Día 12. El jubilado que alertó del coronavirus y fue aborrecido por el Gobierno

Manuscrito encontrado en el supermercado: relato de un ingeniero retirado que denunció la llegada del virus, pero no fue proclamado héroe de la patria sino olvidado para siempre

Foto: Un hombre, tumbado en su balcón. (EFE)
Un hombre, tumbado en su balcón. (EFE)
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Hola amigos. Yo soy Archibaldo Miranda, y usted no lo es.

Bienvenidos a los diarios de la pandemia. Hoy vamos a contarles una historia inquietante.

Ayer ocurrió algo extraordinario en el supermercado: en el estante de las galletas había una botella de cristal con unos papeles dentro. Era un manuscrito titulado: 'Diarios de la peste, por Archibaldo Miranda, Madrid, 2020'. Incluía una breve biografía: “Archibaldo Miranda III (Ciempozuelos, 1954), ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, retirado de la vida civil, aficionado a la II Guerra Mundial, al seguimiento de crisis mundiales y a la caza de mariposas. Lector impenitente de periódicos”.

A la deriva

El diario de Archibaldo Miranda empezaba con una cita (¿involuntaria?) a García Márquez:

“Relato de un jubilado que estuvo días denunciando la llegada del coronavirus a España antes de que nadie lo hiciera, pero no fue proclamado héroe de la patria, ni besado por las reinas de la belleza, ni hecho rico por la publicidad, sino aborrecido por el Gobierno y olvidado para siempre”.

He aquí las entradas de un diario reproducido en rigurosa exclusiva mundial.

Desastre absoluto de los chinos tratando de controlar la gripe esa que la prensa ha dado en llamar coronavirus

8 de febrero: desastre absoluto de los chinos tratando de controlar la gripe esa que la prensa ha dado en llamar coronavirus. Poca cosa, en efecto, pero no para ese pueblo asiático atrasado.

10 de febrero: China ha clausurado medio país por el virus. La gente encerrada. ¡Pero estamos locos! A mí no me prohíbe salir de casa ni dios, y menos por una tosecilla.

21 de febrero: algunos medios insisten en tratar el catarrito como si fuera una pandemia mundial. Te tienes que reír.

1 de marzo: la gente ha entrado en pánico en Italia. Han acabado con el papel higiénico de los supermercados. No logro entenderlo. ¿Para qué?

17 de marzo: no tengo palabras para describir la miserable chapuza del Gobierno criminal. Solo han tomado medidas cuando ya era tarde. Llevo meses alertando de la peligrosidad del virus.

El guardia de seguridad me ha preguntado para qué quería 500 rollos de papel higiénico si vivía solo

18 de marzo: pequeño incidente en el supermercado. El guardia de seguridad me ha preguntado para qué quería 500 rollos de papel higiénico si vivía solo. He atado los rollos con una cuerna, le he mandado a la mierda y he echado a correr.

19 de marzo: impresionante el rigor y la disciplina de las autoridades chinas para cortar el coronavirus de cuajo. China es un gran país. Otro gallo nos cantaría si nos aplicáramos el cuento. 'Manu militari'. 'Menos samba e mais trabalhar'.

20 de marzo: he salido desnudo al balcón a aporrear mi cacerola contra las autoridades. Dos horas. Quizá me haya excedido —me sangran las manos y me he pillado una neumonía—, pero un Hombre debe saber cuándo dar un paso al frente.

21 de marzo: el JEMAD ha dicho en la tele que todos somos soldados. He pasado el resto del día leyendo las memorias de los mariscales Rommel y Montgomery en la batalla de El Alamein (14 tomos en total). Me acuesto exhausto y me levanto con los ojos inyectados en sangre.

22 de marzo: llevo todo el día oyendo aspas de helicóptero en mi cabeza. ¿Tendrán los vecinos la tele alta? ¿O seré yo?

23 de marzo: he comprado un rifle con mira telescópica en Amazon. Al primero que vea saltándose la cuarentena por la calle, me lo llevo por delante.

24 de marzo: ha salido el sol. He escuchado ‘Carmina Burana’ cinco veces seguidas y siento gran paz interior. Los vecinos han aplaudido. Esto lo arreglamos entre todos.

Diario de la pandemia
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