Iglesias y Rivera se llevan los focos del partido de ida

El primer debate electoral nos mostró a dos sosos, un aplicado Iglesias constitucionalista y un hiperactivo Rivera que nos dejó un último minuto delirante

Foto: Pablo Casado (PP), Pedro Sánchez (PSOE), Albert Rivera (Cs) y Pablo Iglesias (Unidas Podemos).
Pablo Casado (PP), Pedro Sánchez (PSOE), Albert Rivera (Cs) y Pablo Iglesias (Unidas Podemos).

No nos engañemos: esto habría sido mucho más feroz (no sé si divertido) con Santiago Abascal en un quinto atril. Aun así, en el debate a cuatro ha habido ataques personales, histrionismo, reproches, y las propuestas han quedado algo desdibujadas por culpa de algún que otro momento cursi, de vergüenza ajena, y afán por la reprografía. Imposible hablar de ganador. El primer debate electoral nos mostró a dos sosos, un aplicado Iglesias constitucionalista y un hiperactivo Rivera que nos dejó un último minuto delirante.

A eso de las ocho de la tarde, varios miembros del club de fans de Pablo Casado aguardaban a su ídolo en la entrada de Prado del Rey. Con sus Barbour y sus banderas de 'Pablo presidente'. Al lado, varios policías nacionales y un Golden Retriever vigilaban a los espontáneos animadores. Pura estampa constitucionalista.

El presidente del PP fue el único que llegó acompañado por su esposa, Isabel Torres. Teodoro García Egea, con corbata de bandera de España, parecía recién llegado de la última sesión de un blanqueamiento dental. Qué fluorescencia, virgen santa.

Se fantaseó con la posibilidad de que Rivera —preciosos zapatos de doble hebilla— apareciera con Malú, y también con la idea de que Pablo Iglesias llegara en taxi. Las primeras decepciones de la noche.

Los dos líderes de la derecha, por cierto, han posado con sonrisa de orla de la Ivy League que no han pisado. Iglesias, con parka oscura, llegó en un Volkswagen Golf, el coche de los pijos de mi generación. Confirmé con una respetada profesional de la peluquería que el secreto del pelo presidencial es un “matizador ceniza [que es como una especie de baño de color] para disimular sutilmente sus canas sin que se note que es tintazo”. Esto también es periodismo.

Rivera empezó hipervitaminado atizando a Sánchez y a Rosa María Mateo, a la que pidió que dimitiera. Nerviosísimo todo, de arriba abajo, como canta la hija de Pepe de Lucía. Iglesias susurró una defensa a la televisión pública y Sánchez y Casado marcaron territorio a los otros dos invitados, lanzándoles el mensaje de que esto es un mano a mano. Un Federer-Nadal pero sin clase alguna.

Casado ha perdido la oportunidad de hacernos creer que puede ser presidente y Sánchez ha estado a ratos, seguro a veces, a veces fuera de foco

Casado se abrazó al lema de valor seguro y recordó la gestión de los suyos cuando tocan poder, Sánchez recordó que hoy es el día mundial de la Tierra para alborozo y carcajada de la mayoría de la sala de prensa —grisáceo como su pelo estuvo el presidente— e Iglesias sacó de nuevo su libro de cabecera, que no es de Gramsci sino la Constitución.

El candidato de Unidas Podemos ha sido el más calmado, quizá porque es el que menos se juega, y ha sido capaz de sacar en el debate los temas que afectan a casi todos. Otra cosa es cómo quiere ejecutarlos y que, además de pesado con el texto del 78, siga hablando de “presos políticos”.

Rivera saca una foto de Sánchez y Torra. (Reuters)
Rivera saca una foto de Sánchez y Torra. (Reuters)

A Rivera le han regalado una impresora a color. Con ella ha sacado su material escolar de la noche: una foto de Rodrigo Rato a tamaño folio con nulo impacto, una tarjeta sanitaria con la bandera rojigualda y una foto de Sánchez y Torra con marco de Ikea. Sacó tantas cosas que parecía un escaparate de 'El precio justo'. Como si eso no fuera suficiente, ha mantenido un tono faltón, hipertenso, un ñiñiñi de manual. A ver qué atrezo nos prepara mañana.

La noche se fue calentando y se cruzaron los reproches. Se supone que el debate era para convencer a los indecisos, pero esta noche se le han visto las costuras a los cuatro y puede que el número haya aumentado. “La gente no es idiota”, insistía Pablo Iglesias, que es el que más claro tiene su papel en este zoo de la política y el que mejor lo ha explicado. Casado ha perdido la oportunidad de hacernos creer que puede ser presidente y Sánchez ha estado a ratos, seguro a veces, a veces fuera de foco. Rivera ha jugado a ser Abascal y ha tenido un minuto final manifiestamente mejorable: “¿Lo escuchan? Es el silencio”. Eso, mejor me callo.

Ideas ligeras

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