Miredondemire
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El día D
Defender a la mujer un día tiene tan poco sentido como atacarla el resto del año. El 8-M apuntó este año contra la guerra. Una guerra que, aparte de lo económico, tiene puesto en el punto de mira lo que allí hacen con sus mujeres
El día D en realidad no se sabía qué día iba a ser. Pero se sabía que llegaría. Era el día del desembarco en las playas de Normandía. No tenía fecha fija porque en realidad, dependía del tiempo, del estado de la mar, del estado de ánimo, del Estado Mayor… Se decidiría sobre la marcha la decisión de marchar. En función de la marea, que tenía que ser baja. Y de la luminosidad de la luna, que tenía que ser llena. La letra con sangre entró. El primer día D que se recuerda. Hoy el desembarco que resulta imparable es de los días de… pero con e, de cualquier cosa.
Desde siempre, el método recordatorio de dedicar un día a algo ha demostrado su eficacia. Empezaron las religiones fijando en el calendario de forma repetitiva eventos divinos y personajes de santuario. Se fueron acumulando y hoy hay días con hasta diez santos. El día de la concepción, el día del nacimiento y el día del crucifijo siguen marcando fiestas y vacaciones. La Inmaculada, la Navidad y Semana Santa se repiten y organizan los ritmos que todos seguimos con cierta cara aborregada y voluntad de turismo.
Después, hace dos siglos, los grandes hechos civiles añadieron el boato y la solemnidad que los aniversarios religiosos parecían ir perdiendo. Memoriales sobre guerras, efemérides de constituciones, descubrimientos o independencias varias y sucesivas se fueron incorporando en el ánimo de reducir los calendarios laborales. Efecto que se multiplicó con el tiempo y con la llegada de gobiernos regionales. Hoy no es fácil encontrar día en el territorio de España que no conceda la gracia de ausentarse del trabajo. Y esos son muchas fiestas para nuestro menguado imperio, fruto sin duda de las nuevas taifas y los elegidos reyezuelos. Siempre hay fiesta en algún sitio, ya sea comunidad o ayuntamiento. El día de la Patrona, el día del levantamiento, el día de la constitución de sus cortes… cualquier excusa es buena cuando se quiere recordar algo y darle pan y circo al pueblo.
Ya en el siglo pasado una nueva vuelta de tuerca a lo del día de, culminó la capacidad mnemotécnica del calendario. A alguien se le ocurrió nombrar un día para algo y el acierto marketiniano no ha dejado de imitarse. Hoy la ONU reconoce oficialmente 150 días de algo al año. Si sumas algunos de sus agencias vinculadas pasan ampliamente de los 200. Se ha sumado la UE, con un listado equivalente. Pero donde de verdad ha triunfado esto es entre ONG y asociaciones varias. Y en los medios de comunicación que necesitan salsa. Se calcula que pasen de dos mil los días asignados al año. Eso daría una media de seis días de, por día real planetario. Menos mal que todavía no generan fiesta todos. Aunque los iremos incorporando al mismo ritmo que a los "roboses" como empleados.
Naturalmente que para llegar a esas cifras de efemérides anuales hay que incluir referencias como el día del orgullo zombi, el día de abrazar un gato, el día de escribir a boli o el del emoticono. Día del pollo frito, día de ir al gimnasio, día del pulpo -el de á feira y el del otro- o el día de ir de la mano, a pata coja o rodando. La lista es interminable, absurda y contradictoria. Y está muriendo el sistema de puro éxito, de exceso de cobertura y de necesidad de relleno. Tal es la devaluación que ya casi no se hace caso a los días especiales, esos que llevaban el de, por un motivo acertado.
Podría ser la causa por la que el día de la lucha contra el cáncer pasa casi desapercibido. O por qué el día de la mujer trabajadora pierde fuerza y trascendencia con el paso de los años. Quién sabe si la gente que no ha ido este año a las manifestaciones estaría celebrando el día de Star Wars o el día de tomarse algo. Ante lo que se intuía y, queriendo recuperar importancia y más presencia, anunciaron que unirían a la causa feminista el día del no a la guerra. Como si hubiera que recordarlo. El día del no a la guerra es como el día de no al cáncer, es un manifiesto envidiable, lo malo es que resulta inviable anular sus causas y sus efectos con jarabe de pancarta. Pero hay que reconocer que les queda bonito el gesto, aunque no sirva en realidad para prácticamente nada.
Opinión Defender a la mujer un día tiene tan poco sentido como atacarla el resto del año. Le preguntaron a Morgan Freeman que si celebraba el día de la historia del pueblo negro y contestó que nunca lo haría hasta que hubiera uno de la historia del pueblo blanco. Porque mientras eso no ocurriera era uno contra trescientos sesenta y cuatro. Días, no negros y blancos. Aparte de la fiera competencia por el calendario -leo que el día de mi cumpleaños es el día de hablar como un pirata- está el limitante hecho de celebrar un solo día lo que deberíamos recordar cada minuto. Como que debiera resultar lo mismo si eres negro o si eres blanco, hombre, mujer o transmutado, bebé, niño, adolescente o anciano.
El 8-M apuntó este año contra la guerra. Una guerra que, aparte de lo económico, tiene puesto en el punto de mira lo que allí hacen con sus mujeres. No parecen convencibles por vía conversacional. No seré yo quien defienda que haya que utilizar la pólvora para cambiar su opinión. Pero sí parece claro que, hablando de días contradictorios, el argumentario que une a la mujer y el no a esta guerra debieron haberlo trabajado. Me resulta sorprendente que no lo hayan afinado siendo, no solo mujeres, sino además trabajadoras.
El día D en realidad no se sabía qué día iba a ser. Pero se sabía que llegaría. Era el día del desembarco en las playas de Normandía. No tenía fecha fija porque en realidad, dependía del tiempo, del estado de la mar, del estado de ánimo, del Estado Mayor… Se decidiría sobre la marcha la decisión de marchar. En función de la marea, que tenía que ser baja. Y de la luminosidad de la luna, que tenía que ser llena. La letra con sangre entró. El primer día D que se recuerda. Hoy el desembarco que resulta imparable es de los días de… pero con e, de cualquier cosa.