El no del PSOE y la matemática electoral
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El no del PSOE y la matemática electoral

Si los constituyentes del 78 hubieran imaginado esta sucesión de despropósitos, seguro que habrían diseñado otro procedimiento para formar gobierno tras unas elecciones

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(Ilustración: Raúl Arias)

Una estrategia básica de la comunicación, y en especial de la comunicación política, es “que quede claro”. Es decir; que todos los miembros de los aparatos orgánicos y operativos (por simplificar los que salen en los medios) digan lo mismo para que, se acuda al medio que se acuda, no haya fisuras.

Así cuando López (Óscar), Luena o Hernando en el PSOE dicen que Mariano Rajoy se debe acercar a sus vecinos ideológicos, que sólo cuenta con los votos de su propio partido o que debe “ponerse las pilas” en cada ocasión, lo que hacen es apoyar la tesis oficial acordada.

Sólo Patxi López se ha soltado estos últimos días para denunciar presiones y contubernios contra los socialistas y que permitan gobernar a Mariano Rajoy. Acusa de estos a los mismos conspiradores que usa Podemos para explicar su maltrato en la opinión pública; sectores empresariales y económicos, el IBEX 35… en definitiva otro clásico de la comunicación: un enemigo enigmático, tan difuso como célebre.

Pero cuando lo dice Pedro Sánchez… cuando lo dice Pedro Sánchez suena distinto. Suena distinto porque no queda muy claro si piensa en sus electores, en sus militantes, en el Comité Federal, en su equipo directivo, en el propio Pedro Sánchez o tal vez en Mariano Rajoy.

Pero argumento por argumento, hemos tenido dos elecciones y aún no tenemos gobierno, mientras que los americanos votarán el 8 de noviembre, el 9 sabrán los resultados y el 20 de enero un nuevo presidente jurará su cargo recitando lo que John Roberts les vaya indicando.

Y es que en España los constituyentes del 78 no se mostraron como ingenieros, que prueban la resistencia del diseño hasta que quiebra, siendo precisamente entonces cuando descubren por dónde avanzar. De hecho comentaba en este periódico Ignacio Varela que si los constituyentes del 78 hubieran imaginado esta sucesión de despropósitos, seguro que habrían diseñado otro procedimiento para formar gobierno tras unas elecciones.

Hasta el pasado miércoles, PSOE y C's, adalides del debate y del diálogo, se habían blindado en sus posiciones sin escuchar lo que Rajoy pudiera proponer

Hemos visto hasta el pasado miércoles (tras el pequeño avance hecho por PP y C’s) que el PSOE y Ciudadanos, adalides del debate y del diálogo, se habían blindado en sus posiciones sin escuchar lo que Mariano Rajoy pudiera proponer y sin admitir que había habido contactos de legislatura con anterioridad.

¿Por qué? Pues resulta que tenemos dos excusas en apariencia inconfesables; la cuestión personal y la matemática electoral. Dado que nos es complicado leer la mente, vamos a ver cómo funcionan los datos.

La pérdida de votos y escaños de diciembre a junio por ambos partidos es manifiesta, pero lo que no hay son certezas: ¿Lo del PSOE fue por no sacar adelante la investidura? ¿Por pactar con el PSOE en el caso de Ciudadanos? ¿Por flirtear con Podemos en el caso del PSOE? ¿Por no saber gestionar una operación que suponía un puente muy lejano? ¿El gesto de Sánchez acabo pareciendo un órdago sin cartas?

Tomemos como periodo de estudio las elecciones generales del 2000 al 2015. El PSOE logró su mejor resultado en el 2008, la reelección de Zapatero. A lo largo de ese periodo Andalucía, bastión para el PSOE, ha supuesto una media de un 23% del peso en voto de los socialistas. Casi una cuarta parte del voto total que se ha logrado en España por la gente de Ferraz, tiene como origen dicha comunidad autónoma.

Ahora ¿saben cuándo su peso fue menor? Exacto, en 2008. ¿Saben cuándo mayor? En las de diciembre de 2015 (por entonces el peor resultado en la historia del PSOE). ¿Su segunda mayor cuota? Las pasadas elecciones de junio o… el peor resultado del PSOE en su historia.

Andalucía es la base esencial del PSOE ya que se mantiene, incluso incrementa su importancia cuando no vienen bien dadas, pero la bajada en casi un punto de diciembre a junio (-75.700 votos) denota que el chicle no se puede estirar mucho.

Tengan en cuenta que si la línea de peso en la comunidad autónoma se mantiene estable elección a elección, significa que el comportamiento en la comunidad autónoma seleccionada es equiparable a la del partido a nivel nacional: si sube, sube más o menos en la misma proporción y si baja… captan la idea.

