Día 14. El aparato de tecnología punta que acabará con el caos del coronavirus

¿Por qué los líderes mundiales están resolviendo las crisis del virus usando teléfonos en lugar de móviles? Vuelve el trauma del teléfono rojo

Foto: Fotos de la charla entre Boris y la reina. (Casa Real)
Fotos de la charla entre Boris y la reina. (Casa Real)
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Hola. Yo soy Alexander Graham Bell, y usted (siento decirle) no lo es.

Nuevo hito histórico en las comunicaciones mundiales: mi hija participó ayer en una videoconferencia con la guardería mientras tomaba un baño. Y no es broma. Ni Bill Gates en sus mejores tiempos oiga. Bienvenidos al circo de tres pistas de los diarios de la pandemia.

Ahora que hasta en Villachufla de Abajo saben más de organizar videoconferencias para 70 personas que de plantar patatas, hay un misterio que convendría aclarar. ¿Por qué cada vez que un alto cargo internacional hace una gestión crucial contra el virus sale hablando POR TELÉFONO en lugar de por móvil? Teléfono, sí, ese enorme aparato con un absurdo cable. Ese objeto que es a nuestros hijos lo que a nosotros eran las gramolas.


Boris Johnson y la reina de Inglaterra despachan. ¿Qué foto manda la Casa Real británica a los medios? Una de Boris y la reina hablando POR TELÉFONO.

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, cuenta a ‘El País’ que acaba de "cerrar la compra del material sanitario que necesita la UE". ¿Qué foto acompaña la noticia? Una de Ursula hablando POR TELÉFONO.

¿Eres un alto cargo mundial y no estás ahora mismo hablando POR TELÉFONO? Quizá seas un sinvergüenza negligente o un golfo sin escrúpulos.

La cuestión no es que el móvil sea o no seguro, sino que las fotografías oficiales del coronavirus son de políticos hablando POR TELÉFONO. ¿Puede haber imagen más tranquilizadora? Mientras sigamos usando ese aparato de tecnología punta, todo irá bien. Estamos en buenas manos, en concreto, en manos del TELÉFONO.

Ver a un primer ministro hablando POR TELÉFONO con gesto grave da sensación de sobriedad, de liderazgo, de gestión rigurosa de crisis. "Fíjense qué en serio me lo tomo que HASTA HABLO POR UN ZAPATÓFONO".

¿Eres un alto cargo mundial y no estás ahora mismo hablando POR TELÉFONO? Quizá seas un sinvergüenza negligente

Si viéramos al presidente del Gobierno con el móvil, pensaríamos inmediatamente: "Ya está el vivales trasteando en Twitter y enviando audios de cuchufleta a la wasa". Sí, amigos, un móvil es un juguete y un TELÉFONO, un objeto serio.

Explicaciones técnicas al margen, detengámonos en las ramificaciones culturales del revival telefónico. Quizás estemos ante un trauma enterrado de la Guerra Fría, cuando flirteamos con el fin del mundo, pues no hay objeto más icónico de entonces que EL TELÉFONO ROJO. Un objeto con tantas propiedades mágicas que hasta detuvo el invierno nuclear.

Volemos hacia Moscú

La crisis de los misiles (1962) estuvo a punto de desencadenar un armagedón... por un ridículo problema de comunicación. El presidente soviético, Nikita Jrushchov, aceptó retirar sus misiles de Cuba a cambio de que EEUU no invadiera la isla, pero su mensaje de 3.000 palabras tardó ¡12 HORAS! en llegar a Washington. Como durante esas 12 horas de tensa espera casi se lía la de dios, las dos superpotencias crearon una línea directa —el teléfono rojo— para evitar malentendidos, porque acabar con la vida en la Tierra por cuestiones hegemónicas tiene un pase, pero hacerlo porque tu mensaje de paz se ha quedado en la bandeja de salida es de gilipollas.

Lo más asombroso es que el teléfono rojo ni era rojo ni era, ejem, un teléfono. Era un maldito teletipo (de mensajes encriptados que atravesaban el océano). Todos fantaseaban con los presidentes de EEUU y la URSS charlando con los teléfonos rojos para arreglar sus diferencias, pero solo eran imágenes tranquilizadoras. Igual que las de ahora. ¿Por qué se bautizó entonces como teléfono rojo? Quizá por la fuerza simbólica del TELÉFONO como objeto 'solucionaproblemas'. Igual que ahora. Chúpate esa, Era de Internet.

El Instituto Tecnológico de Massachusetts me ha encargado ahora el diseño del mayor pepino telefónico de todos los tiempos: dos vasitos de yogur unidos por un hilo de cinco metros. Lo tengo ahora mismo en mis manos. Funciona como un cohete. Me encantaría seguir con el artículo, pero tengo al príncipe de Zamunda al otro lado de la línea telefónica: "¿Cómo va ese virus, majestad?".

Diario de la pandemia
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