Caladeros de votos en España: una geografía de irreductibles (y de desconfiados)

Barcelona y Sevilla son fieles al PSOE, y Madrid y Valencia, al bando popular. Pero hoy queremos ampliar el foco de nuestro análisis y poner la atención en el resto de provincias

Foto: Dos ciudadanos votando en Sevilla en las pasadas elecciones autonómicas. (EFE)
Dos ciudadanos votando en Sevilla en las pasadas elecciones autonómicas. (EFE)

No importa a qué político le formulemos la cuestión; ante la pregunta de cuál es su objetivo al comienzo de una campaña electoral, todos, invariablemente, responderán con la siguiente frase: “Ganar la confianza del votante”. Dentro de esta frase descubrimos dos objetivos distintos: el primero, obviamente, es la victoria; el segundo fin, que es la llave para alcanzar el ansiado triunfo, es la misma confianza del votante.

En cualquier geografía política (comunidades autónomas, provincias, estados, länders…) encontramos circunscripciones electorales que son más afines a determinados partidos frente a otros. Pongamos un ejemplo sacado de la otra orilla del Atlántico: un estado tradicionalmente demócrata, o 'deep blue', es Massachusetts. Este fue el único estado que le faltó a Nixon para hacerse en 1972 con el conjunto de los 50 estados de la unión. En el otro espectro ideológico tenemos a Baviera; esta es una circunscripción especialmente sólida para los conservadores alemanes. La región hasta tiene su propio partido político -la Unión Social Cristiana-, que solo concurre con la CDU de Merkel durante las generales. Para hacernos una idea de su dominio, recordamos que en 2008 logró un resultado -para sus estándares- ‘bajo’: hablamos del 43,4% de los votos. Desde 1954 nunca ha dejado de ser el partido más votado en este länder.

El estado de los Kennedy y el länder de la BMW son, al igual que la aldea gala de Astérix, unos irreductibles. Pero la realidad completa de EEUU o Alemania es muy diferente; en estos dos países, al igual que en el resto del mundo, existen los descreídos, o gente que simplemente migra su voto en función a las variables del momento.

Hace dos semanas vimos que el Partido Popular tiene una dispersión de voto más baja que el PSOE. Mientras los conservadores muestran cohesión, los progresistas se han visto castigados en fidelidad por el desgaste de González, la falta de ‘momentum’ de Almunia y el segundo mandato de Rodríguez Zapatero. Vemos así que el análisis por territorio, además de por partido, nos perfila mejor el comportamiento electoral y, por tanto, nos ofrece un dibujo más detallado de la campaña a acometer.

Hace dos semanas también vimos que las provincias más relevantes -por fidelidad electoral y por número de diputados- para PP y PSOE son, respectivamente, Barcelona y Sevilla, en el bando socialista, y Madrid y Valencia, en el bando popular. Hoy, en IdV, queremos ampliar el foco de nuestro análisis porque si alguien todavía cree que hacer una campaña electoral básicamente consiste en salir en TV en horario de máxima audiencia emitiendo mensajes generalistas… Bueno, sentiríamos decirle entonces que está perdiendo el tren de la comunicación y de la estrategia.

En primer lugar, queremos fijarnos en el posicionamiento ideológico derecha-izquierda que en España nos ofrece el CIS. Sabemos que ante la indecisión, los entrevistados se ubican hacia el centro. Por eso mismo hemos tomado las respuestas agregadas fijándonos dónde se encuentra el resultado global. El CIS marca como 1 el posicionamiento más de izquierdas y como 10 el posicionamiento más de derechas. Pues bien, hemos recogido los resultados desde las legislativas de 2000 y los hemos cruzado con el total de votos logrado por el ganador en cada una de estas elecciones. El resultado es el siguiente gráfico:

 

Expliquemos, para una más fácil lectura, cómo funciona este gráfico: hemos tomado el mes en el que tuvieron lugar unas legislativas y los cinco meses anteriores para ver la tendencia. En cuanto al eje vertical, cuanto más baja la barra, más cercanos están los resultados a los posicionamientos de izquierdas. Pues bien, en el gráfico vemos que si hubiera que hacer una correlación entre el sentimiento ideológico y los resultados de unas elecciones generales, tal vez no podríamos establecer una causalidad unívoca e inmediata, pero sí descubrimos algunas pistas interesantes.

Si 5 es el centro político, España en su conjunto se inclina un poco hacia la izquierda. Sin embargo, la alarma llega para el Partido Popular en los últimos seis meses: la tendencia ofrece su media más baja de los últimos cinco ciclos electorales. Dicho esto, las encuestas ahora mismo son tan volátiles que esto no implica una victoria del PSOE; tan solo sugiere un ambiente favorable a las apuestas sociales. Entre los factores que afectan a esta tendencia, podemos indicar el nacimiento de una mayor oferta electoral hacia la izquierda, la aparición de Ciudadanos, que le roba algunos votos al PP por el lado menos conservador, y la erosión de toda una legislatura al frente del Gobierno. A nuestro juicio, este último factor es el que más pesa sobre los populares.

