Por qué a Ciudadanos le sale todo de fábula…

Por qué a Ciudadanos le sale todo de fábula…

Da igual lo que hagan, cómo lo hagan o quién lo haga. A Ciudadanos le sale todo bien, nada le pasa factura en las encuestas y, al contrario, no hace más que mejorar sus expectativas de voto

Foto: Albert Rivera en una rueda de prensa. (EFE)
Albert Rivera en una rueda de prensa. (EFE)

Da igual lo que hagan, cómo lo hagan o quién lo haga. A Ciudadanos le sale todo bien, nada le pasa factura en las encuestas y, al contrario, no hace más que mejorar sus expectativas de voto tanto de cara a las elecciones municipales y autonómicas del año que viene, como a las generales de 2020. Fíjense en el caso de Madrid, por ejemplo. El PP parece empeñado en llevar al partido naranja al límite, es decir, a verse obligado a apoyar la moción de censura del PSOE, en una jugada estratégicamente desastrosa para el propio PP que, si llega a forzarla hasta ese extremo, no solo perdería el gobierno de la Comunidad en el último año de la legislatura sino que, además, lejos de desgastar a su rival va a conseguir que salga como el gran triunfador.

Ciudadanos ya ha dicho que no apoyará la moción si eso implica un Gobierno del PSOE con Podemos, y Podemos, a su vez, ha dicho que con tal de apartar al PP se hacen a un lado para que gobierne el PSOE en solitario. Es decir, que el nuevo presidente sería un señor de la talla de Ángel Gabilondo que haría muy difícil que triunfara el discurso de que Ciudadanos le ha dado el gobierno de Madrid a la extrema izquierda, que es por donde pasa la estrategia del PP. Realmente eso no va a pasar, porque en el último minuto y ante el riesgo de perder el gobierno regional, el PP dejará caer a Cifuentes, lo cual también será una victoria de Ciudadanos. Y es que el partido naranja está viviendo un momento 'dulce', no tanto por méritos propios, como por deméritos ajenos.

El nuevo presidente sería un señor de la talla de Gabilondo que haría muy difícil el discurso de que Cs le ha dado el gobierno a la extrema izquierda

A izquierda y a derecha se suceden las crisis y los conflictos internos, mientras que en la formación de Albert Rivera las aguas bajan aparentemente tranquilas, lo cual les permite pescar a ambos lados y seguir sumando nuevos votantes que buscan, precisamente, un remanso de cierta tranquilidad. De hecho, a Ciudadanos no le han pasado factura ni siquiera sus rectificaciones en asuntos tan popularmente sensibles como la prisión permanente revisable, o como en su día la aplicación del 155, o en estas últimas horas la política sobre TV3 —hay que recordar que Ciudadanos apoyó la petición del PSOE de que el 155 no se aplicara sobre la televisión pública catalana, y ahora sin embargo reclama que se actúe contra ella—. No importa, los pecados de los demás hacen que los de la formación naranja sean meras faltas sin consecuencias.

Cifuentes en el pleno de la Asamblea de Madrid. (EFE)
Cifuentes en el pleno de la Asamblea de Madrid. (EFE)

A eso se une un liderazgo que nadie cuestiona, un equipo suficientemente cohesionado y la sensación cada vez más extendida de que pueden ser la clave de futuros gobiernos municipales, regionales e, incluso, nacional, y ya está todo hecho. Incluso allí donde había dudas sobre alguno de sus candidatos, como era el caso de la Comunidad de Madrid donde Ignacio Aguado tenía algunos detractores dentro del partido, el caso del máster de Cristina Cifuentes ha servido para fortalecer su imagen y confirmarlo de cara a 2019 sin que nadie lo cuestione ya en las filas naranjas. Incluso en Cataluña, donde Inés Arrimadas parece haberse diluido en un segundo plano pese a haber ganado las elecciones, las expectativas de la formación naranja siguen al alza, aunque ya no ganaría las elecciones autonómicas, pero no porque baje en intención de voto, sino porque Carles Puigdemont le roba buena parte de su electorado a ERC.

Y, sin embargo, al PP la estrategia de forzar a Arrimadas a posicionarse no solo no le ha servido de nada, sino que incluso le haría perder otro escaño más si hubiera nuevas elecciones. Con este panorama, es lógico que los estrategas que rodean a Albert Rivera midan al milímetro cada intervención, cada gesto, cada palabra, porque saben que en cualquier momento un error podría llevarse por delante el trabajo de estos meses. Ahora mismo Ciudadanos es la otra cara de un espejo en el que se miran los demás partidos cuestionados por sus crisis internas o la debilidad de sus liderazgos. Por eso no tienen prisa: el tiempo juega a su favor.

Dos Palabras

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