Los tiempos de Sánchez

El presidente del Gobierno habla menos de diez minutos con Casado, tras 12 días sin llamarle, y habla de pactos, pero sin trasladar su propósito al líder del PP

Foto: Varios ancianos siguen la comparecencia de Pedro Sánchez por televisión. (Reuters)
Varios ancianos siguen la comparecencia de Pedro Sánchez por televisión. (Reuters)

Se decía de Mariano Rajoy que medía los tiempos, que su concepto de tiempo no tenía nada que ver con los del conjunto de los mortales, pero ahora hemos comprobado que los tiempos de Pedro Sánchez (o de sus asesores) a veces no son mucho más ágiles. Que quizás en su caso, su concepto del tiempo tampoco va acompasado con el de los ciudadanos y su realidad.

Ahora, tiempo es justo lo que no hay. Que cuando se dice eso de “saldremos de esta” no está claro lo que se quiere decir, porque es obvio que no saldrán todos y que los que salgan no estarán ni de lejos como estaban antes. Que cuando se cuentan las penalidades de enfermos, de ancianos y de sanitarios lo que precisamente se comprueba es que lo que no hay es tiempo. Cuando se trabaja como se trabaja para lograr material como mascarillas o respiradores es porque no hay tiempo.

Siempre hay que explicar que no es fácil gestionar esta terrible situación, que cuando se dice que se actúa con improvisación se cae en una perogrullada, porque solo puede ser improvisada la respuesta a una catástrofe tan imprevista y atroz como esta. Y que lo prioritario es la respuesta sanitaria, luego la económica y, finalmente, la política. Pero esta última es muy importante porque de ella a veces dependen las dos primeras, sobre todo si se habla de respuestas rápidas y eficaces, es decir de falta de tiempo.

Se dice también como frase de autoayuda eso de “unidos saldremos antes”, “unidos seremos más fuertes o "lo paramos unidos”, pero a veces no pasa de la retórica de los discursos del momento. La celeridad con la que trabaja el Gobierno no es coherente a veces con los tiempos para las acciones y decisiones políticas.

El presidente del Gobierno llevaba 12 días sin llamar al líder de la oposición, Pablo Casado, y la conversación ha durado menos de 10 minutos y sin quedar en nada concreto de volver hablar, reunirse o verse. Son 12 días que para la vida de muchos y la historia de todos viene a ser como una década por todo lo que ha ocurrido.

Luego en rueda de prensa, Sánchez ha dicho que “buscará” un acuerdo con los partidos similar al de los Pactos de la Moncloa de la Transición. “Buscará”, en futuro.

De hecho, a Casado no le ha hecho mención alguna sobre esos pactos en su conversación telefónica. Y el tiempo apremia, como lo prueba que el Gobierno lleve ya bastantes Consejos de Ministros aprobando medidas necesarias del llamado “escudo social”, con el argumento de que el tiempo apremia. En eso sí.

Otro tema y otro debate, aunque no menor, es la utilidad de ese pacto, teniendo en cuenta que hay quien sostiene que ahora no está en juego como entonces crear un modelo económico sino las medidas que se tomen y tampoco está claro que una parte del Gobierno firmara un acuerdo de moderación salarial y control del déficit, como hizo Santiago Carrillo entonces. Tampoco es esperanzador leer que FAES, el suministrador ideológico del PP de Casado, descalifica a una parte del Gobierno como posibles firmantes de un acuerdo de este tipo. Sin entrar en el complicado paralelismo histórico, aquel pacto era predemocrático, de construcción de la democracia.

En todo caso, el tiempo apremia, porque podría traer en un futuro próximo una amenaza de intervención de la UE en la economía española. Pero eso ya es el futuro, por muy cerca que esté o se perciba.

La conversación con Inés Arrimadas de Ciudadanos no ha durado mucho más y porque ha sido ella la que ha sacado el tema del pacto, haciendo referencia a una carta que le ha enviado pidiendo al presidente un “gran acuerdo nacional para preservar el Estado de bienestar y la economía”. Sánchez se ha limitado a agradecerle la propuesta. Viene a ser el "ya te llamaremos" clásico, teniendo en cuenta que la líder de Ciudadanos lleva semanas enviando propuestas a La Moncoa sin obtener respuesta. Y sin estar recibiendo información tampoco del Gobierno.

Estos días, Sánchez no ha consultado con sus socios y solo ahora cuando ha visto en peligro la convalidación de decretos, ha empezado a negociarlos. Y de facto retirará el caótico decreto que limita la actividad a los sectores esenciales, tal y como quería el PNV.

Ahora al final les llama, pero ha perdido el tiempo para ir juntos frente al coronavirus, aunque solo sea porque las comunidades autónomas las gobiernan otros partidos y porque hubiera sido mejor para todos una especie de corresponsabilidad para repartir decisiones y cargas. Liderar también es eso.

Este sábado, tras la cita del poeta persa, Sánchez ha dicho que el Gobierno se somete al control parlamentario, pero no existe tal, más allá de los obligados plenos para el estado de alarma, y el PSOE bloquea la petición del PP para crear una comisión de estudio en la que se escuche el Gobierno y se hagan propuestas. En Francia hay una comisión similar en la que ya han comparecido el primer ministro y oros miembros del Gobierno.

Tampoco ha buscado, hasta ahora, apoyo de los partidos para la negociación vital con la Unión Europea y ni siquiera ha cumplido la obligación legal de comparecer para dar cuenta de la última cumbre europea. La última de la que dio explicaciones en el pleno fue la de junio de 2019.

Habrá ocasión de evaluar sus tiempos para declarar la alarma, suprimir actos masivos o para parar sectores no esenciales. Ahora no hay tiempo, ni es tiempo.

El patio del Congreso
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