por ahí y comprobar que se parece un poco —o un mucho— a lo que pasa por aquí.

Mal empezamos, porque el artículo de Jonathan Coe, en 'Time' de 17 de junio de 2019, lleva un titular que no me gusta: "How Brexit broke Britain", o sea, "Cómo el Brexit rompió Gran Bretaña". (No "rompió con Gran Bretaña", sino "Gran Bretaña se rompió a sí misma").

Todo lo que suena a 'romper' algo me molesta y, además, tengo la sensación de que Cataluña está rota. Aparecen similitudes entre los dos 'exits', el Br y el Cat. Y voy a tener que empezar a dar excusas por lo que dije.

Jonathan asegura que el referéndum del Brexit fue convocado por David Cameron "para curar las divisiones de siempre en su Partido Conservador". Aquí empiezan a aparecer las primeras similitudes, en la palabra 'su'. Porque en Cataluña también ha habido unos cuantos que pensaban que el partido era suyo, que ese partido era Cataluña y que Cataluña, por tanto, era suya.

Lo malo es que lo siguen pensando. Cuando les oigo hablar, pienso que está sucediendo lo que oigo en el mundo sobre la posverdad, nombre actual de lo que antes se llamaba la mentira.

Sigo adelante con el Brexit, pero esta coincidencia me ha dejado preocupado. Seguramente porque allí en el subconsciente pasaba algo: "Ya me parecía a mí...". Un sumario del artículo de 'Time' no ayuda a tranquilizarme: "Our political class remains paralyzed by its commitment to delivering the undeliverable". O sea: "Nuestra clase política permanece paralizada por su empeño en cumplir lo que no se puede cumplir".

Cuando veo en Cataluña a la clase política 'paralized by its commitment...', vuelvo a intranquilizarme.

Las similitudes se reproducen.

En Reino Unido: "The EU has failed us all".

En Cataluña: "España nos roba".

En RU: "Of those two competing representations, which shows the real United Kingdom —the intelligent, forward-looking, inclusive one..., or the insular, ungenerous one...?".

Porque yo vivo en Cataluña desde hace mucho tiempo, incluidos los años en los que estudié en Terrassa, y nunca he tenido ningún problema aquí

En Cataluña, lo mismo, pero traducido al español. Porque yo vivo en Cataluña desde hace mucho tiempo, incluidos los años en los que estudié en Terrassa, y nunca —cuando digo nunca quiero decir NUNCA— he tenido ningún problema aquí. No me hago la pregunta de cuál de las dos Cataluñas es la de verdad, porque lo sé de sobras. La de estos señores que dedican su vida a la división no es la auténtica. Es una caricatura triste y no acertada de la real. La real, gracias a Dios, la conozco muy bien, porque la he vivido.

En 2016 las encuestas mostraban a los británicos preocupados por la vivienda, la educación, la sanidad y el bienestar. ¿Os suena?

Ahora quiero pensar que Cameron montó el referéndum, el 23 de junio de ese año, para arreglar todo lo que preocupaba a la gente, pero no puedo pensarlo y cuidado que hago esfuerzos para intentar encontrar buenas intenciones.

Además, Boris Johnson 'posverdadeó', MINTIENDO, o sea, diciendo una falsedad, que eso es mentir: aseguró que la salida de la UE representaría un ahorro de 396 millones de euros semanales que se podrían dedicar a la Sanidad pública. Y lo puso en un autobús rojo, que esparció la mentira por el Reino Unido.

Boris está demandado por esa falsedad, pero hay probabilidades de que sea el sucesor de May. Este tipo de personas ha conseguido endurecer su cara, inyectándose hormigón en lugar de bótox. Tienen detrás unos votantes a los que el hormigón les cae bien. Si ven que a su ídolo le califican de 'irresponsable y deshonesto', se ponen a su lado. ¡Pobrecito mi Boris, con lo responsable y honesto que es y ha sido siempre!

Se hace el referéndum y ganan los que se quieren ir, que, según Jonathan, representan un 2% de la población.

