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Dónde come McCoy | Restaurantes de la capital que acercan al paraíso
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Alberto Artero

Dónde come McCoy

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Dónde come McCoy | Restaurantes de la capital que acercan al paraíso

Andaba yo con ganas de volver a esta cita semanal con todos ustedes. Vamos con ello. Hemos arrancado enero con algunas visitas interesantes

Foto: Taberna San Mamés.
Taberna San Mamés.

Andaba yo con ganas de volver a esta cita semanal con todos ustedes pero no encontraba el momento. Parece que escribir de restaurantes es la profesión dorada pero no se crean, para encontrar uno del que apetezca escribir hay que probar tres y no hay analítica que soporte ni arteria que aguante tal trajín. Mirarse al espejo y recordarse a un Botero es buen motivo como parta hacer un receso hasta que la báscula vuelva a su ser. Y eso es lo que ha sucedido. Superada la crisis, aquí estamos otra vez con ánimo de repetir algo que ya hicimos hace un par de años: no repetir restaurante en el año. Vamos con ello. Hemos arrancado enero con algunas visitas interesantes.

Taberna San Mamés

Empiezo por la última, la Taberna San Mamés, un sitio de los de siempre del que ya hablamos en su día en estas mismas líneas.

Local abigarrado con parroquia de barrio y servicio del de antes en el que se come extraordinariamente bien platos de los de toda la vida, de esos que se van dejando de lado en favor del precocinado. Son míticos sus callos de tercera generación, que ya de por sí merecen una visita. Pero la oferta va (mucho) más allá. Lo de los garbanzos de fuentesauco fritos con cebolla caramelizada y foie de pato es algo inenarrable: los pone San Pedro a las puertas del cielo para que la gente se vaya aclimatando; para empezar con la cuchara y no parar.

placeholder Taberna San Mamés
Taberna San Mamés

Además, en nuestra última visita, nos entregamos a una cazuela de bocartes a la donostiarra y a un bacalao ajorriero excepcionales. Pocos lugares quedan como éste en Madrid. O sea que ya están tardando. Por ponerle un ‘pero’, va alto de precio. Pero aún así, merece la pena.

Cuenllas

Mucho tiempo sin dejarme caer por Cuenllas, otro de esos comedores de barrio ilustrados en los que compartir mesa y mantel con gente en búsqueda de buen yantar, y lo que encontré es un entorno, en la parte de dentro, que la separación de las mesas forzada por el covid ha dejado un tanto desangelado. Eché de menos bullicio, ruido, ajetreo.

Aún así, y entrando en la cocina que es para lo que no nos pagan -que de alguna manera tiene éste, su periódico y el mío, que ganar dinero- les diré que sigue en plena forma: muy ricos boquerones a la andaluza de aperitivo, una ensalada de judías verdes con foie y pera caramelizada para arrancar impresionante, infalibles dos clásicos de la casa como el parmentier de patata con huevo y sobrasada o el rabo de toro y, absolutamente celestial, el risotto de trufa y setas, como para no creérselo. Otra de esas viandas que justifican por sí sola el dejarse caer por sus predios.

No se arrepentirán

Acabo con Verdejo que en su nueva ubicación no ha perdido ni uno solo de los atributos que le hizo estar en boca del todo Madrid gastronómico. Un local más amplio y funcional en el que es difícil equivocarse se coma lo que se coma. Buena materia prima, bien tratada con servicio atento y bodega muy interesante.

placeholder Escabeche trufado de jabalí. (Verdejo)
Escabeche trufado de jabalí. (Verdejo)

Aquí la cuenta la vamos a hacer al revés porque les diré que hacía mucho, mucho tiempo que no probaba algo tan absolutamente paradisíaco como el cogote de urta al horno que a la vuelta de la Navidad están ofreciendo fuera de carta. De derramar lágrimas de placer. Y no es la urta pescado fácil. Vayan y vean. Además, lentejitas para poner a tono aparte, ricos tanto el salteado de tres setas con yema de huevo como unos berberechos king-size a la sartén de chuparse los dedos y algo más insípida la ensaladilla de la casa con gamba blanca que nos dejó indiferentes. Pero el pez justificaba todo. Brutal.

Mención aparte merecen los postres, vuelta a la más tierna infancia

Mención aparte merecen los postres, vuelta a la más tierna infancia: original bamba de nata y genial helado de turrón al corte, para repetir en ambos casos. Eso sí, menos de 70/80 euros por barba, como que no, vino incluido. Nosotros disfrutamos de una tintilla de Rota, Arx Tesalia 2018, que fue ganando prestancia con el paso de los minutos.

Acabo, señores

Tres sitios, tres, a los que peregrinar en busca del santo grial gastronómico, se llame garbanzo, arroz o urta que de todo bueno hay en la viña del Señor.

Busquen y comparen pero ya les digo yo que poca cosa mejor van a encontrar.

La semana que viene más y, seguro, mejor y siempre en @_albertoartero que es mi IG.

Andaba yo con ganas de volver a esta cita semanal con todos ustedes pero no encontraba el momento. Parece que escribir de restaurantes es la profesión dorada pero no se crean, para encontrar uno del que apetezca escribir hay que probar tres y no hay analítica que soporte ni arteria que aguante tal trajín. Mirarse al espejo y recordarse a un Botero es buen motivo como parta hacer un receso hasta que la báscula vuelva a su ser. Y eso es lo que ha sucedido. Superada la crisis, aquí estamos otra vez con ánimo de repetir algo que ya hicimos hace un par de años: no repetir restaurante en el año. Vamos con ello. Hemos arrancado enero con algunas visitas interesantes.

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