Todos, todas, todes: cuando la izquierda trabaja en serio pero parece broma

La izquierda está casi siempre llena de buenas intenciones. Otra cosa es cómo las ejecuta, qué 'performance' pergeña

Foto: Foto: Ángeles Caballero.
Foto: Ángeles Caballero.

Hay muchos Madrid en uno. Por eso, en la colonia del Pico del Pañuelo se palpan las dificultades para llegar a fin de mes, los pisos sin ascensor, el trapicheo. Por eso, su vecino de enfrente, el Matadero, huele a 'performance', a masa madre y etiqueta bio, a cine en versión original. Y es en este enorme contenedor de exposiciones que casi nunca entiendo donde se celebra desde el lunes el II Foro Mundial sobre las Violencias Urbanas y la Educación para la Convivencia y la Paz. Sí, yo también he tenido que parar para respirar al leerlo.

La izquierda está casi siempre llena de buenas intenciones. Otra cosa es cómo las ejecuta, qué 'performance' pergeña. Porque todos estamos a favor de la educación, de la convivencia y de la paz, pero choca encontrarse con un grupo de voluntarios disfrazados de cebra a la entrada y no pensar que se trata de una broma pesada. Más cuando el coordinador del grupo les está diciendo: “Puede haber gente que se abrace y otros que no. Estamos para servir a la gente. ¿Están preparados todos?”, dice. Y esos todos, claro, gritan al unísono que sí, y chocan sus manos.

Foto: Á. C.
Foto: Á. C.

También choca encontrarse a Violeta, concursante de 'Mujeres y Hombres y Viceversa', paseando tranquilamente por el Matadero, porque en el programa del foro, plagado de buenas intenciones y mejores personas, no estaba. Mejor no me pregunten por qué la he reconocido.

El fondo de armario de la izquierda es mucho más democrático que el de la derecha. Prima la comodidad y escasea el tacón, pero se ven gorras de rapero y de Villarejo, hay mucho negro y gris en la ropa pero también toques de color haciendo guiños a Ágatha Ruiz de la Prada. Hay pelo corto, largo, flequillos y tintes imposibles, rastas reguleras y medias melenas.

Chispea en Madrid y hay muy poca gente en las ponencias a las que acudo. Esto no pasa cuando se habla de liderazgo, y acuden esos famosos jubilados a golpe de chequera a darte una chapa de autoayuda y te piden encarecidamente que luches contra las adversidades. Por eso entristece que para hablar de violencia contra los niños no esté lleno el auditorio, como si apenas a unos pocos les importara cómo podemos proteger a los más vulnerables.

Estaba previsto James Rhodes, nuestra nueva Marca España, pero no ha podido acudir. Así que también choca que salga una señora disfrazada de parca y se presente como “el dolor emocional de Julia, de 10 años […] puede ser gestionado y encauzado”. Yo estas cosas no acabo de entenderlas y eso que de empatía ando sobrada. Pero si esa era la manera de contar una actividad que fomenta la convivencia escolar, a mí que me reseteen el cerebro, que debo estar oxidada.

Pero si el vestuario es variado, lo que sí es uniforme es el lenguaje. Inclusivo y repleto de nuevas palabras. “Tenemos que hablar de la dinamización”, explica un chaval de apenas 20 años por teléfono a su interlocutor. “Bienvenidos, bienvenidas, bienvenides”, dice Roma Calderón, moderadora de un encuentro de Ciudades Aliadas en el Orgullo LGTBI. Se habla de “homolesbotransodio” en una charla en la que participa Rita Maestre, que asiente con entusiasmo a todas y cada una de las palabras de los participantes. “Declaraciones y manifiestos hay muchos, pero lo que se necesitan son políticas públicas”, dice. Maestre es educada y yo también, pero ella disimula cuando escucha este léxico y a la que escribe le chirría un poco. “Es muy importante que lo hagamos entre todos, todas y todes”, insiste la moderadora, que ‘regaña’ a los que llegan tarde a la mesa.

De nuevo una pena, teniendo en cuenta el contenido de las intervenciones. Se cuenta que entre enero de 2008 y septiembre de 2017 fueron asesinadas 2.609 personas por odio LGTB, se habla de “transfobia” y de “travesticidio”, de que el 75% de esos asesinatos se cometieron en América Latina. Habla Victoria, una trans hondureña que lleva tres años en España y que cuenta cómo nada más llegar un guardia de seguridad de una discoteca no la dejó entrar esgrimiendo que los suyos tenían Chueca para divertirse. Habla Rubén López, de Arcópoli, que también ha sido víctima de agresiones homófobas y explica que esta misma mañana, a la salida de un juicio en Fuenlabrada, el agresor ha intentado agredir de nuevo a sus víctimas.

Se habla de “homolesbotransodio” en una charla en la que participa Rita Maestre. Disimula cuando escucha este léxico y a la que escribe le chirría

En el Espacio Taller se celebra una de las últimas actividades del día. El Instituto catalán Internacional por la Paz da una charla titulada ‘Hip hop para la paz’. En el vídeo salen un grupo de chavales diciendo frases como que “cuando la mandas a la mierda eso es violencia verbal” o “actúa, ya verás, las cosas cambiarán”. Hay apenas una docena de personas en la sala, un 0,01% de las que había cuando Colin Powell abarrotó en 2006 el Palacio Municipal de Congresos de Ifema para contarnos a los presentes que lo que más echaba de menos de la política era su avión privado.

Los niños, las mujeres y las minorías nos deberían importar a todos. “Hablamos del derecho a la vida”, dijo Victoria, la trans hondureña. Tan cerca y tan lejos del derecho a la vida del que habla Pablo Casado. Por eso sería bueno que algún día hubiera cambio de cromos. El activismo en una asamblea de la CEOE y la patronal escuchando lo que pasa enfrente de su casa. Quizá sería deseable que hasta Violeta, la de MHyV, hablara de ser carne de Vasile como salida laboral. Lo que no veo es lo del todes. Perdonen las molestias. Y molesties.

Ideas ligeras

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