Cómo llevarse a Rajoy por delante

El PSOE se abrirá de capa e impondrá condiciones. La sustancial será que su abstención solo beneficiaría a un candidato popular que no sea Rajoy o a un independiente

Foto: El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy. (Reuters)
El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy. (Reuters)

El 26 de diciembre de 2015, escribí en este mismo blog que los socialistas “necesitan un trofeo” y que, ya entonces, el único sugestivo para Sánchez consistía en la cabeza de Mariano Rajoy. No lo consiguieron en la anterior legislatura, pero, por caminos y con tiempos distintos, van a volver a intentarlo. Miquel Iceta -primer secretario del PSC y alineado con el secretario general del partido- lo desveló ayer en 'El País', aunque ya en el PSOE era notorio que toda la estrategia de silencio se encaminaba a presentar ante la opinión pública a Mariano Rajoy como el verdadero escollo para alcanzar un acuerdo de investidura. También lo traté de explicar en el 'post' que firmé en El Confidencial el pasado viernes. Lo que no estaba previsto es que los socialistas mostrasen sus cartas con tanta anticipación.

El grupo parlamentario del PSOE no va a abstenerse en las dos votaciones de investidura del presidente del PP. Mariano Rajoy, por su parte, no puede eludir la sesión del Congreso, no solo porque su convocatoria es una precondición de Ciudadanos, sino porque es el candidato propuesto por el Rey y, como tal, debe someterse al escrutinio de la Cámara Baja (artículo 99.2 de la CE). Los socialistas esperan que el líder del PP acuda al Parlamento y, tras no obtener la investidura, pierda la condición de candidato mandatado por el jefe del Estado, quien abriría una nueva ronda de contactos para, antes de que transcurran los dos meses desde la investidura fallida, intentar otra exitosa. En ese momento, el PSOE se abrirá de capa e impondrá condiciones. La sustancial será que su abstención solo beneficiaría a un candidato popular que no sea Rajoy o a un independiente.

La respuesta a esta táctica socialista quedaría por entero en manos del propio Rajoy y del PP. El presidente en funciones podría mantener la condición de candidato de su partido y no avenirse a ceder su posición, o a transigir en aras de la gobernabilidad. Lo probable sería mucho más lo primero que lo segundo. Estaríamos entonces en puertas de unas terceras elecciones, pero Pedro Sánchez (“me llevaré por delante a Rajoy”, se le ha oído afirmar) podría intentar presentar al líder del PP, primero, como el causante del grave problema de la parálisis de la política española, y, después, como directo responsable de unos nuevos comicios. Ya traté de explicar el viernes pasado cómo para el PSOE unas terceras elecciones no resultarían tan dramáticas, teniendo en cuenta la mala situación por la que atraviesa Unidos Podemos y el desgaste de Rajoy si su táctica calase en el electorado.

La apuesta pone en juego la operatividad del sistema, presiona al PP para que adopte una decisión crucial y desbarata el planteamiento constructivo de C's

Ciudadanos va a cumplir su compromiso en tanto en cuanto Rajoy y el PP acepten hoy sus condiciones, y Ana Pastor fije de inmediato la fecha de la sesión de investidura. Rivera no va a dejar decaer su oferta de negociación si los populares asumen sus planteamientos, aunque difieren la negociación de los Presupuestos -y es lógico que lo hagan- a que se forme Gobierno. Si las circunstancias se alteran, los de Rivera resetearán su estrategia, como lo harán también si Rajoy persiste en aplazar la convocatoria de la investidura o, directamente, se niega a someterse a ella, una hipótesis que ayer por la tarde seguía sin descartarse en los entornos de Génova.

La apuesta de Sánchez es brutalmente arriesgada porque pone en juego la operatividad del sistema (unas terceras elecciones evidenciarían una arquitectura electoral renqueante y una jefatura del Estado irrelevante), presiona al PP para que adopte -o no- una decisión crucial, desbarata el planteamiento constructivo de Ciudadanos y transmite a la opinión pública una confusión que se añade al malestar que viene registrando desde hace muchos meses. Es posible, dada la correlación de fuerzas actuales en el PSOE, que los barones y las diferentes corrientes circulantes en el socialismo permitan a Sánchez ensayar su plan y actuar después en función de sus resultados.

Lo seguro es que no habrá alternativa, al menos en esta legislatura, a un Gobierno del PP. Lo que Sánchez y parte del PSOE pretenden es que no lo presida Rajoy

El secretario general del PSOE afirmó en su momento que su partido estaría en “la solución” para la gobernabilidad de España. No dijo, sin embargo, ni cómo ni cuándo. Ahora comienzan a adivinarse sus intenciones. Los que mejor conocen a Rajoy suponen que el presidente en funciones se resistirá a acudir al Congreso para evitar ser baqueteado, y que tratará de aplazar la sesión de investidura tanto cuando se pueda, teniendo en cuenta que el calendario aprieta: el día 9 de septiembre comienzan las campañas electorales en Galicia y País Vasco, y el 1 de octubre se deben presentar los Presupuestos.

Lo seguro es que no habrá alternativa, al menos en esta legislatura, a un Gobierno del PP. Lo que Sánchez y parte del PSOE pretenden es que no lo presida de nuevo Rajoy. Y si hay que ir a terceras elecciones, “se va”, me aseguró ayer enfáticamente un dirigente socialista al que más que sereno percibí crispado. Y la crispación es uno de los peores estados de ánimo para adoptar decisiones sensatas.

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