Aitana Ocaña, en el Teatro Real: mi primer concierto como madre de fan

Julio de 2019. Teatro Real. Aitana Ocaña. En mi primer concierto como madre de fan he llorado, bailado, gritado y contribuido a realizar la pancarta que nos hemos llevado de casa

Foto: Aitana, durante su concierto en el Teatro Real de Madrid. (EFE)
Aitana, durante su concierto en el Teatro Real de Madrid. (EFE)

1985. Teatro Monumental de Madrid. Concierto de Raphael. Mi primer concierto a los nueve años. No fue por voluntad propia, pero recuerdo salir maravillada. Supongo que ese debut explica en parte lo que soy hoy.

Varios años después. San Lorenzo de El Escorial. Hombres G. Mi primer concierto por vocación propia. Me rompí las medias al intentar saltar una valla. Mantuve a mis padres a una distancia prudencial. Me quedé ronca a eso de la tercera canción.

31 de julio de 2019. Teatro Real. Aitana Ocaña. Mi primer concierto como madre de fan. He llorado, he bailado, he gritado, he contribuido a realizar la pancarta que hemos llevado desde casa. Nací, sin saberlo, con un personaje de Paquita Salas corriendo por mis venas. No tengo voz ni bata de cola, pero soy una folclórica.

Hay algo extraño cuando acudes a un concierto de alguien que biológicamente hablando podría ser hija tuya. Más cuando recuerdas lo que has pagado

Hay algo extraño cuando acudes a un concierto de alguien que biológicamente puede ser hija tuya. Más extraño aún cuando recuerdas el dineral que has pagado por ello.

Hay algo nada extraño y maravilloso cuando das la mano a una menor de edad a la que un electrocardiograma mandaría directa a Urgencias; una menor de edad que no tiene claro si sacar o no la pancarta, si la trenza que lleva está bien hecha o es una chapuza. Una menor en edad de que no le duela nada, de que nadie la haya decepcionado.

Los prejuicios que no tengo llevarán a algunos a pensar qué hace una criatura nacida de la factoría de 'Operación Triunfo' cantando en el mismo escenario que ha pisado tantas veces Plácido Domingo. En esas mismas tablas cantaron hace dos semanas Paul Anka y antes de ayer José Mercé y Tomatito.

Aitana, durante su concierto. (EFE)
Aitana, durante su concierto. (EFE)

Hoy actúa una chica criada en la periferia de Barcelona, que tiene 20 años y una voz celestial. Que canta canciones manifiestamente mejorables pero que es capaz de arrancar las lágrimas a la que escribe con esa joya titulada 'Procuro olvidarte', escrita por ese señor nunca suficientemente venerado que se llama Manuel Alejandro.

Un concierto a las 12 de la mañana da la medida del público que acude. Niños de cuatro años en brazos de sus padres, estudiantes de Primaria y Secundaria con todos los pavos y las hormonas del mundo encima, con bigotes por depilar o por formar. También parejas de la edad de la que canta, a punto de entrar en la universidad o recién finalizado el primer curso, fans de las pulseras, de Morat y de la unidad de España.

Aitana es blanca, de raza y espíritu. Entre canción y canción saluda como si aún no se creyera lo que le está pasando y dice frases como "sois muy guays"

Aitana es blanca, de raza y de espíritu. Entre canción y canción saluda como si aún no se creyera lo que le está pasando, dice frases como “sois muy guays”, y afortunadamente no recurre a la autoayuda ni a las coreografías en que deba magrearse con las bailarinas. Por eso gusta a padres, madres y abuelos, por eso los niños y adolescentes acuden a verla sin miedo a lo que ocurra y a lo que cante. Sería una perfecta portavoz en el Congreso del PP. Lástima.

La edad que sí tengo provoca que rechace los móviles en los conciertos. El público hace fotos al escenario pero también a los famosos que acuden. Los Javis, Calvo y Ambrossi, Brays Efe y Amaia Romero. También Miguel Bernardeau, novio de la protagonista del día, al que un adolescente llamó hasta captar su atención, solo con el objetivo de llamarle “gilipollas”. El pobre increpado puso cara de póquer. A punto estuve de llamar a seguridad, pero entonces me acordé de la cantidad de veces que he insultado a coristas y artistas que se han atrevido a cantar con mis ídolos. Perdóname, Malú.

Los Javis, Calvo y Ambrossi, en el concierto de Aitana. (EFE)
Los Javis, Calvo y Ambrossi, en el concierto de Aitana. (EFE)

Hay algo fabuloso cuando pasas hora y media en una montaña rusa de emociones. Cuando te sabes más canciones de las que crees, cuando con una mirada conectas con otras madres a las que no hace falta explicar qué les lleva al mismo sitio que tú. Cuando sientes que has vuelto a la adolescencia, pero esta vez no llevas medias que romperte porque es el último día del mes de julio. Cuando las luces apagadas te llevan a cantar cosas y etapas que creías olvidadas. Cuando haces como tuyas algunas frases que, en el fondo, sabes que te representan.

Y eso, que pa fuera lo malo.

Ideas ligeras
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