ETA (banda terrorista): Desgraciados los tiempos en los que hay que explicar lo obvio

Desgraciados los tiempos en los que hay que explicar lo obvio

Exagerar la respuesta punitiva y considerar todo como terrorismo o violencia no soluciona necesariamente el problema y a veces lo agrava

Foto: Juicio por la agresión a guardias civiles en Alsasua de 2016. (EFE)
Juicio por la agresión a guardias civiles en Alsasua de 2016. (EFE)

- Cuestionar que se consideren un delito de terrorismo no supone que se apoyen, legitimen o disculpen hechos tan terribles y salvajes como los de Alsasua.

- Poner en duda que se considere delito de rebelión con un concepto de violencia potencial el proceso independentista no supone ser un separatista o desear que queden impunes quienes lo promovieron.

- Sostener que es exagerada una medida de prisión provisional no significa que no se aprecien delitos o conductas rechazables en el proceso independentista.

- Entender que no son presos políticos no es ser un fascista.

- Ver exagerado imputar delito de terrorismo a miembros del CDR no supone apoyar actos perseguibles y rechazables.

- Decir que no hay punto de comparación entre lo que fue la 'kale borroka' y lo que ocurre en Cataluña no significa que no deban ser perseguidos y condenados esos actos.

- Rechazar la prisión permanente revisable no es pedir que salgan a la calle autores de actos criminales atroces.

- No estar de acuerdo con que se condene a tuiteros o raperos no impide que se rechacen algunos de sus textos por tener un evidente mal gusto, por ejemplo, sobre víctimas de terrorismo.

- Considerar que no debe sancionarse la pitada al himno en la final de la Copa del Rey de fútbol y que no es violencia como sostiene el ministro del Interior no impide que se entienda que es de mala educación y rechazable.

- Creer que no tiene sentido mantener la dispersión de presos de ETA no significa ser un etarra o pensar que no deben cumplir sus condenas. Incluso, puede defender esta posición quien haya sufrido directamente el terrorismo.

- Hasta se puede ser religioso y horrorizarse por que se procese, juzgue y condene a alguien por un delito contra el sentimiento religioso.

“Desgraciados los tiempos en los que hay que explicar lo obvio”, se asegura que dijo Ernesto Guevara.

Exagerar la respuesta punitiva a hechos concretos no siempre es positivo para solucionar un problema y, a veces, hasta lo agrava. Para eso, existe el principio de proporcionalidad de penas y la graduación en la consideración de delitos.

Solo una parte del problema se entiende teniendo en cuenta cómo se ha legislado en los últimos 40 años: con reformas parciales y atropelladas del Código Penal en todas las legislaturas, con endurecimientos progresivos bajo el principio de que es rentable políticamente el exceso punitivo, bajo la creencia de que solo las penas disuaden a potenciales delincuentes y con la idea de que la Justicia debe sustituir a la política.

Y esta semana alguien tan legitimado para rechazar el terrorismo, por razones evidentes, como Eduardo Madina ha dicho: “Si todo es terrorismo, nada lo es”.

El patio del Congreso

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