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El PP, primer beneficiado de la abstención que marcaría las terceras elecciones
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El PP, primer beneficiado de la abstención que marcaría las terceras elecciones

¿Pueden ser Sánchez y el PSOE los sabuesos que empujan a Rajoy mediante una persistente negativa a cualquier diálogo hacia una investidura con el mero objetivo de que la pierda?

Foto:  Cartel de la película 'La caza del Octubre Rojo'.
Cartel de la película 'La caza del Octubre Rojo'.

En 'La caza del Octubre Rojo', hay una escena que tiene lugar a bordo del portaaviones 'Enterprise' que define algo que, creemos, está ocurriendo a fecha de hoy en la escena (¿escenario?) política española.

Jack Ryan (Baldwin) habla con el almirante Painter (Fred Thompson) sobre Marko Ramius (Connery) que, en esos momentos, intenta desertar de la URSS junto a sus oficiales a bordo de un submarino nuclear.

Mirando una pantalla de sónar, el almirante ve que los submarinos soviéticos que quieren dar caza a Ramius avanzan a toda velocidad para dirigir al desertor hacia las costas americanas. O le dan caza los soviéticos o lo hacen los americanos antes de que Ramius pueda decir “pedimos refugio”, de tal forma que los americanos no lleguen a conocer sus verdaderas intenciones. Ryan lo describe como sabuesos que empujan a la presa hacia los cazadores.

¿Pueden ser Pedro Sánchez y el PSOE los sabuesos que empujan a Rajoy mediante una persistente negativa a cualquier diálogo hacia una investidura con el mero objetivo de que la pierda? Según Zarzalejos, en este mismo periódico, la idea del secretario general de los socialistas es cobrarse la cabeza del presidente del Gobierno en funciones. No importa qué ocurra después.

Sánchez volvió de vacaciones el miércoles para reafirmarse en un no ofendido, ante las pocas explicaciones que dio Mariano Rajoy tras hablar con el comité de dirección del PP, y aprovechar para, en modo masivo, culparlo del bloqueo que sufre España. Pero es comprensible esa agilidad en tomar el atril si consideramos los editoriales con que ha tenido que desayunar el Sr. Sánchez en Mojácar estas últimas semanas.

Pero ¿qué puede ocurrir después? Lo que era una sombra, cada día parece más una mancha de alquitrán llamada terceras elecciones (al menos, hasta ayer sí lo parecía. Veremos con el acuerdo PP-C’s).

Aquí queremos volver a insistir en que, al igual que los envases de medicamentos, habría que replantear el proceso que vivimos como algo a prueba de manejos imprudentes. Tomamos de nuevo como argumento que los americanos votarán el 8 de noviembre y el 20 de enero tendrán un nuevo presidente, 'No matter what'.

Así que vayamos a por nuestra mancha de alquitrán.

La semana pasada, salió el adelanto del barómetro del CIS de julio y mostró un escenario clavado al de las pasadas elecciones. Olviden aquí todo lo que hayan podido leer proveniente de los partidos. Los resultados del CIS demuestran que España sigue igual que el 26-J, al menos a principios de julio.

Olviden también a aquellos que decían que era el poselectoral del 26-J. Es el barómetro con intención de voto que el centro distribuye cada tres meses, con lo que estamos ante un estricto y metódico cumplimiento de su agenda anual.

En cambio, fíjense en que, en la ficha técnica del barómetro, se da un margen de error de ± 2%, lo que implica que cualquier valor debe considerarse dentro de estos márgenes. Esto es:

El PSOE sube y el resto baja, pero en unos valores con respecto a las elecciones que no se pueden considerar significativos para ningún partido. Como mucho, destacar que, con su 19,6%, Unidos Podemos sitúa demasiado cerca su resultado electoral del margen de error superior, lo que podría hacer que una nueva estimación a la baja les dejara de forma efectiva fuera del 26-J.