Visto este resultado, queremos abordar ahora el análisis con el que titulamos la apertura del artículo: las fidelidades geográficas. Ya hemos comentado las variaciones a la hora de captar votos de los dos partidos tradicionales, pero ¿cómo se han comportado provincia a provincia?

Para responder esta pregunta, volvemos de nuevo a los resultados de las legislativas desde el año 2000: el total de votos válidos por provincia/circunscripción y las victorias de cada partido. Hemos analizado los resultados máximos, los mínimos, la media de las cuatro elecciones y el cociente de variación entre ellas. Este cociente nos indica cómo de concentrados o dispersos han sido los resultados de un partido con respecto a la media de votos por cada una de las provincias. En los siguientes gráficos vemos las provincias con ocho o más diputados en juego y cómo se han comportado estas: primero, para el PP; luego, para el PSOE:

Las barras representan la distancia desde la media aritmética (la parte de abajo) hasta el máximo que se hubiera obtenido en alguna de las elecciones. Por el contrario, el punto rojo que cuelga de cada barra es el mínimo de votos que se haya obtenido. Como vemos, el Partido Popular no presenta grandes distancias desde el mínimo a la media y desde esta al máximo, es decir: las grandes provincias responden de manera muy machacona, elección tras elección. No es de extrañar cuando su máximo de variación se sitúa en un 11,7% y su media es del 8%. ¿Y el PSOE? Como decíamos antes, las últimas legislaturas de González y Rodríguez Zapatero le han hecho presentar un dibujo muy distinto al de la calle Génova.

Vemos que los socialistas solo se comportan mejor en la zona de mínimos en Barcelona, Vizcaya y Sevilla. En la zona de promedios, donde mejores resultados logran es en Barcelona, Vizcaya y Cádiz. ¿Cómo resultan posibles estas diferencias? Precisamente por los dos motivos indicados: los populares son más constantes territorialmente (en los sitios donde son fuertes y en donde no) y en número de votos, y los socialistas, en cambio, son capaces de los mejores y los peores resultados.

Ahora, también hay que contar con que las 13 provincias observadas suman 175 diputados entre todas ellas pero en el Congreso de los Diputados hay 450 escaños. Si a esto añadimos la aparición de Podemos y Ciudadanos, que abarcan una horquilla del 11 al 14% de votos, vemos que las próximas generales pueden ser una oportunidad sin precedentes para poner en marcha unas campañas electorales brillantes.

Mirémoslo ahora desde otra perspectiva: ¿quiénes son los irreductibles del PP?

En su 'Top Ten' con menos variación solo encontramos Baleares, con más de siete escaños en juego. Esta provincia, junto con León, es la única que baja del 50% de media entre las cuatro elecciones. No está mal como bastiones del centro-derecha.

¿Y el PSOE? Los socialistas ofrecen un escenario totalmente distinto al PP. Si el 'Top Ten' del PP parte de un 1% de variación (Salamanca), el del PSOE es Jaén, con un 15,4%, con lo que se vuelve a probar la volatilidad del voto del partido de Ferraz y el hueco abierto a otros partidos. Dicho esto, es cierto que las provincias más volcadas hacia el PSOE suman 57 diputados mientras que las del PP suman 47.

Este ejercicio es más o menos sencillo y lo podemos atomizar tanto como el Ministerio del Interior nos permita a la hora de recuperar los microdatos, y es que aquí es donde comienza la búsqueda del votante para ganar su confianza.

Y es que cualquier partido debe tener claro dónde tiene votos que ganar, dónde tiene el campo perdido o dónde saturado. En definitiva: quién le puede votar más e, incluso, quién le va a votar siempre y quién no lo hará nunca. En esto consiste la microsegmentación de votantes. En España, gente como Target Point se encarga de ajustar esa búsqueda lo más posible para dar respuesta a estas cuestiones. En otros países hay plataformas y gabinetes de análisis -algunos financiados por magnates para mejorar el apoyo a su partido- que llegan a la puerta de la casa del votante e incluso saben si es votante frecuente, así como la tendencia de su orientación política. En España, esta actividad resulta más complicada por la protección de datos, pero ahí también reside el desafío que lo hace todo más apasionante.

En cualquier caso, las campañas cada día que pasa se basan menos en la intuición y más en la realidad de los datos y de las comunicaciones efectivas (con impacto) y eficientes (rentables). Lógico. Dado que los presupuestos son limitados y las opciones políticas han aumentado en número -tanto como la eficacia de la tecnología a nuestra disposición-, el riesgo de fallo ha de ser mínimo.

 

*José Barros (@barrospress) es periodista y consultor de comunicación. Enrique Cocero (@EnriqueCocero) es fundador de la consultora de análisis 7.50 y miembro del consejo asesor de Government Consulting Group.

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