Trump: ya basta

La destrucción del orden internacional por parte de Trump terminará no solo cuando los norteamericanos dejen de votarle, sino cuando entre todos le digamos ‘basta’

Foto: El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la primera ministra de Reino Unido, Theresa May. (Reuters)
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la primera ministra de Reino Unido, Theresa May. (Reuters)

La visita de Trump al Reino Unido no ha dejado a nadie indiferente: en solo tres días logró humillar a la primera ministra, insultar al alcalde de Londres y romper el protocolo con la propia reina de forma tan estrepitosa que pareció premeditado. Y todo ello a pesar de que la mayoría de los británicos pensaban que gozaban de una ‘relación especial’ y privilegiada con los Estados Unidos. Definitivamente, por donde Trump pasa no crece la hierba.

El presidente venía de Bruselas, donde había exigido a los aliados europeos que aumentasen su gasto en defensa. A Trump no le falta un punto de razón al decir que los europeos no han cumplido sus compromisos presupuestarios en la OTAN. Pero lo que Trump no cuenta (al menos públicamente) es que su objetivo no es revitalizar la OTAN sino destruirla. Y en cierta medida ya lo ha conseguido: ¿confiaría usted en que si un país europeo se encontrase sumido en un conflicto militar, los Estados Unidos bajo la presidencia del presidente Trump nos apoyarían? Imagínese por ejemplo que tenemos un conflicto militar con Rusia, ¿de verdad cree que el apoyo de Trump a Europa, como aliados que somos en la OTAN, sería incuestionable? Los países europeos tienen que destinar más parte del presupuesto a defensa, sí, pero no necesariamente para engrosar una OTAN moribunda, sino para reforzar su propia capacidad defensiva dentro de la Unión Europea.

La política de destrucción del orden internacional de Trump no se limita solo a defensa, sino que otro de sus objetivos es dinamitar la Organización Mundial de Comercio (OMC). El presidente impone tarifas unilaterales cómo y cuando quiere, sin ni siquiera molestarse en articular una explicación semilegal para sus decisiones. Su política comercial se resume en ‘como yo soy el más fuerte, hago lo que me da la gana’. La posibilidad de que la OMC continúe su labor de eliminar barreras comerciales es, a día de hoy, inexistente. Trump ha dejado a la OMC tan vacía de contenido que las posibilidades de que esta organización se recupere durante su presidencia son nulas.

No contento con destruir el orden de defensa y el orden comercial, ahora ha puesto su punto de mira en la Unión Europea (UE). Y lo ha hecho sin ambigüedades: diciendo que la canciller alemana, Angela Merkel, representa todo lo que a él le disgusta; aconsejando a la primera ministra británica, Theresa May, que en vez de buscar un acuerdo de Brexit litigue contra la Unión Europea, e incluso diciendo abiertamente que la Unión Europea es un ‘enemigo’ de los Estados Unidos.

Dicen los que se dedican a esto que la reunión del G7 en la que Trump se desmarcó de sus aliados fue todavía mucho peor de lo que nos contaron. Se rumorea, pero es solamente un rumor, que el presidente confirmó a uno de los asistentes que su objetivo era destruir la OTAN, la OMC y la UE. Así, sin ambages.

Se rumorea que el presidente de EEUU confirmó a uno de los asistentes que su objetivo era destruir la OTAN, la OMC y la UE. Así, sin ambages

Como esto nos afecta a todos, y principalmente afecta al futuro de nuestros hijos, no estaría de más que alguien nos contara sin tapujos lo que de verdad ocurrió en esa reunión. De las muchas cosas preocupantes que están ocurriendo en el mundo, no hay nada que sea tan determinante para la prosperidad y seguridad de las nuevas generaciones como el drástico cambio de política internacional por parte de los Estados Unidos hacia Europa. Y no solo porque implica que Estados Unidos y Europa pueden dejar de ser aliados, sino porque el acercamiento de Trump a países no democráticos —con limitaciones a la libertad de expresión y violaciones recurrentes de los derechos humanos— hace que los estándares de gobernanza internacionales caigan en picado.

Y es que en política internacional, como en política nacional, lo que hacen los de arriba determina lo que creen que pueden hacer los de abajo. Cuando un dirigente nacional cobra comisiones y lava dinero, les da implícitamente permiso a los de abajo para hacerlo. Y cuando un presidente de los Estados Unidos se aparta del orden internacional, les da implícitamente permiso a los demás para apartarse. Se avecinan meses complicados cuyas secuelas pueden ser devastadoras para la sociedad occidental: valores que creíamos incontestables (el Estado de derecho internacional y las libertades individuales) pueden verse seriamente cuestionados.

Ante este panorama, lo normal sería que los que creemos a pies juntillas en ese orden internacional y en esas libertades fundamentales dedicásemos nuestros esfuerzos a defenderlos, poniéndolos por encima de nuestras diferencias políticas o incluso nacionales. Pero la mayoría estamos distraídos con pequeñeces políticas de última hora o simplemente mirando para otro lado. Las manifestaciones contra Trump en el Reino Unido estaban plagadas de corbinistas, militantes de extrema izquierda, pero faltaban muchos de los demás. Y a muchos de los que estuvimos manifestándonos contra él nos tachan de ‘élite liberal’ como si fuésemos solamente unos pocos y no nos enterásemos de nada. Pero lo que menos importa es la etiqueta que nos pongan. Porque lo que de verdad cuenta es que todos (de izquierda, de centro y de derecha), todos los que a pesar de nuestras diferencias políticas siempre hemos aceptado que en el mundo hay reglas y que el respeto a las libertades individuales ha de ser incuestionable, hagamos de su defensa nuestra prioridad.

La destrucción del orden internacional por parte de Trump terminará no solo cuando los norteamericanos dejen de votarle, sino cuando entre todos le digamos ‘basta’.

En versión liberal
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