Así que, cuando escucharon a políticos y comentaristas decir que es el efecto del bloqueo, o de la oposición efectiva o del desgaste del buscar un acuerdo… métanlo todo en la nevera y esperen a que el flan cuaje.

De hecho, hubo un muy renombrado asesor independiente que dijo que el PSOE podía tener cierta ventaja si consideramos a aquellos que en junio no votaron y, de ir a elecciones ahora, votarían por los socialistas en mayor medida que a ningún otro partido. Puede ser una ventaja, sí, pero no en un escenario en el que con toda probabilidad la abstención sea mayor. Es decir; irá menos gente a votar, con lo que si en junio no fueron y visto el hartazgo generalizado…

En fin. Se aprovechó también para criticar las encuestas y lo poco que aciertan, pero hay que reconocer que, si a tan pocos días de las pasadas elecciones, el resultado de la encuesta es casi clavado al de aquellas, el sistema del CIS parece eficaz.

Vamos a presentar unos gráficos que muestran lo que cada encuesta dio a cada partido desde enero de 2016 hasta el límite legal de junio. No son diferencias absolutas (estimación menos resultado), sino relativas, por agencia y fecha, para poder visualizar de forma uniforme el comportamiento de todas las encuestas en su conjunto.

Cuanto más alejado aparezca el punto del eje horizontal (la línea marcada con 0), más lejos estaba la estimación respecto a lo obtenido el 26-J. Si lo vemos en el PP, observaremos que en febrero todas las encuestas le daban una diferencia significativa… negativa. El PP siempre iba por debajo de lo que obtuvo en las elecciones, y febrero fue su peor mes.

¿Qué hacía mientras el PSOE en las encuestas?

Que Pedro Sánchez liderara la formación de un Gobierno no le dio mayor empuje. Que no lo lograra, tampoco le perjudicó. Ni siquiera en la crisis de febrero del PP se produjo un rebote de entusiasmo por parte del potencial votante socialista. El PSOE se mantuvo muy cerca de su resultado final los seis meses, si bien casi siempre por debajo.

En el lado contrario, Unidos Podemos y Ciudadanos. Las encuestas trataron a ambos bien en exceso.

Por una parte, parece que el descontento de febrero del PP animó el espíritu del potencial votante de Ciudadanos, algo que progresivamente fue decayendo, hasta llegar a ajustarse al final bastante a la realidad que encontraron en el último domingo de junio.

Ahora, la foto de Podemos es similar por lo sobrevalorada, pero nunca ajustó a realidad. De hecho (con el poder que nos confiere conocer el resultado), vemos que hubo agencias que clavaron el resultado final, pero en aquellos momentos seguro que nos parecieron maniobras conservadoras para desinflar una ola de entusiasmo. Bueno, quien pensara esto acertó en un 33%, ya que en mayo fue la última vez que alguien dijo que Podemos acabaría alrededor del 21%.

Las encuestas no son una bola de cristal. Son una foto momentánea y con ella se ha de operar en ese instante. El momento definitivo es la respuesta a las puertas de las elecciones, y es verdad que en las últimas se falló como para llevarse en primera instancia las manos a la cabeza. Pero miren las tendencias (las líneas de puntos): salvo con Podemos, fueron dando una perspectiva de lo que ocurrió al final.

Así que, volviendo al CIS de julio y vista la evolución del PSOE desde enero, sería lógico concluir que Sánchez no encuentra rédito en sus acciones. Se podría decir incluso que ha encontrado su suelo y que solo los muy fieles le acompañan en su llevar a Mariano Rajoy hacia las costas del fracaso de la investidura o que, en el mejor de los casos, siguen creyendo en el PSOE pese al despliegue personalista.

Lo que está claro es que, de haber nuevas elecciones, el panorama no parece que vaya a variar mucho y, de hacerlo, será por el incremento de la abstención. Y ahí, debido a una base sólida que ganó margen en junio, es donde el PP tiene ventaja.

Ciudadanos Mariano Rajoy