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Regular tirando a mal
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Juan José Cercadillo

Miredondemire

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Regular tirando a mal

Tanta norma lo único que ha conseguido es desidia o discusiones, desorden o sanciones. Cuanto más intervencionismo más nos cuesta hacer las cosa

Foto: La vicepresidenta primera y ministra de Haciend, María Jesús Montero (i), y la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz (Europa Press/ Eduardo Parra)
La vicepresidenta primera y ministra de Haciend, María Jesús Montero (i), y la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz (Europa Press/ Eduardo Parra)
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Desistí. Hace meses que renuncié a colocar la compra en la nevera. Demasiada instrucción que no acertaba, se ve. La leche de soja va a la derecha, por supuesto en el balde de las leches. La de almendra y sin lactosa pueden ir una sobre la otra, el resto no. El zumo de manzana, en vertical. Frutas, verduras y demás ramas comestibles en su cajón, pero por colores. Quesos en modo tetris, de más a menos sabor. Jamón ensobrado rodeado de su bacon y su panceta siempre en el fondo, dificultando sin necesidad su acceso, que no su consumo.

Realmente nada me impediría el desacato. Al fin y al cabo adquiero yo las viandas, respondo por la electricidad que mantiene el frescor alimenticio y apoquino el coste de la ayuda doméstica que mantiene el decoro del frigorífico. Pero no tengo huevos. -Los huevos van en el armario de los huevos que con el frío se encojen-. Tampoco tengo arrestos. Bueno sí, domiciliarios. De los otros, osadía, audacia, ímpetu, arrojo… no me asoma ni rastro. Las frecuentes reprimendas, multas sentimentales, coacciones verbales y resto de medidas de presión matrimonial disuadieron hace mucho a mi yo rebelde de intentar nuevos órdenes, o desórdenes, en la casa.

Es el frente más cercano. El primero de los cientos de niveles en que me vienen regulando. La fiebre de la regulación llegó por contagio. Las normas de comunidad son detalladas. Nuestra urbanización cuenta con reglamento propio. En el municipio hay miles de ordenanzas sobre cualquier tema que se les ocurra. El gobierno regional necesitaría dos BOCAM para materializar tanta propuesta de norma. Desde el Estado nos fríen y la Unión Europea nos abrasa. Reparen que todo se multiplica con el entramado de administraciones específicas que vigilan lo que parece ser de todos: reglamento de tráfico y carreteras, confederaciones hidrográficas, agua potable, costas, cañadas reales, espacio aéreo, militares…

Foto: hiperinflacion-normativa-plaga-prosperidad Opinión

Son demasiados los límites vigentes. En los últimos cinco años más de 15.000 actos jurídicos se han adoptado en la Unión Europea para su transposición reglamentaria. Multiplíquenlas por Estado y por cada comunidad autónoma. Cada norma supone una limitación, un esfuerzo adicional a lo que te exige el mercado. Decenas de miles de profesionales de la zancadilla vacían nuestros bolsillos mientras estrujan sus cerebros con el único fin de generar las cortapisas necesarias para garantizar nuestro retroceso. Sienten que hay mucho que legislar, es su trabajo al fin y al cabo. Ante la duda, todo y en todo momento. Quién dijo que no hay libertad, solo que búsquenla por otros lares si lo que quieren es emprender. Aquí lo único que se va a poder emprender si seguimos así es la huida. Como ya empezó a hacer el dinero. Aquí las vallas de nuestras fronteras son el papel del decreto, la directriz europea, los reglamentos, los bandos municipales y todo ese entramado superpuesto de normas que, combinadas, bloquean. Eso sí, amordazan lo local y son más tibias para lo que viene de fuera.

Se mide la curvatura del plátano, el índice de agua en los pollos, la sal en la masa de pizza. Se limitan los lúmenes de las bombillas, el tamaño de las bolsas, la potencia de las aspiradoras, la velocidad de los monopatines, las horas de los conductores. El ruido, el fuego, la basura, los horarios de apertura, la composición de la ropa y hasta el alcohol en la sangre, todo tiene que permanecer en su sitio, que registrarse. El árbol genealógico de los terneros, los pasos que dio el cordero, las horas de luz que disfrutó el conejo, el tipo de suelo de los corrales de los pollos… No hablemos de condiciones laborales, no entraría un solo producto de fuera.

Regular, tirando a mal, resulta el mantra político. Eso sí, sin consensuar. Siempre que la mitad más uno quiere, la otra mitad, menos uno, dice que está muy en contra. Ley al canto, y nunca del cisne, que podemos dar muy por seguro que nunca será la última. ¿Recuerdan alguna norma aprobada por consenso? ¿Recuerdan el significado de la unanimidad? ¿Si es tan claro que hay que hacerlo, qué pintan las ideologías condicionando los articulados? ¿Cómo es posible que un mismo tema se regule de 18 formas distintas en España? Si fueran tan indiscutibles las normas que nos imponen no habría tantas opciones, no habría contradicciones entre las diferentes normativas. Sirva un ejemplo de un amigo de un amigo: el desarrollo de un polígono industrial parado porque el informe de Igualdad ordena aumentar la luminosidad de las farolas para prevenir agresiones nocturnas a mujeres y el de medio ambiente bajarla porque afecta a murciélagos y aves nocturnas.

Foto: burocracia-espana-vehiculo-electrico-5g-bra

Al otro lado del BOE sollozan los agricultores, los ganaderos, los constructores, los hosteleros, los fabricantes de algo y hasta los repartidores. La cadena de producción, encadenada. Luego que suben los precios y que la gente no hace nada. Si no puedes con tu enemigo te unes a él. El 50 por ciento de los jóvenes pretende ser funcionario, no me extraña. Mejor regular que mal, que malvivir entre las normas y las multas. Que tan importante es prohibir como el régimen disciplinario. Ese monstruo se tiene que alimentar, la recaudación se multiplica y exaspera al pagador que ve en cualquier iniciativa un enorme campo de minas donde le puedan explotar. Y en el peor de los casos, más seguro es el subsidio o algo de ingreso vital. Nada que, visto lo visto, se les pueda reprochar.

Volviendo a la nevera. Tanta norma lo único que ha conseguido es desidia o discusiones, desorden o sanciones. Cuanto más intervencionismo más nos cuesta hacer las cosas. Todos los que, como en mi caso del frigorífico, mantenemos con nuestro esfuerzo esto, deberíamos hacer algo. Lo malo es que en mi casa no hay elecciones cada cuatro años. Yo votaría a una singular iniciativa, esa de los Escaños en blanco.

Desistí. Hace meses que renuncié a colocar la compra en la nevera. Demasiada instrucción que no acertaba, se ve. La leche de soja va a la derecha, por supuesto en el balde de las leches. La de almendra y sin lactosa pueden ir una sobre la otra, el resto no. El zumo de manzana, en vertical. Frutas, verduras y demás ramas comestibles en su cajón, pero por colores. Quesos en modo tetris, de más a menos sabor. Jamón ensobrado rodeado de su bacon y su panceta siempre en el fondo, dificultando sin necesidad su acceso, que no su consumo.

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