La música en política: del pop de Pedro Sánchez al hardcore de Ciudadanos

En lo que resta de campaña y bajo el paraguas de una gira que llevará a los artistas por toda España, encontramos a los candidatos y sus partidos encuadrados en diferentes registros musicales

Foto: Miquel Iceta (PSC) baila en un acto de campaña en Cornellà de Llobregat, Barcelona. (EFE)
Miquel Iceta (PSC) baila en un acto de campaña en Cornellà de Llobregat, Barcelona. (EFE)

Aaron Sorkin, creador de series célebres como 'El Ala Oeste de la Casa Blanca' o 'The Newsroom', de obligada consulta para estudiosos e interesados en la política y la comunicación, reconoció en una ocasión que preparaba sus guiones y discursos por encargo escuchando música. Y según la canción que sonara en ese momento, las palabras surgían solas, movidas por un extraño efecto que conectaba intenciones con sensaciones, lo visual y lo auditivo, la proyección de un sentimiento abrazado a una idea concreta. La canción determinaba los mensajes que eran propicios para cada momento del discurso. Comunicación pura, conversación directa, diálogo fluido.

Siempre recuerdo a Sorkin cuando tengo un folio en blanco delante de mí. Porque de ahí puede surgir lo que quieras. En el fondo un discurso no es más que lo que tú quieras que sea. Esto es más evidente hoy, que vivimos la era de la política pop-art. Activismo visual bajo el paradigma de ofrecer representaciones gráficas de lo que hacemos. En redes ya todo es imagen, conformada por el mensaje. Fuera de ellas, todo es percepción, fija o móvil, pero percepción. Lo último es el movimiento político condensado en forma de baile. Paradoja de un contexto inestable y una incertidumbre que obliga a que el centro de la pista sea el nuevo foro de discusión política.

Bailar por convicción y no por obligación, por diferencia y no por deferencia. Si siempre has bailado, hacerlo de nuevo ayuda. Si nunca lo has hecho y hasta has criticado que otros lo hicieran, aparecer como la versión latina de los Obama retrata la falta de crédito político, forzado el candidato a representar la falsa sombra de lo que proyecta ser, empujado por sondeos adversos, asesores nerviosos y sociólogos de cocina inquieta.

En realidad las personas nos movemos por el sonido de la canción, no por la letra que lo acompaña. Bailamos por los acordes de una voz, no por el soneto que la dibuja. En política, la música también determina la letra. En el libro 'Tus gestos te delatan', explico la importancia para el orador de una buena sincronía entre su lenguaje y su comunicación no verbal:

"Nuestros gestos, si se mueven al compás de un mensaje expresado con el tono adecuado, generarán impacto y credibilidad (...) Si el mensaje es plano, el cuerpo no habla, la monotonía es evidente y dejas un poso de recuerdo borrable (...) Si, por el contrario, articulas una comunicación melódica donde el ritmo es el adecuado a cada fase del discurso, el público se encontrará más seducido y receptivo a escuchar a esa persona que está engalanando sus oídos, motivando su corazón y regando de ideas su mente. Sin música no hay comunicación. Y aquí, el silencio es el batería del discurso".

La política son sonidos, bajo acordes que trabajan la movilización efectiva. En lo que resta de campaña y bajo el paraguas de una gira que llevará a los artistas por toda España, encontramos a los candidatos y sus partidos encuadrados en diferentes registros musicales, a saber:

El pop de Pedro Sánchez y el PSOE

El marketing elevado a exponente de escenografía visual constante. De la bandera al baile. Con su líder moviendo las caderas al son de un liderazgo teatralizado, donde el storytelling funciona a medias (recordemos el ridículo de escenificar como relato la inclusión de una ficticia Valeria como ejemplo de cercanía política) sobre una epifanía que Mazzoleni denominó política pop y bajo ese discurso del entretenimiento que sustituye, el pan y circo tradicional, por el divertimento mediático.

El réquiem de Mariano Rajoy y el PP

Hace cuatro años, la Asociación Popular de España en Colombia compuso el célebre tema 'Vamos Rajoy, Mariano Rajoy' que tantos momentos sirvió a la oposición mediática para hacer sangre del entonces candidato popular. Hoy, entre vals y réquiems, la orquesta de Génova, aventurando un Titanic futuro, se encomienda a un director de batuta previsible y movimientos prietos. Nada por aquí, poco por allá. La política de mensajes calculados requiere pasos precisos para dominar el centro de la pista.

El hardcore melódico de Rivera y C's

Irrumpe con la fuerza de un acorde estruendoso, al modo en que Bono y sus U2 hacen acto de presencia en el escenario. Genera la música pegadiza de mantras inequívocos y fáciles de recordar, como cuando uno se mueve al son de lo que Muse o Green Day tocan, con letras repetitivas y resonantes, a veces demasiado, pero sin duda recordables. Música para escuchar sentado o bailar de pie, lejos pero seguro, con todos pero sin pegarse a nadie.

El punk alternativo de Pablo Iglesias y Podemos

La melodía rupturista antisistema de la formación morada nació de un entorno tranquilo y reposado y poco a poco fue rompiendo en masas que saltan con son pero sin compás, arrastrada por la ilusión de una temática que parece no pasar de moda, hasta que pasa. La movida de las aulas empieza a ser un reducto para nostálgicos de una época que ya pasó. El tic-tac de las plazas se paró en una hora que ya no va acorde a los tiempos. El mecano de la revolución parece atascarse en el peor momento.

Miquel Iceta se desata en el arranque de la campaña electoral catalana

Iceta abrió la veda. El hashtag #Icetalopeta fue durante una tarde el eslogan que movió en tertulias y corrillos a media España. Fue el culmen a una buena campaña, mesurada, hecha desde la tranquilidad de un programa y la serenidad de un candidato que no aceptó el duelo de hablar en indio ni hacer el ídem. Sus palabras se movían al son de su cuerpo. Ritmo calculado para mensajes en marcha. Después de él, todos le siguieron. Pedro Sánchez a su lado, Rajoy en la boda de Javier Maroto y la última en sumarse al coro danzatorio, Soraya Sáenz de Santamaría. Aún veremos más movimientos, más escenificación a la americana, más soltura impostada y naturalidad buscada. La política en el sambódromo de la tele como epílogo de una campaña movida.

En la cocina de la campaña
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