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Boris Johnson no debería haber dimitido
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Miriam González

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Boris Johnson no debería haber dimitido

Ser objetiva sobre la dimisión de Johnson supone un reto. Primero, por su impresentable populismo político, pero también porque su populismo personal es insoportable

Foto: Boris Johnson. (EFE/Neil Hall)
Boris Johnson. (EFE/Neil Hall)

Es una pena que Boris Johnson haya dimitido. Es más, tendría que estar prohibido que un primer ministro como él dimita. Todas las constituciones de países democráticos del mundo deberían estipular que si los electores cometen la insensatez de dar una amplísima mayoría absoluta a un vago, mentiroso, irresponsable, mujeriego y charlatán, y además lo hacen a pesar de tener pleno conocimiento de la catadura moral del interfecto, como hicieron los británicos en 2019, luego deben tener la obligación de apechugar con las consecuencias de haberlo elegido durante toda la legislatura. Toda enterita. A ver si al menos así aprenden del error y no vuelven a hacerlo.

Ser objetiva sobre la dimisión de Johnson supone un reto. Primero, por su impresentable populismo político, que fue decisivo para el Brexit y el Brexit duro, dos de las decisiones británicas más autodestructivas. Pero también porque su populismo personal es insoportable. Una vez comentó en un artículo que yo era "encantadora, lista y divertida" y casi me da un yuyu. Lo que más molesta de los machitos arrogantes no son sus ofensas, sino sus cumplidos.

Foto: Campaña del Partido Conservador. (EFE/Neil Hall)

Pero a pesar del rechazo que provoca, hay que reconocer que hay cosas positivas en su dimisión de las que deberíamos tomar nota. Empezando por el hecho de que haya dimitido sin haber cometido un acto ilegal. Importantísima lección para los políticos españoles. A Johnson se le ha echado en cara que rompe las normas, pero ni se le ha imputado ni se le ha condenado por nada, al menos de momento. Simplemente, ha perdido el apoyo de su partido por su falta de ética. Hagamos cuentas: ¿cuántos políticos españoles han tenido que dimitir no por cometer un delito o estar imputados, sino simplemente por una cuestión de probidad? La inmoralidad de Johnson es apabullante. Pero visto desde un país como el nuestro, en el que las impudicias de los políticos pasan casi desapercibidas y en las tertulias se utiliza recurrentemente el argumento de que "puede que esto sea poco ético, pero no es ilegal" como excusa para pasarles las faltas a los políticos (y también a otros estamentos del Estado), el que en el Reino Unido se pueda forzar al primer ministro a irse por un comportamiento poco ético es algo que da envidia.

Como también da envidia ver que los partidos políticos británicos tienen la libertad y capacidad de poner contra las cuerdas a sus propios primeros ministros. Una libertad que nosotros no tenemos, porque nuestros presidentes (con la excepción de los dos primeros, Suárez y Calvo Sotelo) son el vértice de férreas estructuras clientelares piramidales fraguadas durante años a golpe de favores, puestos, huecos en listas, subvenciones y prebendas que aseguran que no les tosa nadie. El ecosistema perfecto para el borreguismo. Por eso, incluso en los momentos en que media España clama contra los desatinos de Sánchez, o clamaba contra la parsimonia de Rajoy, la incompetencia económica de Zapatero, el gran error internacional de Aznar o la barbarie del GAL de la época de González, ningún parlamentario de su partido se atreve o atrevió a criticarles. La ley del silencio. En el Reino Unido no solo les critican (y a Johnson le tenían que haber empezado a criticar antes) sino que llegan a echarles, como ha ocurrido ahora. Eso sí que es libertad parlamentaria.

El referéndum sobre el Brexit fue una victoria para la prensa nacionalista de derechas

Para entender por qué en un país tradicionalmente conocido por el respeto al Estado de derecho y la mano dura contra la corrupción se han tolerado los abusos institucionales y éticos de Boris Johnson durante casi tres años, hay que echar la vista atrás hasta junio de 2016, la fecha del referéndum del Brexit. Ese referéndum fue una victoria para la prensa nacionalista de derechas —el 'Daily Mail', el 'Telegraph' y la prensa de Murdoch— tras décadas de durísima campaña mediática contra la Unión Europea.

La prensa británica es muchísimo más poderosa y feroz que la española, en parte porque está en manos de grandes magnates y, por ello, a diferencia de muchos de nuestros medios de comunicación, su subsistencia económica no depende ni directa ni indirectamente del poder político. Como en el Reino Unido no tienen una Constitución escrita y actúan a menudo por convenciones, el control del poder político por la prensa es importantísimo.

placeholder Manifestante en contra del Brexit. (Reuters/Henry Nicholls)
Manifestante en contra del Brexit. (Reuters/Henry Nicholls)

Pero desde la victoria del Brexit, todo el empeño de esa poderosísima prensa ha estado no en controlar al poder político, sino en conseguir que el país perciba 'su' Brexit como un gran éxito. Por ello, en vez de controlar a Boris Johnson (el gran abanderado del Brexit), se han dedicado a protegerlo. En vez de denunciar sus mentiras, las han amplificado. Y en vez de criticar sus abusos, los han tapado. Mientras la prensa siga renegando de su papel de control y dedicándose a camuflar las mentiras del Brexit, el país seguirá argentinizándose.

La dimisión de Johnson es una humillación en toda regla para el Reino Unido del Brexit. Aunque van a hacer falta unas cuantas humillaciones más para que los que votaron a favor del Brexit se bajen del carro. Pero incluso en este momento de acelerado declive, hay que reconocer el mérito de los controles y garantías del sistema político británico.

Es una pena que Boris Johnson haya dimitido. Es más, tendría que estar prohibido que un primer ministro como él dimita. Todas las constituciones de países democráticos del mundo deberían estipular que si los electores cometen la insensatez de dar una amplísima mayoría absoluta a un vago, mentiroso, irresponsable, mujeriego y charlatán, y además lo hacen a pesar de tener pleno conocimiento de la catadura moral del interfecto, como hicieron los británicos en 2019, luego deben tener la obligación de apechugar con las consecuencias de haberlo elegido durante toda la legislatura. Toda enterita. A ver si al menos así aprenden del error y no vuelven a hacerlo.

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