Sánchez 'olvida' al Rey pero normaliza la bandera en la mascarilla: ya no es de fachas

La Conferencia de Presidentes ha vuelto a ser una foto: la de Urkullu irrumpiendo impulsado por 2.000 M. de deuda, la del presidente y su bandera, y a falta de Simón y sus tiburones, Revilla

Foto: El Rey y el presidente del Gobierno en San Millán. (EFE)
El Rey y el presidente del Gobierno en San Millán. (EFE)

Como todas las Conferencias de Presidentes desde que el mundo es mundo y las organizaba Zapatero, sirven para muy poco. Y esta del Monasterio de Yuso, en San Millán de la Cogolla, no iba a ser menos (o más). Tras cinco horas de "reunión de monólogos" -como gráficamente la resumió el presidente murciano Fernando López-Miras, que debutaba en uno de estos cónclaves- casi nadie está contento, salvo el lendakari Iñigo Urkullu, claro está, que a las 9 de la mañana enfilaba desde Vitoria a San Millán con la gasolina que le daban 2.000 millones más de deuda para gastar y una senda de déficit ampliada a otros 1.700.

Antes que Urkullu había llegado al monasterio el presidente de la Xunta de Galicia para presumir de sus cuatro mayorías absolutas, pero Alberto Núñez Feijóo tuvo que conformarse con departir con el prior del monasterio cisterciense, Pedro Merino, otro de los que más contentos estaban y que calificaba la Conferencia en su cenobio de "campanada solemne".

Poco a poco fueron llegando el resto de asistentes. Últimamente, cualquier reunión política se ha convertido en un auténtico "Baile de máscaras", por mor del maldito virus, algo que gráficamente da mucho juego. Están los que dejan poco margen a la imaginación y hacen caso a los consejos de Sanidad y lucen la mascarilla quirúrgica: Emiliano García Page, Isabel Díaz Ayuso, el propio Feijóo o López-Miras. Los que apuestan por la tela negra, como Juanma Moreno o María Chivite, o el azul oscuro casi negro de Urkullu. También los que hacen patria chica, como Adrián Barbón, con el azul asturiano y la cruz de Covadonga... Y está Miguel Ángel Revilla. A falta de Fernando Simón y su mascarilla de tiburones -no estaba invitado- la nota de 'color' la dio el presidente cántabro con una mascarilla en estampados rojos sobre blanco que ya estará cerrando el programa de Pablo Motos en el que irá a explicar quién se la ha regalado.

Sánchez ha hecho de la mascarilla una liturgia, y sacado del armario la negra con la bandera nacional, que hace 15 días era de fachas, cuando la llevó Aznar al homenaje a las víctimas del covid

Pero el presidente del Gobierno también ha hecho de la mascarilla una liturgia, y ha conseguido sacar del armario la mascarilla con la bandera nacional, que hace 15 días era de fachas -cuando el expresidente José María Aznar apareció con ella en el homenaje a las víctimas del Covid- y que, después de lucirla en el Congreso, la ha vuelto a llevar hoy en Yuso para acabar de 'normalizarla'. El presidente de Aragón, el también socialista Javier Lambán, también llevaba la bandera nacional sobrfe una mascarilla de tela blanca.

Revilla, con su mascarilla inexplicable, y Barbón haciendo patria de Asturias
Revilla, con su mascarilla inexplicable, y Barbón haciendo patria de Asturias

El Rey, que por protocolo apareció el último acompañado de Sánchez, la llevaba quirúrgica, y comenzó la ronda de saludos. Con algunos de los veteranos -como el extremeño Fernández Vara- habló de cine en los apenas 10 segundos de saludo; con otros, como el vicepresidente Pablo Iglesias, que también la llevaba esta vez quirúrgica y no celeste, habló del calor que hacía: vamos, como uno cuando sube con el vecino del segundo en el ascensor.

Tras los saludos, Felipe VI inauguró la conferencia y se fue, acompañado por la presidenta del Senado, para que Sánchez comenzara la sesión con un discurso que provocó perplejidad en algunas delegaciones del PP. El presidente del Gobierno dio las gracias a la presidenta de La Rioja como anfitriona pero no hizo ni una referencia a la presencia del Rey. La presidenta de la Comunidad de Madrid, que no necesita mucho para afearle las cosas a Sánchez, cerró su rueda de prensa dando "las gracias al Rey por su siempre entrega al pueblo español, por estar en todo momento allá dónde se le necesita". Y un mensaje a Moncloa: "Quizá, por eso, me hubiera gustado más por parte del Gobierno alguna mención explícita".

¿Y de los resultados, qué? Pues el guión estaba tan establecido -al margen de la llegada de Urkullu, que obligó a hacerle hueco a la derecha de Sánchez en la mesa, mientras a la izquierda se sentaba Feijóo, como corresponde por protocolo a las Autonomías con el Estatuto más antiguo- que sin solución de continuidad se produjeron uno tras otro los discursos en los que cada presidente decía "¿qué hay de lo mío?" sin que hubiera réplicas ni discusiones. Page pedía "tener en cuenta la cohesión en el reparto de fondos"; Mañueco, la Política Agraria Común; el canario Torres, "una tasa europea para que todos los aeropuertos puedan hacer PCR" a los turistas; la balear Armengol, prolongar los ERTE al sector turístico... El murciano López-Miras había atinado: "Reunión de monólogos".

Para la presidenta de Madrid, el formato es un corsé, "cuando venimos, los presidentes autonómicos nos encontramos con todo repartido y presentado. El Fondo europeo ya estaba repartido esta mañana, ya estaba comentado a la prensa cómo se iba a hacer y esto nos da poco margen para opinar, aportar y mejorar". Feijóo solicitaba que, al menos, se les entregará una agenda con lo que se iba a tratar los días previos para ir con los deberes hechos. El andaluz dijo salir "más preocupado de lo que vine".

La siguiente Conferencia de Presidentes será en agosto para hablar de la vuelta a las aulas -eso es previsión- y lo mejor es que será telemática...

Ni siquiera pararon para comer. Se cambió el formato sobre la marcha para terminar cuanto antes los discursos y tomar algo frugal a las cuatro de la tarde y pasar a desfilar ante la prensa. Era viernes 31 de julio. Otra Conferencia de Presidentes tocaba a su fin. La siguiente, en agosto para hablar del regreso a las aulas -eso sí que es previsión- al menos será telemática. Pero nos perderemos la mascarilla de Revilla.

Luna de Papel
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