Cuñados contra machotes: Abascal sí puede dormir tranquilo

Indultado por los rivales y quizás el único que ha ganado votos tras casi tres horas de oratoria. Porque en la pelea entre cuñados y machotes, siempre ganan los segundos

Foto: El líder de Vox, Santiago Abascal, momentos antes de empezar el debate. (Reuters)
El líder de Vox, Santiago Abascal, momentos antes de empezar el debate. (Reuters)

Esto ya lo hemos visto y escuchado antes. No en las anteriores elecciones, sino en demasiadas ocasiones. ¿Lo oyen? Es la matraca, el 'raca-raca' de siempre, que diría Pedro Sánchez. Es el silencio, que diría Albert Rivera. Las mismas caras, las mismas ideas, los mismos señores, los mismos 'memes' de los últimos meses. Y un debutante en la contienda, Santiago Abascal, que habrá dormido a pierna suelta esta noche. Indultado por los rivales y quizás el único que ha ganado votos tras casi tres horas de oratoria. Porque en la pelea entre cuñados y machotes, siempre ganan los segundos.

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Ni siquiera logró remontar semejante sopor el señor Iglesias, que con la frase: “De sobres con dinero mejor no hable, señor Casado”, propinó una de las bofetadas de la noche. Encima Lucas, al que muchos buscábamos desesperadamente, se quedó en casa.

Los señoros empezaron mansos, sin histrionismos, con gestos llenos de contención. Pero Alberto Carlos volvió a deleitarnos. Con su actitud a la defensiva, con sus cacharritos y fotocopias a color. Piedra (de Barcelona), papel y tijera. Él y sus rivales dejaron a Abascal colocar hábilmente su mensaje y también su racismo. Un 2x1 precioso. Porque el líder de Vox fue perdiendo nervios y ganando aplomo según pasaban los bloques. Tranquilo, templado y apoyado en el atril a lo Rafael Hernando.

El de Unidas Podemos también hizo lo de siempre, sacar a relucir los temas más interesantes de la noche, pero se quedó prácticamente solo. Bastante tenían los otros en hacerse la pinza mutuamente y aguantar los bostezos. A las 23:53, cuando aún quedaban dos bloques por resolver, Manuel Campo Vidal deambulaba por el pabellón de Cristal de la Casa de Campo mirando su móvil. Si al dueño y señor de los debates electorales le aburren, quiénes somos los demás para desmentirle.

Cuñados contra machotes: Abascal sí puede dormir tranquilo

En la previa, los periodistas mirábamos con ojos golosos las bandejas del cáterin. Mientras, la presidenta de la Academia de Televisión, María Casado, vestida de Claire Underwood, estaba visiblemente nerviosa.

Santiago Abascal permaneció todo el tiempo como cualquier debutante en primera división. Exultante, más pecho palomo que nunca, la camisa tan abierta que le faltaba el cordón de oro para sacarle el cajón flamenco. Luego, al empezar la cosa, se la cerró. Los zapatos de doble hebilla iguales que los de Albert Rivera, pero de otro color.

Casado y Sánchez llevaron los mismos zapatos, negros con cordones. A ver si eso va a ser el síntoma del plan para dominar el mundo, de la gran coalición de la que habla Iglesias. Por cierto, qué buena pinta Casado, agradecido y emocionado, encantado de verse, de vernos, escolapio perdido. Puede que hasta haya crecido en las últimas semanas. Y qué mal semblante el de Sánchez, envejecido como si hubiera pasado por el Faceapp. Llega al 10-N sin calorías y sin cafeína, es la zero-zero de la clase política. Y pensar que estos son el material presidenciable del que disponemos…

Ganaron los extremos. Iglesias, por estar en su sitio. Abascal, por colocarnos un discurso feroz bajo los efectos secundarios de la homeopatía

Rivera sacó de su maleta de Mary Poppins un trozo de adoquín de las calles de Barcelona. Qué maravilloso e involuntario homenaje a Margarita Seisdedos, recientemente fallecida. Pero como en el fondo todo era un poco lo de siempre, en la sala de prensa había debates paralelos. Una colega portuguesa gritaba a Rivera: “¡Saca al perro!”. Yo me preguntaba si ha aprendido de Marie Kondo a optimizar el espacio del atril.

[¿Quién ha ganado el debate electoral?]

Ganaron los extremos. Uno, Iglesias, por estar en su sitio. El otro, Abascal, por colocarnos un discurso feroz como si tuviera los efectos secundarios de la homeopatía. La planta de caballeros de El Corte Inglés, sin duda, ha tenido días mejores.

Ideas ligeras
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