Día 18. Operación banana: el plan profético para destruir el virus nazi

Cuando el Gobierno va 15 días por detrás y el pueblo 15 días por delante, solo un viajero en el tiempo puede acabar con el maldito virus. Que parezca un accidente

Foto: Fabricación de gel en Francia. (EFE)
Fabricación de gel en Francia. (EFE)
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Hola amigos. Yo soy Marty McFly, y usted no lo es...

Ayer pasamos el día con una actividad liviana para grandes y pequeños: construir una máquina del tiempo. Por votación popular, los primeros viajes serán: 1) ir al Berlín de 1937 a matar a Hitler; 2) ir a la Francia revolucionaria a peinarle la peluca a Robespierre; 3) ir a la España de 2019 a, ejem, pasear tranquilamente por la calle. Bienvenidos a los diarios de la pandemia.

Javier Marías publicó el domingo una columna en el 'EPS' —"Entusiastas del pánico"— sobre cómo los medios atizan el miedo al coronavirus. Con una advertencia: se publica ahora, pero la escribió hace 15 días. En efecto, opinar sobre el coronavirus con 15 días de retraso tiene sus riesgos: tienes tantas posibilidades de acertar como de sobrevivir si te cae un meteorito en la cabeza. Eso sí, en pleno bombardeo mediático compulsivo, tiene encanto romántico informarse solo con artículos tardíos de Javier Marías. Ding dong. Un momento, que llaman a la puerta:

—¿Eres el repartidor de Glovo con las pizzas?
—No, soy el correo del Zar, Miguel Strogoff, vengo de Petrogrado para traerle el artículo sobre el virus que Javierin Mariaskov escribió hace dos meses.
—Eh... Vale... ¿Te importa que los niños hagan una foto a tu caballo?
—Para nada.

No es que opinar con 15 días de retraso sea suicida, lo es opinar con un día de retraso, solo hay una cosa en el mundo más imprevisible que la crisis del coronavirus. Lo siguiente: imagine que está en casa viendo una peli de David Lynch sobre un anciano de Iowa y su cortacésped. Va usted un momento al baño y, al volver, pregunta a su pareja:

—¿Qué ha pasado?
—Que dos conejos gigantes han sodomizado al granjero, montado una conga con enanos y echado LSD en los depósitos de agua de San Francisco.
—¿Cómo? ¡Pero si solo me he ido dos minutos a mear!

Mañana ya veremos

Pues este es el rollo con el coronavirus: no es fácil saber qué va a pasar, porque todo es cada vez más extraño e inverosímil. Ni Nostradamus inspirado hubiera vaticinado en diciembre que la humanidad pasaría 2020 confinada. Pese a ello, o quizá por ello, estamos en la edad de oro del OS LO DIJE. Es fascinante la cantidad de personas que sabían lo que iba a pasar, como si hubieran viajado desde el futuro con información privilegiada, o cuando media España es un yanqui en la corte del rey Arturo.

Lo dijo el ministro de Sanidad a finales de enero: "Estamos preparados para abordar cualquier situación con el coronavirus". No lo estaban

También es asombroso (para mal) ver al Gobierno a rebufo de la trama. Salvador Illa, ministro de Sanidad, dijo en una entrevista a finales de enero: "Estamos preparados para abordar cualquier situación con el coronavirus". No lo estaban. Ni de lejos.

El ministro pensaba que el coronavirus iba a ser un telefilme de sobremesa, previsible y sin sobresaltos, pero le han soltado en mitad de una película demencial de David Lynch, está a merced de los enanos y de los conejos, y pasando un mal viaje tremendo.

Gobiernos que, como Javier Marías, van siempre 15 días por detrás de la trama... pese a que han visto la peli varias veces. Lo que pasa en Italia ocurre luego en España, y más tarde en Inglaterra, pero nadie es capaz de reaccionar a tiempo...

Hay un desajuste terrible. Cuando el Gobierno va 15 días por detrás y el pueblo 15 días por delante, solo un viajero en el tiempo puede desempatar para acabar con el maldito virus.

Volvamos pues a mi máquina casera del tiempo. Funciona. Estoy en Berlín, en 1937, y vigilo a Hitler con unos prismáticos. Está a punto de salir de la Cancillería. Todo está listo para el magnicidio. Es un plan sin fisuras. Absolutamente imposible que me pillen. La obra maestra del 'que parezca un accidente'. Atentos... El Führer comienza a bajar las escaleras de la Cancillería a paso ligero, pierde el equilibrio y se desnuca. Autopsia: muerte por resbalón con cáscara de plátano. Un extraño caso de mala suerte. Que quede entre nosotros.

Diario de la pandemia
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