La gente que ve este resultado se pregunta cómo han permitido los británicos un cambio radical basado en una mayoría así. Supongo que ellos también dicen "we, the britons", como en Cataluña oigo decir tantas veces "el pueblo catalán", en boca de golpistas que están en la cárcel por eso, por dar un golpe de Estado, torpe, pero golpe, o se han escapado vergonzosamente, para intentar volver triunfadores.

Deben creerse unos nuevos Tarradellas y quizás están preparando un discurso que empiece diciendo "ja sóc aquí!". No sé si les apetece decir "ciutadans de Catalunya", antes del "ja sóc aquí". Me parece que, en vez de esas palabras, les apetecería decir algo así como "amigos que nos habéis votado", porque de estos chicos se pueden decir muchas cosas, pero no que son 'inclusivos' ("que incluyen o tienen capacidad para incluir") sino más bien 'exclusivos' ("que excluyen o tienen fuerza para excluir").

En Cataluña no hay necesidad de reconciliación y reflexión con calma, porque la 'revolución de las sonrisas' es amable y sonriente

En Reino Unido, venga, vale, ya hemos ganado. Ahora hay que trabajar para cumplir con lo que llaman 'el mandato'. A mí siempre me ha parecido que "del dicho al hecho hay mucho trecho", refrán, como todos los refranes, que no es más que una pequeña muestra de sentido común. Y como tal, no 'ignorable', aunque se ignora. En Reino Unido, Cameron dimitió, le sucedió Theresa May, que se mató a trabajar, que no consiguió que su Parlamento le aprobara lo que ya le había aprobado la Unión Europea, y, como consecuencia, también ha dimitido. Ahora estamos esperando al nuevo primer ministro, que, según quién salga, puede acabar de estropear las cosas.

Sigo leyendo el artículo de 'Time', aunque, al llegar aquí, ya tengo la moral por los suelos.

"The days and weeks after the referendum vote could have provided a space for reconciliation and calm reflexion. Instead they became an occasion for frenzied triumphalism. The rift between Leavers and Remainers became even more bitter and entrenched...".

En Cataluña no hay necesidad de reconciliación y reflexión con calma, porque la 'revolución de las sonrisas' es, como su nombre indica, amable y sonriente. Las caras de odio eran caretas de cartón. El golpe de Estado —repito, el golpe de Estado— fue en broma y cariñoso. Los separatistas, gente de humor, que solo pretendían alegrarnos la vida.

Me hace gracia —triste gracia— cuando les oigo hablar del enfrentamiento de Cataluña con España. Queridos separatistas, hemos quedado en que siempre diríais la verdad. Si en España hay un enfrentamiento, será entre un trozo de España y el resto de España. Por eso me reiría al oír decir a Quim cosas sobre su enfrentamiento con el Estado español, cuyo representante en esta comunidad autónoma española es él. Digo que 'me reiría' porque el tema, cómico en sí, es trágico por la cara que pone Quim cuando destila bilis.

Queridos separatistas, hemos quedado en que siempre diríais la verdad. Si en España hay un enfrentamiento, será entre un trozo y el resto

Y, por favor, que no os engañen con lo del choque de trenes, que lo vuestro es un escachamatas, como le llamaba mi mujer al tren que paraba en Santa Fe de Huerva para recoger el correo que había con destino Zaragoza, a 10 km de distancia. (Aquí tengo que aclarar que lo normal era que 'el correo' fuera únicamente la carta diaria que mi mujer —mi novia entonces— me escribía a mí. Todavía sigo agradecido a Renfe por aquella parada, que desapareció, por falta de clientes, el día de nuestra boda).

Aún no he acabado con el artículo de 'Time', pero ya no me cabe más. Alguien dijo que todo esto daba para un libro.

Lo de hoy da para un capítulo. Seguimos avanzando.

P. S.

Repaso el artículo de 'Time', vuelvo al titular y compruebo que sí, sí, está hablando del Brexit. Pero el olor a Catexit es tan fuerte que he llegado a dudar.

Desde San Quirico
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