La lista de los 50

Los que somos mayores tenemos el peligro de despreciar todo lo que rompe nuestros esquemas. "En mi época", todo era mejor

Foto: Imagen de congerdesign en Pixabay.
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Hace poco terminaba mi artículo con dos afirmaciones de mi amigo de San Quirico:

1. Esto no es una crisis. Es mucho más profundo.

2. No se acabará NUNCA.

Afirmaciones con las que estoy de acuerdo, según dije entonces.

Para colmo, un abogado amigo mío, que acaba de contratar a una pasante joven y con una buena preparación, me dice que le ha encargado a esta chica que le hiciera un cheque. Encargo recibido con cara de sorpresa, porque "nunca he visto un cheque". A la propuesta de que también podía hacer una transferencia, "nunca he hecho una transferencia". Solo paga por Bizum o por Verse.

Lo primero que se me ocurre es decir que esta chica es una ignorante. Pero, una vez que se me ha ocurrido, lo repienso. Es que las cosas son ahora así. Esta chica sabe hacer una cosa que yo no sé hacer —pagar por Bizum o por Verse—, y yo sé hacer una cosa que, en cualquier momento, se dejará de hacer para siempre. O sea, no se hará NUNCA, para mantener el adverbio.

Como dije, con 'las cosas que pasan' hice dos montoncitos: las 'estructurales' (que han venido para quedarse) y las 'accidentales', que se irán, aunque pueden cambiar de opinión.

Es muy conveniente, pienso yo, que haga la lista de las estructurales y que no la modifique, porque ese es, no mi enemigo, pero sí mi nuevo campo de juego. Y cuanto más delimitado tenga ese campo, mejor.

Por eso, he decidido que las estructurales van a ser 50, por varias razones: a) porque me resulta más fácil hablar de 'las 50' que de las que han venido para quedarse; b) porque es un número suficientemente grande como para que todos nos demos cuenta de que esto no es un cambio de chichinabo; c) porque así no me distraigo con las primeras chiribitas que me aparezcan si me doy un golpe en el ojo; d) porque ya tengo tema para 50 artículos; e) porque así me animo con el libro y pienso que ya solo me quedan 47.

Esto trae una consecuencia imprevista. Como no puedo empezar una conferencia diciendo de corrido las 50 cosas, porque a la número 17 la mitad de los asistentes está mirando el móvil y la otra mitad dando cabezadas, voy a usar por primera vez el Power Point. Eso sí, una diapositiva y ya está.

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Pongo unos guiones porque todo lo anterior es como una declaración de principios. Después pienso que tampoco es malo que algunas cosas hayan venido para quedarse. Esto no quiere decir que todo lo nuevo es bueno, pero tampoco al revés.

Los que somos mayores tenemos el peligro de despreciar todo lo que rompe nuestros esquemas. "En mi época", todo era mejor. ¡Qué bien vestían las chicas! ¡Qué horror los zarrios que se ponen ahora! ¡Qué horarios más absurdos!

Un nieto mío se quejaba hace poco del horario de una boda a la que había asistido en Madrid. La boda fue a las 12 del mediodía y la fiesta acabó a las 12 de la noche. El chaval estaba desolado: "¡Qué pronto se acabó todo! ¿Qué hago yo a las 12 de la noche en Madrid? ¡Menos mal que había bares abiertos, que me encontré con unos amigos y pudimos tomar unas birras!".

Mientras le escucho, pienso que en Madrid, un sábado a las 12 de la noche, están abiertos bastantes bares. Quizá muchos. Quizá muchísimos.

Y me pregunto por qué ahora a la cerveza le llaman 'birra' estos mozos.

Cuando acaba de hablar mi nieto, y se va, le pregunto a mi mujer, en voz muy baja por si acaso, si nosotros éramos así... ¡Y me dice que sí!, que no decíamos 'birra' porque ella tomaba 'gin-fizz' y yo, para no ser menos, Campari, y como una especie de merienda-aperitivo, pedíamos unas gambas al ajillo a las nueve de la noche para cenar, en nuestras respectivas casas, a las 10. Y si no había gambas, nos quejábamos, como se queja mi nieto de que la fiesta 'oficial' se ha acabado a las 12 de la noche.

Uno tiene su orgullo y, a veces, reacciona. Y dice que estos 'millennials' no saben nada

Mi mujer que, cuando sabe que gana, remata, hace eso: rematar. "Éramos iguales". Y yo me callo, porque después de 61 años de matrimonio, con la misma, claro, uno ha aprendido muchas cosas. Entre otras, a reconocer sus derrotas.

Pero uno tiene su orgullo y, a veces, reacciona. Y dice que estos 'millennials' no saben nada. ¿Para qué saber lo que antes se llamaban 'las cuatro reglas' —sumar, restar, multiplicar y dividir— si con la calculadora se hace todo más rápido y no hace falta emplear la 'prueba del nueve' para comprobar que las operaciones están bien?

(Nadie sabe qué es la 'prueba del nueve' y cuando el abuelo la explica y hace una exhibición, se produce un silencio mezcla de admiración —¡cuánto sabe!— y desprecio —¡cómo se nota lo anticuado que está!—).

Los 'millennials' llevan un móvil que contesta cualquier pregunta que antes contestábamos por 'cultura general'. Estos chavales la llevan en el bolsillo y mientras yo hago un esfuerzo por recordar la capital de Azerbaiyán, ellos miran el móvil y, con sonrisa de triunfo, gritan: ¡Bakú!

Un 'millennial' con máster es más completo. Iba a decir 'más peligroso', y lo digo. Pero añado: "Más en situación de peligro propio". Me explicaré.

En cuanto a conocimientos, están muy bien preparados. Pero yo creo que les falta formación como personas. Ahora se habla de 'valores'

Nos dicen —les dicen— que son la generación mejor formada. Aquí me gustaría pararme un momento. En cuanto a conocimientos, están muy bien preparados, sobre todo en temas tecnológicos en los que, normalmente, nos dan cien vueltas. Pero yo creo que les falta formación como personas. Ahora se habla de 'valores'.

Lo dejo aquí, porque me alargo mucho. Seguiré la próxima semana. Ya habéis adivinado que los 'millennials' están en la lista de los 50.

Hace poco, me hablaron de los 'centennials'. Estos todavía no están en la lista.

¡A ver si, a las primeras de cambio, la lista de los 50 se convierte en la de los 51!

P.S. 1

Distraídos por la lista de los 50, no os olvidéis de que la otra crisis no se ha acabado. He repasado el artículo que publiqué hace dos semanas y le recuerdo a mi amigo de San Quirico que seguimos en una crisis fuerte mientras nos han cambiado brutalmente las reglas del juego.

Mi amigo mira a un lado y otro del bar y me dice en voz muy baja: "Ya sé que esto no se puede decir ahora, pero, por lo que me dices, en estos momentos hay que ser muy macho para salir adelante y no echarse a llorar en una esquina".

"Como siempre", le contesto. La vida nunca fue fácil.

P.S. 2

Lo de 'macho' ahora suena mal. Iba a poner 'recio', pero he mantenido la frase original, que no incluye desprecio para nadie. Solo exigencia.

Desde San Quirico
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