Las 25 provincias que dan la victoria electoral
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Enrique Cocero | José Barros

Intención de Voto

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Las 25 provincias que dan la victoria electoral

Los partidos políticos que quieran competir en ellas deben prestar atención a votantes de un amplio espectro, que se mueve por una pluralidad de intereses concretos y no tanto por pura ideología

Foto: Fotografía de archivo del líder del PP, Mariano Rajoy (c), celebrando su victoria electoral el 20 de noviembre de 2011. (Reuters)
Fotografía de archivo del líder del PP, Mariano Rajoy (c), celebrando su victoria electoral el 20 de noviembre de 2011. (Reuters)

Hace unas semanas abordamos en IdV el funcionamiento del sistema D’Hondt; explicamos que este sistema, en el que prevalece la distribución proporcional del voto, asigna a cada una de las circunscripciones electorales en España –todas las provincias más las dos ciudades autónomas– una serie de escaños en el Congreso de los Diputados en función de la población censada.

Para el artículo de hoy hemos revisado las cuatro últimas elecciones generales (2000, 2004, 2008 y 2011) para analizar el comportamiento que el territorio español ha tenido en cada una de dichas elecciones, provincia a provincia.

Lo primero que hemos hecho ha sido acudir a los resultados de las comentadas elecciones legislativas, focalizarnos en el voto válido de cada una de ellas y ver qué partido político ha logrado mayor porcentaje de voto en cada circunscripción.

A lo largo de estas cuatro elecciones vemos que si la Presidencia del Gobierno la diera el número de provincias en las que un partido obtiene más votos, en todas las elecciones celebradas desde el año 2000 habría ganado el Partido Popular. Pero, como decíamos más arriba hablando de D’Hondt, el meollo no está aquí, sino en la representatividad en función de la población. Algo similar pasa, por ejemplo, en Estados Unidos; un candidato puede llegar a la Casa Blanca perdiendo en el número de estados; incluso perdiendo en el total de papeletas logradas en el conjunto del país. Y no estamos hablando de una mera hipótesis teórica. Esto fue lo que pasó a Bush Jr. frente a Gore en el 2000. Para lograr este tipo de victoria es necesario hacerse con el mayor número de estados clave por número de habitantes, como pueden ser, por ejemplo, Texas, Nueva York, Pennsylvania, Florida, Ohio, Illinois o California.

Volvamos al caso español. Efectivamente, el PP ha ganado en más provincias que cualquiera de sus rivales en las cuatro últimas elecciones generales, y eso que perdió en dos de ellas –2004 y 2008–. Es más, en todas estas elecciones el PP fue el partido más votado en la provincia que más escaños otorga, que es Madrid. De hecho, en las elecciones de 2004 que dieron la primera victoria a Rodríguez Zapatero, aunque en número de votos el PP fue el partido más votado en 29 provincias, en número de escaños logrados sólo ganó en 19 –y no por gran diferencia–, empatando además en 13 provincias con el PSOE.

Dando un paso más allá, hemos agregado los resultados de las referidas elecciones para construir un mapa de categorías donde recogemos los resultados de los partidos políticos en cada provincia a lo largo de estos 11 años. Así, descubrimos provincias sólidas a la hora de dar una mayoría de votos a un partido, otras que muestran cierta inclinación y, finalmente, provincias que van alternando el voto en función de la coyuntura y las propuestas de cada campaña.

El PP ha ganado en más provincias que cualquiera de sus rivales en las cuatro últimas elecciones generales, y eso que perdió en dos de ellas -2004 y 2008-

En este punto a nadie sorprenderá que el PP tenga victorias recurrentes en hasta 20 provincias distintas. Desde la ya comentada Comunidad de Madrid, pasando por las tres provincias de la Comunidad Valenciana, Galicia, la mayor parte de Castilla y León, Castilla-La Mancha o Murcia.

El PSOE, en cambio, solo ha sido el partido más votado en las cuatro últimas generales en Sevilla y Barcelona, y la victoria de Mariano Rajoy sobre Alfredo Pérez Rubalcaba en 2011 le hizo perder la hegemonía en hasta 22 provincias. Hubo casos tan sangrantes para el PSOE como Cáceres, Badajoz, Cádiz, Huelva o Jaén. Y aunque retuvo la victoria sobre Sevilla, se dejó en dicha provincia 16 puntos por el camino.

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Resulta obvio señalar que la crisis y la falta de confianza han propiciado, con una sola elección, una imagen en la que nadie diría que el PSOE ha gobernado España durante 8 de los últimos 15 años.

