Fango en la planta de caballeros de El Corte Inglés

Rivera ya no es el único chico malo de la derecha y sacudió a Casado y a Sánchez. Iglesias, el más presidenciable, decidió no mancharse con el barro ajeno

Foto: Los candidatos a presidir el Gobierno de España, en el segundo debate antes de las elecciones. (EFE)
Los candidatos a presidir el Gobierno de España, en el segundo debate antes de las elecciones. (EFE)

Al segundo día, resucitó. Resucitó Pablo Casado para pelearse con Albert Rivera por haberle quitado la merienda el día anterior. Un duelo de malotes con pelo color canela. Pero como Daddy Yankee y Don Omar, JBalvin y Nicky Jam, reyes del reguetón, solo puedes votar por uno.

La derecha se despojó de complejos y sacó los guantes de boxeo. Para pelearse con Sánchez pero también para repartirse entre ellos. Por su parte, el candidato socialista fue un 'voyeur' con momentos manifiestamente mejorables e Iglesias volvió a ser el que mejor templa y centra el debate. La tranquilidad del perdedor.

¿Y quién ganó? El 'catering' de la sala de prensa, una delicia. Porque ya sabemos que en periodismo se pasa hambre.

Por cierto, qué animado estaba todo, amigos, amigas, amigues, en la entrada de Atresmedia. Los periodistas en el gallinero, la brigada del aplauso de Casado (esta vez algo más nutrida), unos señores de Jusapol y alguien vestido de asterisco azul. Si llegan a aparecer los falsos Mickey Mouse y Dora la Exploradora de la Puerta del Sol, yo habría dado esta crónica casi por amortizada.

Fango en la planta de caballeros de El Corte Inglés

Ah, y los invitados ilustres del grupo. Gente elegantísima, vestida de 'gauche divine' —'minimal', tonos neutros, básicos sin estampados— pasándoselo en grande. Haciendo fotos a los candidatos, a los periodistas. Entre ellos, Beatriz González, hija de Francisco González, expresidente de BBVA.

Los candidatos llegaron con atuendos bastante parecidos a los de ayer. Casado se vistió de Pedro Sánchez por si había más suerte esta vez. Iglesias llegó con taxi patrocinado y llevaba un jersey de la marca 198, que defiende los valores de izquierda y republicanos. Podemos afirmar que es el único 'influencer' que lee la Constitución.

Albert Rivera siguió a lo suyo, interrumpiendo como un niño de primaria en una conversación de adultos. Eso sí, nos deleitó con novedades en el tenderete centrista (que si la tesis encuadernada a canutillo, el marco, los cartelillos...). Se gusta, lo siente, Rivera presidente.

Mientras, Pablo Iglesias permaneció con ese gesto de eterno cansancio, con la tensión arterial en su sitio, y se quedó solo en su empeño de centrar el debate en algo más allá de los reproches y las acusaciones. Tampoco triunfó mucho en su papel de mediador con aspecto de fraile franciscano.

Y Sánchez, que sigue teniendo la superioridad moral del alto que además es guapo, aprovechó solo a ratos las bofetadas de la derecha. La entrega del libro de Sánchez Dragó sobre Santiago Abascal fue impropia de alguien a quien le sonríen todas las encuestas. Ese fango no te sienta bien, Pedro.

Violencia machista, educación, vivienda, demografía, sanidad… Se agradece a los moderadores que Cataluña no fagocitara el debate. “No se trata de poner adjetivos calificativos, se trata de poner dinero”, resumió Iglesias, el más presidenciable de las dos noches, el único que no trata a los votantes como si fuéramos idiotas.

Para cuando llegó el bloque catalán, yo necesitaba quitarme las lentillas. Un tema novedoso en el que se pronunciaron conceptos inéditos, como lo de romper España, venderse a los golpistas y citar a Torra, Puigdemont y Otegi. Clásicos de ayer y de hoy.

El minuto de oro fue una lata. Como el debate.

Ideas ligeras
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