Con esto en mente, vemos el desencanto de Cataluña ya que juega al contrario de Andalucía. Venía siendo estable, incluso ganando peso en la victoria del segundo Zapatero. Pero si Cataluña estornudó con Rubalcaba, Sánchez ha supuesto la confirmación de gripe. Bueno… al menos no es neumonía, dirán algunos, aunque en las de diciembre 2015 fueron terceros y en junio 2016 cuartos al ser superados por la mutación convergente que tocara.

El caso de otros dos feudos es relevante. Extremadura y Castilla La-Mancha se siguen como una pareja de baile. Los incrementos en peso en las elecciones de 2011 y 2015 demuestran que, pese a la espantada general, aún tenían una base de irreductibles, pero en 2016 llega la puntilla.

De acuerdo que cuatro décimas en peso en el caso de los mesetarios y tres en el caso de los extremeños no parece mucho, pero es que el PSOE, aun perdiendo más de 100.000 votos, gana siete décimas de punto en el total del territorio español, con lo que la huida del voto en estas dos comunidades es significativa. En números enteros y sumando ambas comunidades, se han perdido algo más de 49.000 votos, alrededor de un 10% en cada una de ellas.

¿Qué ocurre en las comunidades autónomas en las que el PSOE gobierna de forma más abierta con Podemos?

Pues la respuesta es estabilidad con cierto crecimiento. De hecho en las cuatro comunidades el PSOE ha crecido en votos, siempre porcentajes simples, pero crecen. Si vemos Baleares, por ejemplo, entendemos por qué la líder socialista aboga por un pacto de izquierdas, ya que a ella no le va mal y demandarlo le refuerza en el compromiso frente a sus socios.

Ahora, en Asturias Podemos crece en 8.000 votos mientras que el PSOE en 2.300. En Valencia Podemos baja 15.000 mientras que los socialistas suben 7.500 (casi la mitad)…

En definitiva, hasta que se marcó la línea de mensaje único de los portavoces nacionales y de silencio en los regionales en virtud de dejar a Pedro Sánchez el protagonismo en esta fase, la disparidad evidenciada por el PSOE hace que la matemática electoral sea complicada ya que no se ve claramente una línea que pueda satisfacer a todos y, por eso, cada dirigente regional que se lanzaba a hablar arrimaba el ascua a su sardina.

La disparidad evidenciada por el PSOE hace que la matemática electoral sea complicada ya que no se ve claramente una línea que pueda satisfacer a todos

Como decíamos al principio no queda claro si es una cuestión de votantes, militantes, dirigentes o rivales. No sabemos si les compensaría unas nuevas elecciones (las encuestas dicen que no) o si es más favorable la configuración actual para salvar la cara. El quid de este planteamiento es que, sin gobierno la posición actual se desvanecería… de nuevo.

Pedro Sánchez se enroca en el no a la totalidad, antes incluso de que nadie haya propuesto nada. Se plantea todo como una suerte de posicionamiento “por principios de (yo) la izquierda (frente a las derechas)”, mientras huye de la patata caliente de a quién le va a caer el sambenito de ser responsable de las terceras elecciones. Da la sensación en ocasiones de búsqueda de revancha, incluso.

Mientras Mariano Rajoy va dando pasos “de a poquito” sin dejar entrever muchas de sus intenciones. Como diría un viejo conocido de este blog, demostrando que el galleguismo también es una forma de operar.

Albert Rivera insiste en que la abstención es un movimiento de desbloqueo, pero en cambio aparenta ser quien, ante una azafata que pregunta si hay alguien en el pasaje que tenga conocimientos de vuelo contesta “no se preocupe, que yo me encargo”. Entonces se gira al pasaje y pregunta: “¿Hay alguien que sepa pilotar el avión?” Si lo hay, el mérito de encontrarlo es suyo. Si el avión se estrella, él hizo todo lo posible.

“La Nueva Política” ya no es siquiera la vieja política multiplicada por dos. Es llamar política a movimientos a corto para ver quién se pone nervioso antes

Pablo Iglesias, desaparecido en combate, pero cuyas últimas declaraciones iban en el sentido de animar a Pedro Sánchez a intentar la investidura. Lo cierto es que ha eliminado el tono de “quiero ser califa en lugar del califa” y por informaciones surgidas esta semana, parece incluso que está reorganizando Podemos en el tiempo de tranquilidad que le da tener a Sánchez como protagonista.

Pero resulta que a fecha de hoy, lo que se llamaba “la Nueva Política” ya no es siquiera la vieja política multiplicada por dos. Es llamar política a un conjunto de movimientos a corto para ver quién se pone nervioso antes. De hecho parece que los responsables de la comunicación de cada partido definan día a día el concepto “hacer política” en función de adaptarlo a lo que está ocurriendo.

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