Añadamos a en este punto que encontramos hasta 11 provincias que apostaron por el partido ganador en cada una de las cuatro elecciones: en 2000 y 2011, por el PP; y en 2004 y 2008, por el PSOE. Alguna de ellas, como las dos extremeñas o Cádiz, nos han mostrado indicios de ser más fieles a las ideologías progresistas que a las conservadoras; pero hay otras provincias como Asturias, León, Málaga o Zaragoza que reparten muchos sus votos entre los principales partidos, con lo que salen márgenes de victoria muy ajustados. Es más, suena a tablas.

Uno de los casos más relevantes que hemos encontrado es el de Álava, con cuatro escaños en juego. En 2011, el Partido Popular gana con sólo 760 votos más de los que obtuvo en 2008, cuando llegó a los 46.000 (27,2% del voto válido), pero el PSOE pierde en esos tres años 30.000 votantes que, curiosamente, son 2.000 votos menos de los que saca Amaiur –una opción independentista–, mientras que IU y PNV se quedan prácticamente igual. ¿Fueron esos 30.000 votos del PSOE a directamente a Amaiur? Es complicado deducir esto, pero los volúmenes de los que hablamos merecen una reflexión sobre la migración del voto, especialmente en el presente año electoral, cuando corre mucha tinta tratando de explicar de dónde salen los votos de Podemos o de Ciudadanos.

Demos ahora otro paso para trazar el eje hacia dónde mirarán los partidos en las próximas generales. Sobre un gráfico en el que enfrentamos escaños –eje vertical– y tendencia ideológica por histórico de voto de cada circunscripción –eje horizontal–, hemos tomado las 25 provincias con más asientos del Congreso en juego; desde los 36 de Madrid a los 6 de Almería, Badajoz, Gerona, Tarragona… En total, 251 escaños.

Vemos de nuevo algo que ya hemos comentado: aparecen algunas provincias de ideología tradicionalmente progresista como Sevilla o Jaén, que en las recientes andaluzas han demostrado mantenerse en esta línea ideológica y que ponen en juego 18 escaños. También vemos una Barcelona que en los últimos sondeos a la alcaldía sitúa a Ada Colau en empate técnico con el actual alcalde de CiU (consideramos a CiU como un partido de corte conservador). Este hecho podría restar una circunscripción ‘feudo’ al Partido Socialista, pero también es cierto que el sondeo se ha realizado sobre municipales y no sobre generales y que la importancia del candidato, en muchos casos, es determinante.

Al otro lado vemos a Madrid, Valencia, Alicante, Murcia o Baleares, destacadas por su permanencia en las corrientes ideológicas liberales. Por último, tenemos 13 provincias en las que la ideología de sus votantes está repartida de forma similar. Son todas circunscripciones de 6 a 10 escaños y, sobra decirlo, son un campo de batalla muy importante para las próximas elecciones generales. En este grupo encontramos a Coruña o Almería –situadas más hacia la derecha–, pero también provincias como Málaga, Granada, Córdoba o Cádiz, de las que ya tenemos pistas de cómo se han comportado en el último año a través de las elecciones europeas del 2014 y las recientes autonómicas andaluzas.

Sobre Madrid y Valencia: recientes sondeos de Sigma Dos para el diario El Mundo las presentan más centradas ideológicamente de lo que aparecen en nuestro gráfico del recorrido histórico; vemos que Ciudadanos podría sacar votos al Partido Popular y Podemos al PSOE e IU; es decir, son provincias importantes a la hora de lograr escaños y parece que pasarán de ser feudos del Partido Popular a convertirse en circunscripciones basculantes donde se librarán intensas batallas electorales.

Llegamos a las conclusiones. Hay un campo de batalla real y muy rentable para los partidos que sepan moverse y convencer, de forma especial en la mayoría de las citadas 25 provincias. Los partidos políticos que quieran competir en ellas, tanto los clásicos como los menos tradicionales, deben prestar atención a votantes de un amplio espectro, que se mueve por una pluralidad de intereses concretos y no tanto por pura ideología. Aplicando esta estrategia de marketing político, se podría lograr la ventaja suficiente para obtener una victoria que, en todo caso –y gane quien gane–, creemos que será por un margen pequeño.

*José Barros (@barrospress) es periodista y consultor de comunicación. Enrique Cocero (@EnriqueCocero) es fundador de la consultora de análisis 7.50 y miembro del consejo asesor de Government Consulting Group.

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